Me Revolucionas
Vos llegaste, plantaste bandera y derrocaste las estructuras tóxicas que eran parte de mi vida. Así de simple, sin objeciones, sin aviso. No había ningún indicio de que fuera a pasar ni para vos ni para mí. Se dio por casualidad o causalidad todavía no lo pude descifrar. Capaz por eso fue medio desconcertante y no sabía que esperar pero me deje llevar. Porque a mí me encanta flotar.
Por temor a las heridas del después suelo poner a la timidez, como un escudo protector. Pero con vos, me deje ser. No había nada que me frene, no puse ninguna barrera. Fui yo en mi estado más puro. Supongo que ayudó el saber que cientos de kilómetros nos separarían, que no habría segundas veces e incluso no nos tendríamos que volver a cruzar ni en la calle ni en un bar. Solo nos unían un par de personas que conocíamos sin conocer. Dos extraños. Era perfecto, el principio y el fin todo en uno. Toda la historia podía caber en la cabeza de un alfiler y sería más fácil de perderse.
Me desafiabas todo el tiempo y yo, que no puedo con mi genio, peleaba todas las batallas. Siempre las victorias eran tuyas pero si bien me daba bronca la derrota, me gustaba como la canchereabas con una seguridad con toques de arrogancia.
Un par de juegos de por medio hicieron efecto. Y lo lograste, me conquistaste sin proponértelo.
Pasabas tu mano por mi cara como marcando territorios. Poco te importaba si tenía la cara escameada por el sol. Aceptabas cada uno de mis accidentes geográficos, como los de la realidad que te rodeaba cotidianamente.
Bastaron un par de horas para que me hicieras volar. Nos tratábamos como si ya nos conociéramos. Como si una vida juntos ya nos hubiera atravesado antes. Estábamos atados por un hilo invisible que no se cortaría como lo planeado.
Sabías que decir para que mis defensas bajaran súbitamente. Tus discursos variaban de lo dulce a lo desubicado,lo fuera de lugar, de una manera vertiginosa. Pero siempre con un equilibrio armonioso.
Se me hizo imposible no rendirme a tus abrazos, es que yo desconocía lo que era eso. Al crecer deje la ternura de lado, y los abrazos me parecían algo incómodo. No entendía bien el mecanismo, no me salían. Pero a vos no te podía soltar. Cuando dormíamos me daba vuelta y me fundía en tus brazos. Ponía excusas inútiles como que tenía frío. Pero vos sabías la verdad y hacer alarde de eso te hacia irresistible.
Eras un aire espontáneo que desequilibraba. Me ofrecías toda la aventura que me gusta. Por eso no te asustaste con mi impulsividad, me llevabas siempre a más. Todo era como una montaña rusa. Admito que no era fácil seguirte pero me encandilaban tus formas.
Como una corriente nueva de pensamiento me abriste la cabeza. Mis supuestos sobre todo lo anteriormente conocido se vieron derrumbados. Perdieron sentido. Me atravesó una revolución de ideas, sensaciones, amor. Por eso si te tuviera que definir diría que sos un revolucionador. El de mi vida por lo menos.