Descartado

Un pinchacito más y reviento. (Autoría de la imagen, no identificada).

Sábado 28 de noviembre. Aquí sigo. Finalizando otro mes y acercándome, como todos, al final de un año tremendo, tremendísimo. Si tuviera que hacer resumen no sabría por dónde empezar. Quizás empezaría en el fatídico tres de septiembre, porque lo anterior lo veo tan lejano que juraría haberlo vivido hace una década.

A punto de cumplirse el tercer mes del derrumbe, los tumbos que he ido dando me han impedido seguir un orden, una secuencia que me permita marcar el camino que conduzca a algún sitio. Por primera vez en mucho tiempo la necesidad de asentarme, de clavar el primer poste para montar la tienda de campaña, se ha visto eclipsada día sí y día también por otras urgencias. Por supuesto, la del empleo. Parece que todas las empresas de trabajo temporal, junto al resto, se han puesto de acuerdo para descartar mi candidatura a los pocos segundos de enviarla o, en caso de lograr una entrevista, dejarme en la cuneta sin más explicación ni llamada de rechazo. Incluso cuando, en un caso puntual, ya daba por hecho la contratación y me confirmaron que recibiría en mi correo electrónico la documentación correspondiente, esta no llegaba, negándoseme la posibilidad de contactar otra vez con la persona responsable, ya que su teléfono dejaba de funcionar y la única respuesta a mis emails era el silencio.

Después de casi treinta entrevistas, he conseguido un pequeño trabajo de una duración máxima de quince días — se prevé que sean muchos menos, sospecho que con suerte llegaremos a tres o cuatro — como encuestador telefónico y cobrando casi la mitad de lo que marca el convenio de telemarketing. Se ha abierto la posibilidad de volver a VW durante, más o menos, otras dos semanas, a partir del 9 de diciembre, algo aún por confirmar. Son pequeños parches para cubrir gastos, y al menos el alquiler de enero que, aun siendo bajo, se me hace cuesta arriba y que no puede ser cubierto por ningún tipo de ayuda desde los Servicios Sociales, ya que solo me corresponden la del Banco de Alimentos (vaya, el economato de toda la vida), los comedores sociales y el acceso a cama y aseo en caso de quedarme sin techo.

Con media jornada laboral cubierta hasta no se sabe cuándo, el resto del día lo paso trabajando en la estupenda biblioteca que tengo a cuatro pasos de donde me alojo. La señal de wifi es mejor que la que captamos en casa con el consentimiento del vecino. Además, hay calefacción y menos ruido. D., el hijo de W., tiene casi tres años y, aunque es un buen niño,… ¡tiene tres años! Es imposible evitar los gritos, las carreras persiguiendo al gato, los lloros y demás cosas normales que hacen los críos a esa edad. Por cierto, EL GATO. Otro motivo para no quedarme en casa durante la jornada. Me ha cogido cariño porque soy el único que no le persigue ni le tira de la cola. Así que no me lo quito de encima cuando rondo por allí.

No todo son agobios y preocupaciones. Van saliendo clases particulares de WordPress (tengo un nuevo alumno para diciembre, A.) y me he animado a participar en un proyecto, [ED]BUILDING que, entre otras cosas satisfactorias, me anima a seguir batallando cada día por hacer algo de provecho. Esto más la web, la radio y la colaboración en la Escuela EFE (que tengo que retomar) me mantiene ocupado haciendo lo que me gusta, aunque sea en mis ratos libres. La cabeza no me da para mucho más.

Quienes me conocen saben que no celebro la Navidad. Si otros años más prósperos me negaba a hacerlo, este que se acaba os podréis imaginar que no estaré para mucha zambomba. Sin embargo, W. ya ha montado el árbol y me va a resultar complicado escapar de alguna que otra rutina navideña. Ya me gustaría estar en el Caribe, ya.

J. A. M.

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