Miguel Blesa o la blancura de los collares de perlas

No hay nada que imponga más al ciudadano español medio que un señor (o señora) bien vestido, con una cierta edad diciendo algo en tono grave o preocupado. Por ejemplo, cuando un asesino ha sido detenido, la señora de inmaculada permanente que dice que era un vecino muy agradable le da una cierta importancia inmediata a la normalidad del hecho, más aún si era blanco y heterosexual, que permite establecer las bases para la enajenación mental, pero esa es otra historia ...
Fermin Gallardo, amigo de Miguel Blesa, ha hecho eso, declarando que la muerte de Miguel Blesa (con "heridas que concuerdan con un suicidio", según la Guardia Civil) fue debido a la presión. Por un momento y por obra y gracia de las palabras de este señor, parece que Miguel Blesa (hombre, heterosexual, blanco ...) parece que hubiera fenecido a la sombra de la cruz en un circo romano, arrobado en la aparición frente a su postrer trance de la gloria de Rita, martir, a los pies del Señor.
No.
Miguel Blesa estaba condenado a la espera de que el Tribunal Supremo revisara su condena. El mismo Miguel Blesa a causa de cuya investigación el juez Elpidio Silva sufre una inhabilitación de 17 años; el mismo amiguísimo de Aznar que disfrutó de los oropeles y prebendas -como tantos otros- del poder político-bancario; Rita Barberá es la misma Rita que actuó como reina y señora del Ayuntamiento de Valencia y de sus fastos, sus cabañales, sus calatravas, sus copamericas y sus caloretes.
La presión es un termino muy vago que quizás pudiera responder a un relato interesante para una cierta parte de la sociedad que, como las otras partes, permanece en su burbuja. El relato, tan decimononico, tan lesmiserables, de una buena persona perseguida por una Justicia de un orden injusto.
Tampoco.
Que digo yo que si estás así, a las puertas de que el Tribuna Supremo revise tu sentencia, algo equivocado tienes que haber hecho, por fuerza, si aceptamos el cuento de la presión. Si no lo aceptamos Rita Barberá murió de un fallo multiorgánico a causa de un trastorno hepático y Miguel Blesa no ha tenido el valor, ni cívico ni cristiano, de afrontar las consecuencias de sus actos; porque lo que quizás sí explique el suicidio es la disonancia cognitiva entre la imagen que tenía de sí el propio Blesa con la imagen que le devolvía el espejo de los medios y de la gente: una diferencia tan insalvable que tenía como única solución el suicidio.
Un hombre tan aparentemente amigo de las apariencias y de su percibida propia dignidad no podía verse reducido a la condición de reo, pero por más que nos parezca una muerte patricia, y eso lo refuerce las declaraciones de su amigo Gallardo, no lo es y quizás hubiera estado mejor en la prisión de la que removió cielo y tierra para salir: los cuidados sobre su salud mental -y la imposibilidad de conseguir una escopeta. claro- habrían evitado tentativas de suicidio.
Si admitimos una dura lex, sed lex para otros -los titiriteros, por ejemplo- tenemos que admitir que para Blesa, Rita Barberá o Rato dura lex no se circunscribe exclusivamente a la famosa marca de vajillas sino que están expuestos, dados los indicios, a una sonda probatoria potente que afecta a su imagen pública, como a la de los titiriteros.
Esto es, efectivamente, la "pena de banquillo" que podemos pensar que está mal, pero que tendremos que admitir que está mal para todos y no sólo para los que nos conviene
Por eso, agarrarse al figurado collar de perlas mostrando una desolación que sí corresponde pero apuntando responsables que no corresponden -por más que sea un señor de edad provecta quien agarre ese collar de perlas- parece, más que un relato de la realidad la prueba de un cinismo natural que deberíamos erradicar de nuestro discurso público, y dejarnos de blanquear las perlas o los sepulcros, me da igual.
