7 recetas para pasar esos días en los que abres miles de pestañas de Internet y no le prestas atención a ninguna.

Un informe Heavy New Age:

1: Pon una hoja en blanco frente a ti. El desafío de la creatividad es el que nos hace crecer y evolucionar.
No temas a escribirla ni pienses en cuánto aburrirás a los de más. El otro es tan payaso como tú, de modo que haciendo el ridículo quizá acabes ayudando a que el otro se libere y se anime a hacerlo, al igual que tú. Eso sí. Ten por seguro que cada ridículo es único e irrepetible, por lo que compararte con los de más deja de ser una opción válida, aunque siempre es aconsejable buscar el equilibrio, para no pasarse de ridículo.

Si apelas a la introspección muy probablemente acabes por arribar a la conclusión de que esa hoja en blanco sea tu vida misma, lo cual habría de llevarte automáticamente a una pregunta obligada. ¿Si yo me aburro, cómo puedo pretender que los de más no se aburran con migo ni me aburran a mi?

Tranquilo, tienes una vida de mierda como la mayoría de las personas. Acéptalo, y suelta ya mismo esa sensación de rabia.
¿Puedes transformarla en admiración por ti mismo?
No, si me acabas de decir que tengo una vida espantosa.
Relájate, y agradece a tu percepción, porque en definitiva quien se ha dado cuenta, eres tú.
No cambies nada, no necesitas cambiar nada, sino más bien lo que precisas es adaptar tu propia mirada frente a este descubrimiento.
Pregúntate. ¿El que tiene una vida horrible seré yo solo, o todos aquellos con los que me comparo también la tendrán? ¿Será que mi vida es mala, o será que estoy viéndola desde una óptica incorrecta?
Cuando las respuestas comiencen a llegar, procura no sentir culpa al escoger la que más te convenza aunque ello signifique descartar la que para tu cultura sea la verdadera, ya que justamente ese medio cultural, esa extraña construcción probablemente sea ni más ni menos la que esté provocando esa visión de tu vida y sea eso justamente lo que debas observar.

2: Aunque te parezca difícil, no admires a nadie más que a ti mismo.
Disfruta todo lo que desees de la presencia o del desempeño de tu ídolo efímero, pero evita tomar a cada persona que se te cruce como ejemplo. Déjate ya de molestar al otro y cargarlo con el peso de tus expectativas y tus fracasos, nadie se merece eso. En cambio, lo mejor que podrías hacer por ti y por la humanidad toda es tomar conciencia de tus frustraciones y recién ahí, partir de una base sólida para transformarte a ti mismo.
Nada puedes hacer si no te miras tal como eres.

3: Déjate de gastar dinero en psicólogos, entrenadores, médicos, magos, gurúes y de más.
Si el dinero te sobra, disfrútalo. Si no puedes hacerlo, donárselo al autor de este artículo sería una gran idea; él estará encantado de recibirlo y seguramente estará en condiciones de disfrutarlo mucho más que tú. Esta acción además de ser absolutamente correcta y deseable, te ayudará a dejar de lidiar con dos problemas. El de no poder disfrutar del dinero, y el drama de no encontrar lo que buscas.
Buscar en exceso no te hace bien, pequeño saltamontes. Piensa que cada vez que no encuentras lo que quieres te frustras, y eso no solo te hace mal a ti, también nos hace mal a todos.

4: Si estás en un momento como el que describe este texto y tienes una pizca de empatía por la humanidad, mantente lejos de las redes sociales.
Nada aportan a ninguna causa tus interminables e inútiles cavilaciones.
Aquella hoja en blanco de la que hablábamos al inicio podría ser solamente una metáfora, y no necesariamente debes ponerte a escribir un texto como este. Recuerda que como alguna vez habrá dicho algún chino, el silencio es una virtud. Si te sientes muy aburrido busca en Google esta frase, a lo mejor también te topas con alguna otra frase de algún otro chino que en una de esas quizá te cambia la vida y te hace encontrar eso que tanto buscas.

5: Deja de presumir felicidad y optimismo.
Recuerda aquel dicho popular que reza dime de lo que presumes y te diré de lo que careces. Pero ojo, tampoco caigas en la trampa de presumir de tus tragedias, no creas que así conseguirás carecer de ellas. Al contrario, las multiplicarás, y además, agotarás rápidamente a tu interlocutor.
No es un pecado ser infeliz, ni tomarte todo el tiempo que necesites para dejar de serlo.
¡No hay ningún tren que pierdas, tranquilo! Las cosas no ocurren en ningún tren, si no que suceden cuando tienen que suceder. Eso sí, recuerda hacer todo esto rodeado de un perturbador silencio, por el bien de quienes en esta era de tanta comunicación eventualmente podamos exponernos a tus fútiles escritos o a cualquier tipo de expresión digital o personal.

Si eres de esos osados que desconfían de la sabiduría popular, ¿Desde qué lugar puedes argumentarlo? Piensa cuantos dichos populares has logrado imponer, y cálmate. Envuélvete con ese silencio de el que hablábamos más arriba, y recuerda que a nadie le interesa tu opinión.

6: Cada vez que quieras decir algo, procura investigar si realmente tiene sentido hacerlo.
¿Sé de lo que hablo? ¿Aportaré algo con mis palabras?
Puedes tomar estas preguntas como ejemplo o crear las que más te gusten, siempre y cuando tengas en cuenta el compromiso de no modificar demasiado la finalidad de las mismas.
Cuando comiences quizá hagas esto en voz alta, aunque de seguro al cabo de una cierta cantidad de veces incorporarás estas preguntas y no tendrás la necesidad de vociferarlas.
Ante cada uno de tus cuestionamientos inexorablemente surgirá de tu interior una respuesta, que seguramente será “nó”.
De modo que si eres de los que le hacen caso a su voz interior — que como ya sabemos es lo que más nos conviene — no solo ganarás tú, sino que saldremos todos beneficiados.

7: Eres el único responsable de tus actos.
Quien se ha puesto a leer este artículo eres tú, en pos de combatir tu propio aburrimiento: por tanto recuerda que todo lo que opines de él lo estarás diciendo de ti mismo.
¿Tú te dirías estúpido? ¿Tú te dirías pelotudo? ¿Tú te mandarías a hacer algo más productivo?

Si la respuesta es sí, quiérete un poco más.

Nota:
Como tú, estas líneas están llenas de contradicciones y banalidades. Si te ríes un poco con ellas y a menudo no te las tomas tan en serio, eres libre.

Enzo Ferlauto

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