Acallarse
Cuando la boca calla lo que se quiere decir, las palabras como un remolino, como un tornado, no saben para donde disparar. Se estampan, se tropiezan, explotan dentro de la cabeza, dentro de todo el cuerpo.
El cuerpo que no sabe de palabras, que no entiende ese lenguaje, se frustra, se queda exhausto ante la fallida interpretación.
La mente que no olvida pasa factura cada vez que se acuerda.
La boca, sigue muda.