Olivia: cierre.

Foto:

Tu huracán arrasó otra vez,
a cada vez empeora.

¿Por qué no puedo mantener estas conversaciones 
con la gente que conozco en el boliche?

Porque por eso fui a socorrer en la catástrofe;
aproveché para no extrañarte más.

Ni a tus manuscritos,
ni a tu perfume dulce,
ni a tu desorden con sentido,
ni a tu ropa que me habla,
ni a tu piel apagándose,
ni a tus ojeras delatoras.

Entonces, de espaldas a la catástrofe,
te di el abrazo.

Y me vi queriéndote
y te vi queriéndome
y nos vi, a pesar y después de todo, queriéndonos.

La lluvia me está cantando despacito,
otra vez.

Por fortuna (o experiencia),
descubrí el antídoto contra huracanes:
alejarse, porque tienen nombre de mujer.

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