Ser Fidel,

el mejor homenaje.

Jugar con las palabras y con las ideas es de las revoluciones más imponentes que pueda hacer la humanidad, mas conviene advertir que primero es preciso romper el cristal de la caja donde anidan las pretendidas identidades.
Jugar no debería significar algo despectivo o solamente destinado a los niños, ni tampoco un sitio creado específicamente para tal fin en donde se nos conceda una libertad especial y una licencia para ejercer algún que otro juego reglado; ni mucho menos algo que siempre deba ser conferido al amparo de las márgenes de todos los presuntos centros, ni los posibles costados.
Jugar es la posibilidad de encontrarnos, de arriesgarnos, de crecer, de conocernos, de sabernos contradictorios, irreverentes, mesurados, comprensivos, apáticos, creativos, revolucionarios.
Jugar a ser ese espíritu que rompió con lo establecido y romper lo establecido.
Jugar a matar la muerte sin armas ni golpes ni violencia, y decirle en la cara lo poco que nos importa su negra apariencia.
Jugar con el pasado presente y futuro y decirles que son 3 pero suenan como uno, y ponerle un tema de los Beatles.
Jugar a decirle a la vida no es como vos pensás, dejame que te explique.
Jugar con los grandes hitos, y con los pequeñazos.
Aglutinar palabras, descollar sentidos; romper todos los papeles firmados por todos los desconocidos que siempre somos y siempre fuimos.
Saber que estuvimos ahí, que estamos, que estaremos, y que nunca estuvimos.
Vaciar las cajas de olvidos y llenarlas de ucronías,
lluvias vinientes de adentro,
claveles por las bahías.
Nunca fue una elegía, siempre una voz continente;
explotó en luz un noviembre, o un enero, osadía;
dinamitando al sentido, contradiciendo a la gente;
soviética terquedad, americana valía,
alumbraron lo imposible, en ese siglo demente.
 
Jugar con la existencia; y robarle al tiempo primero todos los ordinarios segundos de su bendita presencia, y regalárselos a cualquier tercero sin importar que tenga o no un quinto de complacencia.
 
Juguemos, entonces.
 
Giremos la ruleta del sentido,
hagamos un casino todo lleno de palabras, 
pintemos números rojos a cuenta del no va más,
poniendo un voto en lo Fidel
gritando un pleno de sabor, azúcar y esperanza.
 
La solidaridad de los pueblos, es un buen motivo para ser Fidel.
Buscarla y profesarla no es ni un dogma, ni algo que pueda enseñarse en una escuela DE revoluciones, sino una condición del alma que, como quien no quiere la cosa,
bien metidita en el cuerpo SE APROPIA DE actos, consciencia y prosa,
transformada en realidad que no QUIERE desinencia,
sin importar que provenga de la nada, del amor o la impaciencia.
 
Así, ser fidel con el alma,
es ser solidario en su fase más potente,
asumiendo la capacidad transformadora en alma corazón y mente,
celebrando la palabra,
lo que trae hasta el presente,
lo que deja en el pasado,
lo que dice del ausente.
materia viva, ardiente,
profusa luz solidaria,
habitada de silencios y ecos de antiguas batallas,
guarecidas en la calma de un fusil que ya no canta
Ni calla ni acaba ni daña,
Contemplando en esa silla,
el camino y la montaña.
 
Ya que aquí nos proponemos el jugar con los sentidos,
el alma no es ni invisible, ni insondable,
ni todo lo inalterable; ni destino inexorable,
como dicen los que adoran burocracias celestiales.
Es la noche del misterio;
es la fuerza que regula;
cuando el frío nos invade;
o por si el miedo especula.
Materia prima y hermana de espíritus bondadosos;
Donde hay alma hay un fidel,
Donde Fidel no hay sollozos.
Rumor social que cantando transforma aire y sabana,
Sustrato, son, alegría;
musicalidad cubana.
Tierra fidel maridaje;
Rima sagrada y profana;
y Fidel a cualquier calle;
a cualquier hombre,
A cualquier Habana.

Nota: “Fidel” significa “fiel” en catalán y me gusta jugar con ello.
Las mayúsculas y minúsculas las puse como me vino en gana y la interpretación es toda de ustedes.

Enzo Ferlauto