El corto camino de la Ciudad de los Mangos a la Ciudad de las Brumas.
“La historia que estoy a punto de contares le sucedió a un conocido en un pequeño país desconocido para el mundo. Se dice que la geografía todavía cambiante y la energía natural de este atrae a seres incomprensibles para nuestros cerebros diminutos. No soy nadie para juzgar si lo que estoy a punto de relatar es verídico; solamente puedo decirles, que ya están aquí” — Anónimo
Roy despertó y sintió frio en sus brazos. Recordaba haberse abrigado antes de irse a dormir en la finca de sus padres. Estaba lejos de Escazú. Solo pensar que tenía que volver al día siguiente desde Orotina hasta la ciudad en bus, lo hacía desear nunca haberse ido. Notó algo raro en el ambiente; el ruido de hojas siendo acariciadas por el viento, un frío espectacular e inesperado y un colchón que se había vuelto un poco áspero.
Fue entonces cuando abrió los ojos. Nuestro conserje, que trabajaba en un colegio tan prestigioso en las entrañas de la vida cosmopolitana, reconoció que no estaba en casa. Ni en la casa de sus padres, ni en su casa.
Lo primero que vio fue las copas de los altos pinos, y lo segundo que sintió fueron sus raíces tan incomodas en su espalda. Era más de mitad de la noche, su sentido común lo demarcó correctamente por la posición de la luna. El pitido en su oído no se iba. Lentamente, levantó la cabeza y vio las luces de una ciudad bastante grande, lejos, en el lugar que el valle se hacía plano. Inmediatamente supo en donde estaba.
Se dio cuenta que no estaba ni bien abrigado, ni bien equipado para la situación en la que se encontraba. Las preguntas las dejaría para después. Lo importante en ese momento era salir de ese lugar y para ello, decidió caminar paralelo hacia donde veía las luces; así, se aseguraba que de alguna manera llegaría a la cabaña de bienvenida. Conocía el camino de manera perfecta.
Rezó para no toparse con ningún animal peligroso. Preocupante eran los tigrillos o los coyotes; las culebras cobardes no solían verse a esas alturas. Esta vez sintió algo nuevo en su cuerpo. Un extraño dolor de cuello no lo dejaba en paz. Mientras caminaba, empezó a rozar su mano por la parte de atrás de este y encontró un pequeño bulto en la piel. Minúsculo, pero podía sentir la forma cuadrada de lo que fuera que estuviera ahí. Para poder continuar su camino, trató de convencerse de que este no era nada más que una marca de un piquete o de alguna basura sobra la que había dormido esa noche.
Su vista concentrada en el camino se desvió repentinamente. Algo nuevo. Una constelación que pocas veces había visto en su vida, pero definitivamente estaba allí esa noche.
A él siempre le había parecido estúpido la vieja tradición de buscarle figuras a las estrellas, nunca entendía a de veras las constelaciones y siempre le parecieron inventos que para nada eran simétricos; y menos tenían la forma que se les adjudicaba. Pero eso; solo tres veces en su vida había visto esa formación de estrellas. Un triángulo equilátero formado por tres estrellas en las esquinas, que parecía obra de Dios. Ni en un libro de texto había observado esa precisión en los lados y en los ángulos; lo cual hacían esta constelación para Roy muy especial.
“Se movieron. Las hijueputas estrellas se movieron.” Fue lo primero que pensó al ver como el triangulo avanzaba como uno solo pasando por encima de él hasta perderse en el horizonte lentamente. Entonces fue que recordó. Empezó a temblar como nunca antes en su vida; no del frío, sino, porque por primera vez, logró recordar como había visto ese mismo triangulo por su ventana antes de irse a dormir la noche anterior.
Ya estaba llegando a la cabaña. Vio una luz prendida y aceleró el paso para llegar antes de exponerse más a algún otro peligro. Finalmente llegó. Espero unos minutos afuera para poder tranquilizarse. En la entrada decía “Habitación de guarda parques Parque Nacional Prusia”. El guarda parques, muy indiferente a la situación, solamente le dijo cuando lo vio entrar: ¿A Cartago centro o a la delegación de policía?
Roy amablemente respondió que a la delegación. Sin cruzar una palabra más, el guarda parques lo dirigió al auto, lo encendió; y lo llevo a la estación de policía más cercana. Se despidieron con un gesto sencillo.
Roy entró y le relató su historia al oficial de turno. Este, completamente incrédulo, designó a un equipo para que revisara la zona a la mañana siguiente, ya con luz decía él; para entender un poco mejor que fue lo que pasó. Roy les pidió permiso de dormir en un sillón para poder irse en el bus a primera hora al día siguiente.
Lo último que pensó antes de dormir, fue como no debía haber omitido que esa era la tercera vez en el mes que amanecía, solo, y tirado a las 2:55 a.m en el bosque de Prusia.
Se dice que el reporte oficial de la Fuerza Pública costarricense #875476, describe tres círculos de hojas quemadas a altas temperaturas, cuya procedencia y proceso de quema es desconocido. Al trazar la ubicación de estos círculos, curiosamente se creaba un triángulo equilátero perfecto.
