Acto del ser ausente.

La presencia del cuerpo no asegura la presencia del ser.

Se puede ser parte de la vida tal como lo es un florero, se puede ser parte sin decir, sin ver u observar, sin hacer, sin sentir siquiera.

Se puede ser parte sintiendo de forma superficial, sin atreverse a sumergirse en desconocidos mares, navegar o hundirse en ellos, en ellas.

Se puede también ser un simple espectador de las obras continuas y efímeras del tiempo, obras remotas siempre. Observa apacible, desde su banquillo de acusador, porque jamás se atreverá a ser un acusado.