Canto de Sirenas I. Reunión en The Dog and Duck

Transcripción de la partida de rol por Telegram utilizando el juego Vieja Escuela Pulp!


5 de agosto de 1942. The Dog and Duck, pub ubicado en el Soho (Londres)

Walter White

Walter White se encuentra sentado en una amplia mesa situada en una de las esquinas del pub. Es fácil reconocerlo (si no le has conocido anteriormente) ya que destaca entre los pocos clientes del local. Se trata de hombre de unos sesenta años, viste un caro traje gris y tiene una barba blanca bastante poblada. Le acompaña un joven con anteojos redondos. Ambos beben café.


Oliver, el joven de anteojos redondos, mira nerviosos hacia la puerta. Ha desistido de seguir preguntando, sabe que su tío no dirá nada hasta que llegue la gente a la que están esperando. Sean quienes sean.


Curry conduce la vieja camioneta hasta el café que le ha indicado Adam.

- Espero que este nuevo trabajo nos de para renovar equipamiento, Adam. Esta vieja camioneta no va a aguantar mucho más - dice Curry mientras aparca cerca de la puerta del local.


El Sargento Campbell mira na fotografía de su unidad de fusileros de su Majestad. Han pasado tantos años de esa foto, tantos amigos muertos en combate que apenas recuerda sus nombres. No esperaba llegar a los 50, pero allí esta, con muchas historias para contar y ningún amigo vivo con quien compartirlas. Pero hoy eso cambiará. El destino le brinda una última oportunidad para vivir la gloria de la aventura y el combate. Debe reunirse con un tal Míster White en un pub del Soho. Al parecer tiene una oferta de trabajo para alguien con sus habilidades, aunque no puede dejar de pensar que tipo de trabajo requiere a un antiguo militar que ha eludido demasiadas veces a la muerte. Con ese pensamiento, llega al lugar establecido. Se coloca bien la gorra y el uniforme antes de cruzar la puerta del pub, mientras revisa cada esquina esperando recibir una señal del misterioso Míster White.


Joe viste una camiseta a rayas horizontales y un pantalón azul marino. Sus botas son de faena, y en su cara resalta su nariz de boxeador, rota muchas veces en tabernas de puertos de todo el mundo. Además su ojo derecho se cierra por un gran moretón. “Espero que ese maldito bastardo esté peor que yo”, murmura entre sus escasos dientes.

Lee a duras penas la nota que tiene entre las manos. Ha preguntado a varias personas por la calle, pero su aspecto ahuyenta a todos. Finalmente, tras muchas vueltas por el barrio, encuentra por fin el pub, y observa su cartel, un sencillo dibujo en madera de un pato y un perro.

Antes de entrar echa un ojo y mira por la ventana. No parece muy concurrido. Ve un tipo con uniforme y chasquea la lengua, y justo en ese momento el traqueteo de una vieja camioneta le sobresalta. Su ocupante baja y entra esbozando una bobalicona sonrisa.

Casi siguiendo su estela, entra en el pub y se marcha directamente a la barra. El día se presenta largo y necesita algo de ginebra para que se le pase la resaca.


McGregor le espeta a Curry nada más salir de la antigua furgoneta que conduce:

- Las cosas viejas tienen mas valor que las nuevas, y este trozo de chatarra tiene un valor que solo los coleccionistas podemos apreciar.

El comentario no va destinado del todo a su joven amiga, si no que en el fondo piensa en White, un tipo que a lo largo de los años ha involucrado a “Mac” en lucrativos negocios y extrañas antigüedades.

Tras cruzar la portezuela de entrada, Mac se abre su chaqueta de cuero de color marrón, y relaja el nudo de cuello en su pañuelo favorito. No es un tipo vanidoso, pero en Port Glasgow aprendió a mostrar aquello que te diferencia para marcar tu valor, por lo que exhibirse siempre le ha gustado.

Aunque no le guste reconocerlo, le disgusta mucho entrar en este antro de humo, alcohol y problemas nocturnos al lado de Curry, ya que las miradas más inquietantes siempre recaen sobre ella. Por ello, una vez en la barra, pide un vaso de whisky a gritos y empleando su mejor sonrisa, en un intento forzado de desviar la atención sobre él y sacar al señor de White de su escondite.


White, que en ese momento está sorbiendo café delicadamente, se percata de que el joven maltés se encuentra en la barra. Posa la taza sobre la mesa y se levanta suavemente.
- ¿Señor Farrugia? Buenas tardes, siéntese con nosotros por favor…
Después se dirige al camarero:
- Anótelo a mi cuenta por favor.

En ese momento, con una perspectiva más amplia del local, nota la presencia de un hombre con uniforme militar; al fondo de la barra alguien, con un disimulado acento escocés, pide un whisky a gritos.
- Vaya, se han puesto de acuerdo en llegar todos a la vez… MacGregor, Sargento Campbell, acompáñennos por favor.
Indica las sillas que se encuentran libres y espera sonriendo de pie hasta que los invitados toman asiento.
- Oliver, ¿estás preparado?


Oliver mira extrañado a tan pintoresca compañía. No esperaba pasar la tarde con un grupo de desconocidos, pero su tío es el único que ha parecido entender las importancia de su descubrimiento. Intentando disimular su sorpresa se incorpora para recibirles.

- Claro tío, podemos empezar cuando desees.

Aún sin tener claro que es lo que se espera de el, no piensa amilanarse.


MacGregor toma asiento mientras hace malabarismos para no derramar un vaso de whisky a rebosar. Al sentarse señala a los demás y exclama “Vaya Walter, no sabía que ibamos a jugar al poker, de ser así no me habría puesto mi mejor pañuelo, no me trae suerte en el juego”


Joe le hace el gesto al camarrero de que vuelva a llenar su vaso tras beberse el primero de un trago. Luego examina de arriba a abajo al tar señor White, y se pregunta con curiosidad qué demonios querrá ese maldito caballerete estirado de él.

Se sienta pesadamente en la mesa y mira con atención a sus compañeros. Parece que algunos de ellos se conocen y tuerce el gesto. Palma disimuladamente el cuchillo que guarda en el bolsillo trasero y se cruje sonoramente los dedos.

- Le doy dos minutos señor White.


Curry también toma asiento. Una vez más asiste en silencio a la típica competición entre hombres por ver quien es más macho. Nada que no haya visto en bastantes ocasiones. El mundo sería un lugar mejor si los hombres aprendieran a escuchar en vez de hablar tanto. Aunque divertida con la situación, intenta pasar lo más desapercibida posible.


Campbell, intrigado por conocer a tan variopinto grupo, se dirige con paso marcial hacia la mesa, mientras se arregla el bigote y espera para tomar asiento mientras dice:

- Señorita, caballeros. Sargento Campbell a su servicio.


El viejo White suelta una carcajada mientras se acomoda en su silla.
- MacGregor, diría que es el maldito picto con mayor sentido del humor de toda Escocia… espero que su hijo no se tome a broma el negocio familiar.
Curry, vestida con el mono de trabajo y el pelo recogido con la gorra ha confundido al viejo.
- Déjenme explicarles para qué les he reunido hoy aquí, les aseguro que no dudarán ni un minuto en aceptar mi propuesta. Hablando de minutos, Señor Farrugia, me temo que no es posible trasladarle todo lo que debe saber en 2 minutos.
Saca un papel del bolsillo de su chaqueta y lo posa sobre la mesa.
- No pensaba empezar por este punto, pero quizás este talón de 200 libras consiga prolongar su compañía, al menos, hasta el final de la reunión.
White deja que todos vean el talón y acto seguido coloca su taza de café sobre él. Tras unos segundos observando a sus interlocutores, posa su mano en el hombro de su sobrino y dice:
- Este es mi sobrino Oliver, un cerebrito. Explícales lo que has descubierto chico.


Oliver se levanta algo inseguro, hablar en publico nunca ha sido su fuerte, siempre se ha encontrado más cómodo frente a una pizarra.

- Antes de comenzar dejenme que me presente, Me llamo Oliver White y trabajo en Bletchley Park descifrando los mensajes de los teutones

Esperaba algún signo de admiración o reconocimiento por parte de los presentes, pero no parecen impresionados. Así que continua con su relato.

- Hace un par de semanas intercepté y descifré un mensaje enviado desde algún punto no identificado de Europa


Campbell se acaricia el bigote mientras piensa. “Este chico esta muy verde. Me recuerda a los reemplazos de la gran guerra. Espero que dure más que ellos”.


- Algunas de las palabras que descifré llamaron rápidamente mi atención, otras en cambio solo eran esa jerga pseudoesotérica que tanto gusta a los supersticiosos jerarcas nazis

Carraspea para darse tiempo a ordenar las ideas.

- Las palabras descifradas fueron “operation, meerjungfrau, august, thule, ogygia, gozo y waffe”. El resto del mensaje no pudo ser descifrado.

Oliver en ningún momento considera que los presentes pueden no saber alemán.

- Obviamente en seguida vi la importancia del mensaje. Por desgracia mis superiores no pensaron lo mismo y lo relegaron al fondo de un cajón.

- Mi tío parece tener una mente mas preclara y darle la debida importancia a este hallazgo. Supongo que por eso nos habrá reunido a todos aquí.

Mira tímidamente a su alrededor y se vuelve a sentar, claramente aliviado al dejar de ser el centro de atención.


El sargento Campbell sujeta con firmeza su pinta de cerveza y después de un buen sorbo dice - Caballero, siento decirle que no entendí nada de lo que dijo, excepto que intercepto algo de los malditos alemanes. Tiene toda mi atención sólo por eso.


Oliver lanza a su tío una mirada en la que se le claramente una petición de auxilio. Pensaba que a partir de aquí seria él quien llevaría el peso de la conversación. Esta gente le inquieta y está deseando poder dejar el asunto en sus manos para volver a Buckinghamshire.


Joe tiene entre sus manos el talón de 200 libras. Pensar en esa generosa cantidad le ha alegrado el día, pero verlo en un papel y no en billetes contantes y sonantes le decepciona. Sin embargo, si es el pago por oír a ese pequeñajo tartamudeando tonterías puede ser un precio justo. 
Mientras oye de fondo sus explicaciones, Joe sólo piensa en salir de ese antro, cobrar el dinero y darse un buen homenaje a la salud del señor White.


Sin mirar al chico, MacGregor exclama: 
- Mr White, sé algo de persa, puedo entender jeroglíficos egipcios, y chapurreo algo de alemán. Pero solo he entendido “sirena” y “arma” de ese mensaje, y no me suena a antigüedad que pueda vender, a menos que se trate de “la venus y las sirenas de Wegel”, un cuadro que me gustaría tener, pero dudo que usted tenga acceso al despacho de Hitler. Puede dejarse de rodeos?


White mira a su sobrino y, tras darle tres palmaditas en el hombro, se levanta y toma la palabra.

- Buen chico, siempre dije que esas raras aficiones tuyas servirían para algo en el futuro.

Sonríe, toma aire y continúa mirando al escoces…

- MacGregor, va totalmente desencaminado, lo que creo haber descubierto es mucho más “antiguo”. Todas esas palabras sueltas no tienen ningún sentido, pero analicémoslas como un conjunto y relacionémoslas de alguna manera: “august” es agosto y “operation” es operación. No cabe duda que los alemanes están transmitiendo algún tipo de información relacionada con una operación que comienza en el mes de agosto.

White observa si alguno de sus interlocutores hace algún gesto y continúa…

- “waffe” es “arma. La operación debe estar relacionada con algún tipo de armamento. Y si lo unimos a “thule”, ese arma no puede ser un arma común. Para el que no lo sepa, Thule es el nombre de una sociedad ocultista nazi. Hay hipótesis de que Hitler la ha disuelto, pero este mensaje deja claro que sigue activa y supone una amenaza de proporciones gigantescas. Mi sobrino lo vio claramente, no entiendo cómo los mandos ingleses no le hicieron caso.

Hace una pausa y posa sus manos sobre la mesa, cambiando el tono intentando captar la atención aún más.

- Hemos dejado lo más interesante para el final: “ogygia” y “gozo”… Señor Farrugia, ¿le suena de algo la palabra “Gozo”? Y MacGregor, esperaba más de usted. Debería haber saltado de la silla nada más escuchar “ogygia”. ¿No la ha leído en ningún libro?


MacGregor hace un chequeo de inteligencia, con un +2 por su trasfondo
/roll 1d20+2
[2]+2=4

MacGregor intenta hacer memoria… se ha leído cientos de libros, pero ese término no le suena de nada.


MacGregor se hace el interesante, y con una mueca se escuda del comentario, añadiendo:

- Ilumínenos entonces, señor White.


Joe mira al señor White al oír el nombre de Gozo. No puede evitar un escalofrío. Es marino y por tanto supersticioso. Ha oído historias extrañas de aquel lugar y mora de nuevo el talón que tiene entre manos. Empieza a sentir el cosquilleo en la vieja cicatriz de su pierna, vaticinio de problemas.


Walter White, asombrado por la respuesta del escocés, sonríe de nuevo y exclama:
- Para su información, MacGregor, “Ogygia” u “Ogigia” es el nombre de una isla mencionada en la “Odisea” de Homero; debería releer los clásicos con más frecuencia…
Gira la cabeza y mirando al joven marino dice:
- “Gozo”, casualmente, también es el nombre de una isla. Es una de las 3 que forman el país mediterráneo llamado Malta, la tierra natal de nuestro amigo el Señor Farrugia, ¿verdad joven?
Después de hacer una pausa, se acomoda de nuevo en la silla y cogiendo la taza de café pregunta:
- Y se preguntarán: “¿a qué viene todo esto, Señor White?”…
Se toma un respiro para sorber un poco de café.


Oliver se maravilla por el aplomo de su tío a la hora de tratar con este tipo de gente. No puede evitar sentir una punzada de orgullo cuando recuerda como, siendo un niño, su padre le decía que se parecía al tío Walter. Cosa que, por otra parte, no le hacia nada de gracia a su madre.


- No soy el amigo de nadie en esta maldita mesa, señor White.

Joe empieza a impacientarse. El nombre de Gozo no lo oye desde hace años. Se prometió que no volvería nunca más, y oírlo en boca de ese tipo le estaba amargando la ginebra. Además, ¿por qué sabía tanto de él? Si no fuera porque el camarero le traía otra copa tras un gesto del señor White, se habría levantado y marchado.

- Esto son sólo negocios. - Escupe Joe con su particular acento parecido al italiano.


“Aunque no entiendo mucho a que viene a cuento el tema de la Odisea. Si que me parece entender que los alemanes están tras lo que parece ser un arma o la creación de una. Si el trabajo requiere patear el culo de un alemán, yo soy su hombre.” Campbell mira fijamente al Señor White y asiente con la cabeza dando su conformidad.


White le dedica una sonrisa al joven maltés y se dirige a él:
- Por supuesto Señor Farrugia, son solo negocios. En esta mesa, créame, soy yo la persona más entendida en asuntos empresariales, así que le recomiendo que me preste atención…

Un nuevo sorbo de café le permite hacer una pausa para ordenar las ideas en su cabeza.

- Retomemos nuestra hipótesis. El mensaje contiene el nombre de dos islas, una ficticia (Ogigia) y la otra real (Gozo). Eso solo quiere decir una cosa: son el mismo lugar. Parece que los alemanes han descubierto que la isla maltesa de Gozo es el lugar donde Odiseo naufragó en su viaje de vuelta al hogar tras la Guerra de Troya. Si eso es así, podríamos asegurar que ¡la historia narrada en la Odisea es real!… o parte de ella, al menos.

El viejo espera que esa última revelación provoque algún tipo de reacción en sus oyentes.


- Le pido disculpas por mi ignorancia. Si espera que entienda de que va esta historia. En la academia militar de Verdun no daban clases de historia clásica. Mi campo de estudios se basaba en mantener mi cabeza pegada a mi cuello. Si es tan amable de hablar en nuestro idioma, creo que podremos empezar a entendernos. - Dice el sargento Campbell mirando al hombre que responde al nombre de Señor Farrugia.


Joe va por su cuarto vaso de ginebra y empieza a divertirse. Menuda panda de lunáticos. Al menos le han pagado y las bebida son gratis. Ya había oído leyendas sobre historias fantásticas de dioses y sirenas, pero darlo por cierto le parecía una broma. Sin embargo, mientras el alcohol fluyera a coste cero, estaba dispuesto a dar por cierto hasta que los cerdos vuelan, así que ladra una sonora y grosera carcajada y continúa bebiendo.


Curry no entiende nada de lo que está diciendo el señor White, más allá de que está relacionado con la Odisea. Sigue intentando no llamar mucho la atención mientras espera a ver que dice Adam.


White observa especialmente a MacGregor durante dos segundos, que parece que es el único que puede comprender la importancia de su descubrimiento.


- Ogigia fue donde Calipso intentó seducir a Odiseo para retenerlo por siempre, llegándo a ofrecerle la inmortalidad a cambio. Pero Odiseo llegó allí por culpa de las sirenas…
- Qué nos intenta decir, White?

MacGregor, tras preguntarle a White, toma un sorbo de Whisky fingiendo desinterés.


Oliver esta claramente sorprendido de los derroteros que está tomando la conversación. Sabía que su tío tenía unas aficiones peculiares, pero no se esperaba unas excentricidades de este calibre.

Su nerviosismo se refleja en uno de sus tics más característicos… se quita las gafas y empieza a limpiarlas frenéticamente.


- Exacto. Homero cuenta como el barco en el que Ulises (u Odiseo) volvía a su hogar naufragó cerca de la costa de Ogigia. En dicha isla vivía la ninfa Calipso que retuvo al héroe durante siete años. Finalmente, gracias a la intermediación de los dioses, Ulises pudo regresar con su amada Penélope.

En ese momento, el viejo se mete la mano en el bolsillo de la chaqueta y extrae una libreta cerrada con una goma de la que sobresalen numerosos recortes y fotografías.

- Ya estamos terminando, no se impacienten… - mira al sargento Campbell de reojo - Solo queda una duda por despejar: ¿qué arma está buscando el Tercer Reich en Malta? Bien, la otra palabra descifrada por mi sobrino y que aún no hemos introducido en la ecuación es “meerjungfrau”; que como bien ha indicado el Señor MacGregor, podemos traducir como “sirena”.

White abre la libreta, dejando ver varias páginas llenas de anotaciones y totalmente emborronadas. Extrae una fotografía que se encuentra insertada entre la hojas y la posa sobre la mesa.

- Me imagino que habrán oído hablar del canto de las sirenas… La más bella melodía con la que estos seres mitológicos seducen a los marineros y los hacen ahogarse. ¿Se imaginan un objeto capaz de reproducir ese canto? ¿Un sonido que consiga dominar la voluntad de cualquier hombre…?


- Lo que termino de imaginar es qué pinta en todo esto los aquí presentes señor White, pero si quiere sirenas conozco en Pompeya unas ‘damas’ que no sé si cantar, pero saben otros trucos más interesantes.
Joe ríe su propia gracia sin recibir la aprobación de la mesa, que se limita a evitar su mirada. Como si fuera un niño pequeño frunce el ceño, molesto, y decide seguir bebiendo en silencio.


- Voy a especular sobre lo que quieren. Al parecer este joven ha encontrado algo importante, algo por lo que esos boches están interesados y debe ser algo por importante para que usen mensajes encriptados. Pero él solo no puede enfrentarse a una misión de este tipo y necesita de nosotros para realizar el trabajo sucio.

Sujetando con firmeza su jarra de cerveza, realiza un último sorbo y mira fijamente al joven.

- ¿Me equivoco mucho?


- ¡Un momento, un momento! - Oliver se levanta alarmado casi volcando la mesa.

- ¡Yo no tengo intención de enfrentarme a nada!, solo les he contado lo que he interceptado a los alemanes. No pienso embarcarme en ninguna loca aventura. Tengo mucho trabajo que hacer, muchos mensajes que descifrar… mucho…

Su voz se va apagando al ver como le miran los demás.


- Calla muchacho, y deja hablar a los mayores, sobre todo si tienen dinero en los bolsillos. Si se aburren tanto como para hacer un crucerito por el Mediterráneo soy su hombre siempre que no falte esto - dice Joe señalando el talón - y esto - mientras alza la copa.


Campbell mira fijamente al joven. 
- Contrólese jovencito, no sabemos quién puede estar escuchando.


- Oliver, compórtate muchacho… - recrimina a su sobrino frunciendo el ceño - Señor Farrugia, me temo que en estos momentos en Pompeya, y en Italia entera, no está el horno para bollos… En breve les dejaré claro su papel en todo este asunto, déjenme terminar mi exposición por favor.

Recoge la foto del lienzo y se la muestra a todos, señalando la figura de Calipso.

- Lo que el Tercer Reich está buscando es este objeto: el harpa de Calipso, capaz de reproducir un sonido que anula la voluntad del ser humano. Han confirmado su existencia y en breve piensan acudir en su búsqueda. He realizado algunas investigaciones por mi cuenta y todo encaja. Encontré unas anotaciones sobre el harpa en un registro de la Orden de Malta del siglo XVI. Parece que los caballeros de la orden encontraron el artefacto y decidieron ocultarlo en su ubicación original, es decir, en algún punto de la isla de Gozo.

El viejo introduce de nuevo la foto en la libreta y la cierra con la goma.

- Ahora bien, ¿para qué están ustedes aquí?… - aprovecha una pausa de unos segundos para introducir la libreta de nuevo en su bolsillo - Quiero proponerles que viajen a Malta y recuperen ese objeto para mi.

White señala al militar retirado.
- Sargento Campbell, necesitarán llegar a la isla de Malta en el menor tiempo posible. No contamos con la colaboración del ejercito y el Mediterráneo es un hervidero, los submarinos y cazas italianos y alemanes campan a sus anchas. Sus contactos en el ejercito y su amplia experiencia como explorador serán claves para organizar el viaje y llegar a la isla, de la manera más discreta posible.

Después señala al marino maltés.
- Farrugia. Una vez en Malta necesitarán moverse por la isla, tanto por el Gran Puerto como por los acantilados de Gozo. ¿Quien mejor que un marino criado en la zona?

Por último señala al cazatesoros escocés.
- Y usted MacGregor, usted se encargará de hacer lo que mejor se le da: entrar, buscar y robar.

Mete los dedos índice y pulgar en el bolsillo de la chaqueta, saca tres talones como el que se ha agenciado Farrugia y los deja en la mesa.

- Lo que les ofrezco es esto por adelantado - golpeando los talones que hay sobre la mesa con el dedo índice - y cien veces más si me traen el harpa.


Campbell mira el talón y al Sr. White.

- Con solo mencionar la posibilidad de patearle el trasero al advenedizo de Hitler y a su ejército, ya me tenía ganado. Acepto la propuesta. Me pondré en contacto con mis amigos de la Inteligencia Militar para conocer los últimos movimientos de buques y submarinos alemanes en el Mediterráneo y trazar una ruta lo más segura posible hasta Malta.


-Se ve que usted lo ha pensado todo señor White, incluso en una señorita para hacer el trago mas dulce.

Joe mira a Curry con una mirada vidriosa a la vez que trata de guiñar el ojo morado, con nulo éxito.


MacGregor se lleva la mano a la funda del revólver presa de la ira inconsciente.


Joe pasa de tener la mirada vidriosa a concentrada y alerta. La gente de la mar están preparados para dos cosas: estar prevenidos para cualquier momento, y hacerlo casi siempre borracho sin que le afecten a sus facultades. Mira a ese mequetrefe con cara de pocos amigos y sin soltar la copa le espeta:

- Vamos amigo, alégrame el día.


No creo que este sea un buen lugar para resolver una disputa por honor. - dice el sargento cuando percibe el movimiento hacia el revólver. - No se lo pongamos tan fácil a los alemanes.


- Sobretodo cuando no es necesario que otros protejan mi honor. Soy perfectamente capaz de patearle el culo por mi misma a cualquier borracho que no sepa mantener las distancias. - dice Curry muy seria. 
- Lo que es extensible a todas las nacionalidades, ya sean alemanes, ingleses, americanos, italianos o griegos. Aunque supongo que unos caballeros tan distinguidos como ustedes me evitarán la necesidad de una demostración ¿verdad?


White se levanta y con gesto serio dice:
- Por favor, haya calma. - primero se dirige a la joven ayudante de MacGregor - Ruego disculpe la actitud del Señor Ferrugia, yo le he invitado y me siento responsable de esta desagradable situación - después se dirige al marino - Compórtese joven. No he podido localizar a otro maltés a tiempo… mis contactos me avisaron de su personalidad, pero era mi única opción. Si vuelve a comportarse de esta manera me veré en la obligación de despedirle… - por ultimo mira a MacGregor - Eso no hará falta, por el amor De Dios, relájese…


- Para despedirme tendré que trabajar para usted, señor White, y que yo sepa aún no he aceptado el trabajo, sólo que me invitase un par de copas. Joe suele ser bastante más locuaz cuando lleva unas cuantas copas encima. - Y podrá encontrar malteses, si gusta, pero nadie conoce esa maldita isla como yo, que me sabía al dedo cada roca y cada cueva cuando ese petimetre - dice señalando al pobre sobrino del señor White - aún hacía caligrafía.

- Y usted señorita, cuide su lengua y yo cuidaré la mía. Si no quiere un hombre de verdad estoy seguro de que encontrará a un hombre de su altura entre las faldas de algún cura.


Curry sonríe a Joe e intenta cruzarle la cara de un sopapo.


Oliver, aprovechando la discusión se dirige a su tío

- Tio, no se que esperas de mi. Ya os he contado todo lo que se y estoy seguro de que estos caballeros y la señorita son más que capaces de llevar a cabo la… misión que les has encomendado.


La voz del joven White queda enmudecida por la bofetada que Curry le da a Joe. Su cara es como una piedra, y durante un segundo los ojos del marino se llenan de una nube roja de odio. Pero es sólo un momento. Tras recobrar la serenidad, se limita a sonreír.

-Estoy seguro de que esto es sólo el inicio de una bella amistad, preciosa.


- Está claro que nos espera un largo e intenso viaje. 
Dicho esto, el sargento Campbell mira a la señorita Curry con respeto y le dice. 
- Me sorprende gratamente señorita. En un principio tenía mis dudas sobre usted, pero veo que estaba equivocado.


Curry asiente y vuelve a tomar asiento. La bofetada le ha sentado muy bien, aunque haya acabado llamando la atención más de lo deseado. Seguro que Adam le soltará luego la charla en la furgoneta. Ojalá entendiera de una vez que ya no es una niña a la que tenga que seguir protegiendo a cada momento.


Al ver que todo se tranquiliza, White se sienta de nuevo.
- Volvamos al asunto que nos ocupa. Entiendo que el Sargento Campbell y el señor Farrugia aceptan embarcarse en esta aventura… MacGregor, usted está muy callado. ¿No le atrae la idea de encontrar el Harpa de Calipso?
Mientras espera la contestación del escocés, mira de reojo a su sobrino y le susurra:
- Oliver, no te preocupes, luego hablamos…


McGregor se incorpora en la silla intentando ignorar lo que ha pasado, aunque en el ambiente se nota que el escocés no es de vaga memoria con los que se meten con Curry.

- Por supuesto que me atrae, Mr White, aunque lamento que tenga que embarcarme en tan singular compañía… No obstante, no le tenía a usted como cazador de mitos, ya que nuestros anteriores negocios sólo estaban relacionados con arte y antigüedades, no leyendas esotéricas. Qué pretende conseguir de ese objeto, si es que existe?

- No me diga que cree en sus poderes? Y aún siendo común, dudo que pueda colocarlo en el mercado con una historia creíble…


- No estoy completamente convencido de sus poderes MacGregor, pero el mensaje cifrado y mis investigaciones lo hacen muy probable. Ese objeto debería estar en un museo. Quiero recuperarlo y ponerlo a salvo, lejos de los alemanes… ¿le parece esa una razón lógica? - El viejo hace un pausa y dirigiéndose a todos dice - Entonces, ¿puedo contar con su colaboración?


-Mientras me pague me da lo mismo guiarles a por ese cachibache de fantasía o a cazar duendes a su jardín, señor White. - dice Joe.


MacGregor no parece convencido con las razones de White, pero es un experto de las apariencia y empleando una llamativa sonrisa coge el cheque de la mesa y exclama:
- Suena divertido, y hace tiempo que no salgo de viaje, es malo para mi figura.


- Entonces señorita, caballeros. Propongo que nos pongamos en marcha lo antes posible. Los alemanes tienen la mala costumbre de no esperar a nadie. - Rebusca en el bolsillo interior de su guerrera para sacar una cartera de piel con el emblema de los fusileros de su majestad y deja encima de la mesa un par de libras a la vez que se guarda el cheque.
- ¿Cómo y cuándo nos reunimos de nuevo? Esta maldita guerra me esta dejando sin amigos y no quiero ir en busca de mi contacto para ver que lo enviaron a Dunquerque.


- Veo que ya está listo para la acción Sargento - White sonríe y se levanta de nuevo dirigiéndose a todos - Si le parece bien MacGregor, mañana podemos reunirnos a esta misma hora en su tienda. No creo que sea buena idea hablar de ciertos temas en público. Sargento, ¿tendrá tiempo de preparar el viaje?


- Sí, me parece correcto. Traiga la chequera White, tengo nuevas adquisiciones muy en su línea de trabajo.

Con una sonrisa y un leve ademán de despedida, se levanta dispuesto a marcharse, sin siquiera esperar a Curry.


- Maldito escocés, no pierde el tiempo… - el viejo White suelta una carcajada - Bien, mañana sobre las 18h nos reuniremos en la tienda de antigüedades de MacGregor en Paddington. Pregunten en la zona no tiene pérdi… 
En ese momento un inconfundible y ensordecedor sonido comienza a resonar: son las alarmas antiaéreas.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.