Canto de Sirenas III. Los preparativos

Transcripción de la partida de rol por Telegram utilizando el juego Vieja Escuela Pulp!


6 de agosto de 1942. McGregor Antiques, 12 Queensway, Londres.

Ya son las seis de la tarde. Adam y Curry esperan en el interior de la tienda, sus compañeros no tardarán en llegar…


Todo es una locura. El almirantazgo se ha vuelto loco completamente. Este es el pensamiento que ronda constantemente la cabeza del sargento Campbell mientras esquiva farolas, escombros y personas. Ha decidido ir a pie hasta Queensway, la calle donde se encuentra la tienda de antigüedades del Señor McGregor. Bajo su brazo derecho una carpeta que sujeta con fuerza. En su interior se encuentran los permisos e identidades falsas que les permitirán embarcarse en el buque mercante Rochester Castle, además de algunos mapas secretos de la misión. Ha llegado el momento que tanto ha deseado. Esta guerra no se la va a perder.

La campanilla de la puerta suena levemente cuando la abre con su mano izquierda, mientras con la mirada fija en el mostrador, Campbell sólo puede decir cuatro palabras - Caballeros estamos en problemas.


Curry levanta la vista de su caja de herramientas en cuanto suena la campanilla de la puerta. Una vez más ha desmontado, limpiado y vuelto a montar el reloj de su padre, el único recuerdo que tiene de él. Lo hace siempre que se siente intranquila, y las palabras del viejo soldado no ayudan a disipar ese sentimiento.


Oliver sigue mirando la fachada de la tienda de Mc Gregor desde la cafetería de enfrente. Tienen un café sorprendente bueno, sobre todo para ser tiempos de guerra. Ya ha tomado su decisión, pero todavía tiene que armarse de valor antes de entintarse a sus nuevos compañeros… Compañeros, que raro se le hace imaginarse junto a esa gente, y más aún imaginarse dándoles ordenes. No tiene claro que le aceptarán.

Realmente tampoco sabe como se ha dejado convencer por su tío. Bueno, realmente si lo sabe, siempre le ha admirado y esta es su oportunidad de volverse como él. Además, quiere ayudar en la lucha contra los alemanes y está claro que en Bletchley Park no le van tomar nunca en serio. Quizás sea más útil embarcado en esta loca aventura.

Solo tenia que juntar un poco más de valor antes de entrar en la tienda… quizás lo mejor seria esperar aun los demás ya estuvieran dentro. Ya había visto a Campbell entrar, esperaría a que también el marinero estuviera en la tienda antes de unirse a ellos.

Mientras espera sigue ojeando la libreta de su tío. Ese maldito texto le trae de cabeza.


El sargento Campbell se acerca a la joven del mostrador. - Señorita Curry ¿Dónde se encuentran el resto de miembros de la expedición? He conseguido todo lo necesario para llegar a Malta, aunque no todo son buenas noticias. - Dice con voz grave mientras golpea con los dedos una carpeta oscura donde puede leerse “Pedestal”.


Joe se para a repasar su aspecto mirando su reflejo en el cristal de un escaparate que sigue firme pese a los constantes bombardeos. Ha invertido parte de sus nuevos recursos en un buen corte de pelo, un afeitado que no deja apenas sombra en su barbilla de piedra y ha comprado un nuevo par de zapatos que brillan listos para pasar revista. Se ha puesto el traje de los domingos: un pantalón blanco, camisa bien prieta marcando los músculos de su rocoso cuerpo y luce un bonito gorro de lana de sus tiempos a bordo de ballenero ‘Albatros’. Da por bueno el examen y sigue calle abajo en busca de la tienda de antigüedades. 
Aunque el viaje con los chiflados se le antoja por una parte de lo menos atractivo, por el otro volver a la mar siempre le pone de buen humor, así que luce una flamante sonrisa cuando entra sin timidez en la tienda de antigüedades.


Bueno, parece que ya están todos dentro. Oliver se arma de valor, intenta poner cara de seguridad y entra en la tienda. Que sea lo que Dios quiera. - Buenas tardes caballeros.


McGregor sale de la trastienda, visiblemente despreocupado y con una imagen mucho mas tranquila y descansada que lo que se le presupondría a cualquiera que haya sobrevivido a un bombardeo. En la mano derecha agita pausadamente un vaso de whisky, y reposa la izquierda dentro de la comodidad de su inseparable chaqueta de cuero de aviador. Al ver a sus compañeros, esboza una mueca de diversión y exclama:

- Buenos días. Bienvenidos a La Cueva de Sinbad. Quieren algo de beber? No sean tímidos, sírvanse lo que quieran del mueble a su derecha. Pueden dejar los abrigos en el perchero tras el mostrador de Curry. Cuando estén listos pueden entrar al despacho.

Inmediatamente, desaparece tras una cortina de terciopelo rojo.

Adam piensa “sin el señor White, alguién tenía que ponerse pomposo y misterioso”, y ríe para sus adentros.


Curry espera a que todos entren en el despacho, entonces pone el cartel de cerrado, pasa el cerrojo de la puerta para que nadie los moleste y sigue al resto del grupo al despacho de Adam.


Campbell, que sigue preocupado por la misión, no se ha dado cuenta de que han llegado todos. No ha escuchado la campanilla de la puerta ni una sola vez. Su mente se encuentra lejos, evaluando el viaje, los peligros asociados a viajar en un convoy de esas características hasta Malta. Es una misión arriesgada pero que puede suponer un duro golpe para los alemanes. Ahora la pregunta es ¿Estarán dispuestos su compañeros a embarcarse en tan peligrosa misión para llegar hasta Malta?

Se acerca hasta la mesa donde se encuentran las bebidas, selecciona el mejor whisky escocés y sigue a McGregor al interior de su tienda.


A Oliver ni se le pasa por la cabeza acercarse al mueble bar, quiere tener la mente bien despejada para lo que le espera. Consigue refrenar el impulso de quitarse las gafas para limpiarlas, aprieta la libreta en su bolsillo y aparta esa ostentosa cortina para seguir a McGregor.


Joe guiña el ojo a Curry y esboza la mejor de sus sonrisas antes de ir directamente al pequeño bar y coger la botella de Cardhu que había dejado Campbell y dar un trago sin ceremonia ni vaso. - Estos escoceses saben lo que se hacen - comenta mientras mira a Curry esperando una réplica que se queda en el aire.

Antes de seguir a la tropa más allá de la cortina, echa un ojo por la tienda, silbando ‘Spanish Ladies’ y se detiene a mirar un excelente ejemplar de astrolabio de bronce de principios del siglo pasado. “Nunca he sabido para qué sirven estos chismes, pero sacaría un buen pellizco en el mercado de Picadilly.


El sargento Campbell intenta saborear el excelente licor, pero la situación le impide disfrutarlo como es debido. Sabe que hay mucho en juego y no solo por la búsqueda del arpa, sino por la operación en la que se embarcaran en breve.


Al cruzar la puerta al interior del despacho del Señor McGregor, Campbell se fija en la gran cantidad de antigüedades que hay repartidas por todas partes. Entre todos los objetos, le llama la atención un mosquete del siglo XIX con los emblemas de la guardia real de su majestad y una leyenda en su soporte en la que puede leerse <<Batalla de Isandhlwana 22 de enero de 1879>>.

- Señorita Curilenko, caballeros. He conseguido un transporte para Malta.

- No quiero engañar a nadie. El viaje no será fácil y sin duda será peligroso. Lo que ahora diré es confidencial y no debe salir de esta sala. He conseguido un pasaje en el buque mercante SS Rochester Castle destinado como buque de carga en a Operación Pedestal. - Mientras dice estas palabras, Campbell despliega un mapa encima de la mesa de McGregor.

- Esta es la ruta que realizará el convoy. - Añade el sargento mientras muestra la ruta con su dedo índice. - ¿Qué opinan caballeros?


Oliver da un paso al frente - Gracias sargento Campbell, pero antes de continuar con los detalles de viaje creo que hay un par de cosas que hay que poner sobre la mesa - Carraspea u par de veces para aclararse la garganta y para ganar tiempo, - Como comprenderán la edad de mi tío no le permite embarcarse en este viaje, así que seré yo quien vaya en su nombre. Hablando claro, me ha puesto al mando. - Hace una pausa para mirar a los presentes y antes de que puedan replicar continua. - Soy consciente de mi falta de experiencia en estos temas, pero para eso están ustedes, si mi tío a confiado en ustedes para esta misión es que son buenos en su campo. No me inmiscuiré en sus decisiones a menos que vea que ponen en peligro la misión. Pero tengan claro que la ultima palabra la tengo yo, así como el control de los fondos de esta aventura.

Dicho esto se sienta rápidamente, aliviado, como si se hubiera quitado un peso de encima.


McGregor, recostado en su silla de forro rojo terciopelo, juguetea con su copa y dice:

- Claro chico, el que paga manda, todos entendemos eso.

Se apoya sobre el escritorio y continúa - Pero valoro mi vida y la de mi socia, y si alguna de tus decisiones ponen en peligro nuestras vidas, ten por seguro que no nos quedaremos a comprobarlo. Dicho esto señor Campbell, cuéntenos mas. Cómo llegaremos sanos y salvos entonces?


Joe da un largo trago a la botella. Tras pasar la cortina silbando entre dientes, ha mirado con curiosidad el mapa de Campbell y ha clavado su mirada en el joven White mientras soltaba su pequeño discurso. “Seguro que lo ensayó anoche delante del espejo, piensa mientras ríe su propio chiste.

- Hablando de fondos, podría ir diciendo a cuánto tocaremos. No pienso jugarme el culo en un Mediterráneo plagado de ‘boches’ si no tengo una buena razón para hacerlo - dice mientras hace con los dedos el gesto universal del dinero.
- Y no creo que sea buena idea navegar en un convoy que estará en el punto de mira de todos los submarinos nazis desde Estambul hasta Gibraltar. Habría sido mejor pasar desapercibido con otro barquito - añade cerrando su intervención dando otro largo trago a la botella.


- Señor Farrugia, creía que eso ya lo había mencionado mi tío en nuestro primer encuentro. Se habló de 20.000 libras, que serán entregadas al regresar.


Joe traga de nuevo al oír la cifra y pone cara de poker.
- Estupendo, esa cifra es música para mis oídos. Y ya que usted ha dejado claro su papel en esto, ¿cuál es el papel de los demás? No me gustaría recorrer un mar en guerra sin conocer las habilidades de mis compañeros. No pienso jugarme el cuello a la ligera ni por todo el oro del mundo.


- Bien ahora que el chico, como dice el señor McGregor, ha dejado claro quién manda, les diré que nos embarcaremos en una misión conjunta de las fuerzas aliadas. Seremos tripulantes de una de los catorce buques mercantes que aprovisionaran a las tropas del sur de Italia. Estaremos escoltados por una docena de submarinos, dos acorazados, cuatro portaaviones, media docena de cruceros y el doble de destructores que nos escoltaran hasta nuestro destino. Sin duda llamará la atención, pero estoy convencido que llegaremos sin un rasguño.
De la carpeta saca unos informes y documentos de embarque.

- Subiremos como personal de cubierta, nuestras tareas serán simples y podremos pasar desapercibidos, excepto por la señorita Curilenko y el señor White. Ni por asomo tienen el perfil de marineros, así que me las ingenie para hacerlos pasar por el operador de radio y la enfermera del barco.


Curry arquea una ceja al escuchar la palabra enfermera, aunque entiende que no hay muchas otras alternativas y ahoga la queja que estaba apunto de salir por su boca.

- Parece que es señor Campbell ha pensado en todo - dice mirando a Adam. Y contestándole a usted, señor Farruqia, el papel de enfermera no me será del todo ajeno. Seguro que en una misión tan difícil como esta querrán tener a alguien que pueda remendarles un agujero de bala.


- Será un placer ponerme en tus manos preciosa. - A Joe no le hace gracia formar parte de ese convoy pero de momento calla. Volver a la disciplina de la Royal Navy no le agrada en absoluto. Desde que fue expulsado no había vuelto a subir a bordo de uno de sus buques, y hacerlo ahora de nuevo… Piensa en la recompensa y trata así de callar a sus demonios.


- Bien, señores, parece que ya tenemos claro como vamos a realizar el viaje, pero ¿que podemos encontrarnos al llegar allí? - mira a Farrugia -Señor Farrugia, ¿qué puede contarnos de nuestro destino?


- Puede encontrar buen pescado o las mejores furcias del Mediterráneo. Depende de dónde miren. Sus acantilados pueden ser una trampa mortal si no se navega con cuidado, y si los boches están allí, si siguen mis indicaciones, ni toda la marina nazi podrá encontrarnos.


- Señor White, ¿supongo que tendrá alguna idea de dónde está escondida el arpa? - El sargento usa su mejor tono, ha visto a muchos reclutas y sabe que el chico esta realmente aterrado.

- Es de esperar que encontremos resistencia alemana. Pero, de ser cierta la leyenda, no creo que sus guardianes la dejaran a simple vista y sin protección. Debemos saberlo todo para preparar el equipo adecuado. No creo que podamos ir de compras cuando lleguemos a Malta.


Oliver traga nerviosamente saliva - Desconozco la ubicación exacta del arpa. Pero el diario de mi tío contiene una serie de pistas que estoy seguro que nos permitirán dar con ella una vez estemos en la isla - Se lleva la mano al bolsillo donde guarda la libreta y la toca sin llegar a sacarla. - Durante nuestro viaje por mar la estudiaré con mas detalle, hay un texto que, una vez descifrado, seguro que nos lleva hasta el arpa-

- En cuanto a los preparativos que menciona, sargento, creo que lo mejor será que nos preparemos para cualquier situación que podamos encontrar. Tienen carta blanca de mi tío para adquirir toda la equipación necesaria -, finalmente añade con una risa nerviosa - Dentro de un orden, lógicamente, no pretendan adquirir un dirigible -


- Eso no será necesario. Ir en barco ya es suficiente. Pero adquirir equipo de montaña, linternas, armas, munición y algunos explosivos si que será necesario. Creo que podremos adquirir algunas raciones militares para el viaje a pie por Malta. Y le recomiendo que se lleve todo lo necesario para descifrar cualquier acertijo, jeroglífico o lo que sea que nos encontremos en ese lugar. Una vez en tierra no habrá vuelta atrás y deberemos contar con lo que llevemos encima.

- Quizás también fuera útil llevar algún tipo de equipo de buceo - añade Oliver.


Joe resopla con fastidio - Todo lo que les haga falta lo encontraremos allí, desde una cuerda para colgarse si gusta hasta una morsa vestida de payaso. Con dinero y mis contactos tendremos todo lo necesario.


- Compañeros, todavía hay algo que debemos resolver. - Dice con rostro apesumbrado. - El convoy ya partió. Tenemos tres días para llegar a Gibraltar y embarcarnos o partirán si nosotros. No podemos cruzar Francia y España en tres días. Es una locura y sin añadir que son territorios hostiles. Si no es mucho preguntar, ¿alguno de ustedes tiene un hidroavión o sabe pilotar uno?


Curry no logra ocultar su asombro ante esta última revelación. ¡Tres días! De verdad que esta gente está loca.


- No tengo mucha experiencia en este tipo de viajes pero ¿Es posible llegar hasta el sur de España en esos tres días? - pregunta el joven criptógrafo.


- Conozco a un sucio galés que es capaz de llevarnos hasta allí, pero no es barato joven White… - responde Adam.


- Mientras no quiera que le paguemos el retiro creo que se podrá arreglar. Contacte con él cuanto antes, no podemos perder ni un minuto. ¿En caso de que no lo consigamos hay algún plan B? - Oliver intenta mostrar decisión, no le puede fallar a su tío.


- Las aguas no son seguras y cruzar Francia esta descartado. Quizás podríamos cruzar Portugal, pero seguiríamos con el dilema de cruzar el sur de España y no conozco esa región. Además, es conocida la relación entre el Tercer Reich y Caudillo, creo que lo llaman así.

Campbell esta preocupado. No quiere perder a ningún miembro del equipo y realmente duda de poder mantenerlos con vida si viajan por tierra. Aún así, mira todos los caminos y rutas posibles que les lleven hasta su destino.

- Yo voto por el avión, otra opción es ir en tren hasta el sur de España y buscar un barco que nos lleve a Gibraltar. ¿Alguien tiene miedo a volar? Campbell mira uno a uno a los miembros de la misión. - No podemos demorarnos mucho en esto. Estoy seguro que el Señor White puede alquilar un hidroavión y no me sorprendería que el señor McGregor supiera pilotarlo.


- Sargento, si dijera que sé pilotar un avión sería el peor jugador de póker de la historia. Prefiero que vayamos a lo seguro, y Colwyn no es mal piloto cuando va sobrio. Su avión es una chatarra comercial, pero nos podrá servir. - Adam mira a Oliver - Deberemos convencerle joven White, y para ello le necesitaré a usted. El viejo galés no se fía de mi, y con su presencia es mas probable que le convenzamos.


Entonces lo mejor es evitar que encuentre una botella mientras nos lleve a nuestro destino.


-Hablando de botella, queda Whisky? - Joe se levanta y se acerca al minibar.


- McGregor, si cree que mi presencia puede ser de ayuda, le acompañaré a hablar con ese caballero - dice Oliver - y, a pesar de la confianza de nuestro amigo en la posibilidad de comprar armas y equipo en la isla, preferiría llevar desde aquí lo imprescindible.


-Suerte entonces si quiere embarcar armas clandestinas en un convoy de la Armada. - Joe ve poco futuro para la empresa si ese grumete está al mando. Mientras le paguen como si quiere llevar un cargamento de opio.


El Sargento Campell - Tendremos que llevarnos lo que podamos en nuestros petates. Quizás podamos esconder una o dos armas desmontadas y si pagamos algo extra en nuestro embarque, es posible que no hagan muchas preguntas.

- Bien, MacGregor y yo iremos ha hablar con su amigo para intentar conseguir un avión. Mañana a las 6AM nos vemos aquí mismo - Oliver se levanta y se dirige a sus compañeros - Traigan lo que crean necesario, puede que no nos de tiempo a ir de compras -


Oliver y McGregor dejan a sus compañeros partir, e inmediatamente después Curry pone el cartel de “cerrado” en la tienda de antigüedades. McGregor guía al joven por Bedford Street e internándose por oscuros callejones una vez pasan la zona comercial. Tras un buen rato andando, llegan a la academia de vuelo “Langmore”, un agrietado terreno rodeado por una maltrecha valla. Tras llegar a la nave principal, cerca de la puerta, se oyen los ruidos de alguien cantando a pleno de pulmón una canción de marineros. Tras colocarse frente a un destartalado avión de mercancías, el único aparato de la nave, notan como humo de cigarrillos y un fuerte olor a alcohol se desprenden de la cabina del aparato.

- Colwyn, maldito abrazavacas, será mejor que salgas aquí, tengo un trabajo para ti!

Al oir esas palabras, un maltrecho anciano en calzoncillos sale de la puerta del avión.

- ¡Yo no hago tratos con sucios escoceses! - Grita con cara de pocos amigos. - Ademas, ¡¡me debes dinero McGregor!!

- Creo que eso es algo que puede solucionar nuestro joven amigo. - Señala a Oliver, esperando a que él le haga una oferta al anciano.


- Buenas señor Colwyn, déjeme que me presente, me llamo Oliver White. Me comenta el señor McGregor que puede usted prestarnos un servicio que necesitamos con cierta urgencia. En caso de ser así estaré gustoso de saldar la deuda que el señor McGregor haya contraído con usted. Tengo entendido que dispone usted de un hidroavión y de la habilidad necesaria para trasladar discretamente a un pequeño grupo de personas fuera del país. ¿Es eso correcto?


El viejo Colwyn cambia el gesto, deja una gran llave inglesa llena de grasa sobre una caja de herramientas, y se acerca a los dos visitantes limpiándose las manos con un sucio trapo.
- Vaya vaya… parece que la suerte te sonríe Mac. - dirige una mirada picarona a Adam y luego se dirige a Oliver - Así es, Big Betsy - señala el avión a su espalda - y yo podemos llevarle a cualquier parte del mundo… Eso sí, a no ser que le clavemos unas canoas a las ruedas, no creo que podamos aterrizar en el agua… - el viejo ríe a carcajadas - ¿Quiere la tarifa estándar, o la tarifa libre de preguntas incómodas?


Oliver lo piensa un momento. Su tío no ha dicho directamente que el viaje tenga que ser un secreto, pero no le parece prudente ir pregonando a los cuatro vientos que van a adentrarse en territorio enemigo para conseguir el arpa (de echo algunos lo llamarían robar). Menos aún cuando los alemanes van también están detrás de ella - La verdad es que preferiríamos que nuestro viaje fuera los mas discreto posible.


- Muy bien, sin problema. ¿A dónde quiere volar y cuándo quiere hacerlo? - dice el viejo con una sonrisa en la cara.


- A Gibraltar, tenemos que estar allí antes de tres días.


Colwyn suelta una gran carcajada.
- ¿A Gibraltar en 3 días? Pan comido. Pensaba que sería a algún sitio más remoto… - termina de limpiarse las manos y se posa el trapo sobre el hombro - La tarifa para este tipo de trabajos es de 3.500 libras esterlinas, más el carburante para el viaje de ida y el de vuelta. Todo por adelantado. Podemos partir mañana mismo, el viaje durará unas 5 horas, si las condiciones meteorológicas lo permiten. ¿qué le parece?


- Espero que ese precio asegure su total confidencialidad y no se incremente si, por alguna razón, el viaje nos lleva más de esas cinco horas que comenta.


- Por supuesto, puede contar con ello.


- Y por cierto viejo, tienes pocas horas hasta conseguir salir de ese estado. Te aconsejo una ducha y un café. Y si encuentro una sola gota de alcohol… - McGregor le mira de modo amenazante.


- En ese caso, si todos estamos de acuerdo, partimos mañana. ¿A que hora puede estar listo para despegar? - dice Oliver.


- Tengo que revisar uno de los motores… pero creo que al medio día podremos salir rumbo a Gibraltar. - Colwyn frunce el ceño y mira a Adam apurando el cigarro - Y tú MacGregor, espero que cierres el pico durante el viaje. Y recuerda que dentro de Big Betsy las reglas las pongo yo.


- No si mi vida está en juego y tu aliento huele a whisky, abrazavacas.

MacGregor se da la vuelta sin mediar mas palabras, sabiendo que aunque Colwyn se hace el duro ahora frente a su nuevo pagador, en realidad es un irresponsable borracho que requiere mano dura.


- ¡¡Al menos yo tengo a alguien a quien abrazar, maldito vendedor de guano!!


- Entonces estamos de acuerdo, mañana al mediodia depegaremos rumbo a Gibraltar - Oliver le tiende la mano a Colwin - Encantado de haberle conocido señor Colwin.


Colwyn se mira la mano para comprobar que está limpia y, tras un par de frotes en el pantalón, se la estrecha al joven.
- Igualmente señor Winston.
Oliver pone cara de circunstancias y tras una pequeña reverencia, da media vuelta y sale del aeródromo junto con Adam MacGregor.