Confianza al alza e inversión a la baja

Las cifras oportunas de mayo señalan claramente que la confianza de los diferentes agentes de la economía siguen mejorando por varios meses consecutivos, ello a consecuencia de un mejor desempeño general de la economía, al menos mejor que el que preveía el mercado a principios de año, cuando el sentimiento general del país se desplomó a raíz de la llegada al poder de Donald Trump. Hoy las cosas han cambiado y más bien el sentimiento general tiende a ser positivo, sin dejar de lado que aún prevalecen algunos riesgos que, de materializarse, pueden afectar la dirección de la economía, pero que hoy son controlables en algunos casos, como la inflación, las tasas de interés, el mercado interno, la inversión, entre otros. Otros factores no son controlables: TLCAN, geopolítica internacional, tasas de interés internacionales, precios del petróleo, entre otros.

Internamente, en mayo vimos una nueva recuperación de la confianza empresarial y del consumidor, esta vez a niveles previos a septiembre del año pasado, lo que demuestra que el factor Trump prácticamente ha logrado ser sorteado por el momento, lo que no significa necesariamente que haya sido superado por completo, ya que aún están presentes algunas decisiones abruptas tomadas por parte del presidente de Estados Unidos: la salida del TPP, del Acuerdo de París para el control del Cambio Climático, su intento por corregir los déficits comerciales con México, China, Alemania, entre otros. Si EU retomara una postura muy dura en la renegociación del TLCAN, sería suficiente para cambiar el sentimiento de los agentes económicos internos. Por ahora, la confianza empresarial y del consumidor van al alza y con expectativas positivas.

Por su parte, en el primer trimestre la inversión fija retrocedió 1.8% anual, su peor desempeño desde finales de 2013, condición que está evidenciando el difícil momento que vive la inversión en México. Lo anterior, pese a que hoy contamos con reformas estructurales, algunas en implementación y otras en funcionamiento, y que, en teoría, apuntan a impulsar la inversión y el crecimiento económico.

Diversos factores están inhibiendo la inversión, destacando entre ellos el ambiente externo aún adverso -renegociación del TLCAN-, además de eventos internos, como las alzas en las tasas de interés, las perspectivas de crecimiento sólo moderadas para la economía, así como un ambiente negativo en materia de seguridad, violencia y otros de naturaleza socio-política. Mientras el consumo y las exportaciones muestran cierto dinamismo, la inversión se rezaga y acumula dos años con tasas marginales.

Es fundamental que la confianza regrese a los agentes: empresas, consumidores, analistas y gobierno, ya que es un elemento fundamental para que las empresas empiecen a invertir. En condiciones adversas, difícilmente las empresas arriesgarán su capital para invertir; en consecuencia, el gobierno y el Estado deben recobrar las condiciones propicias para impulsar a los inversionistas, quienes son finalmente la fuente del crecimiento económico y de la generación de riqueza y los empleos. El país necesita crecer alrededor de 4% anual y, para ello, se requiere que la inversión crezca cerca de 10% al año; estamos aún muy distantes de estas metas, y más distantes aún países como China, que invierte alrededor de 40% de su PIB.

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