SPOTLIGHT — LA HISTORIA DESTACADA

En un mundo donde nuestra posibilidad de acceder a toneladas virtuales de información es solo comparable con nuestra capacidad para ignorarlas, resulta absolutamente necesario que alguien nos diga lo que ya deberíamos saber hace rato, en este caso: el cine. Específicamente: Spotlight.

En breve. Spotlight cuenta la historia, basada en hecho reales, del equipo de “historias destacadas” del Boston Globe, uno de los diez periódicos de mayor circulación en Estados Unidos, y su difícil proceso de investigación sobre los casos de abusos sexuales perpetrados en Boston por miembros de la Iglesia Católica.

Eso es todo cuanto diré sobre la trama.

Lo mío va por otro lado. Por lo que transpira esta obra. La forma de narrar la historia. Una historia que nos compromete y nos invita a recordar porqué vemos, necesitamos y nos gusta tanto el cine. En lo personal extrañaba ver en el cine estas grandes historias, con guiones verdaderos que nos hacen reflexionar sobre nosotros mismos, nuestra propia realidad y que ponen en tela de juicio nuestras verdades y creencias más personales. Aquellas historias que de un tiempo a esta parte solo era posible encontrarlas en la bullante industria de las series para televisión.

Y no es descabellado creer que con la trama de Spotlight el formato de serie habría sido un éxito. Ocho episodios atrapados viendo como un grupo de periodistas tratan de superar los obstáculos de quienes intentan detener su investigación, descubriendo en el camino hasta donde son capaces ciertas instituciones (como la Iglesia Católica en este caso) para ocultar la verdad.

Al menos suena tentador ¿o no?

No obstante, ofrecen esta historia al cine. Y eso se agradece. Porque es un gesto noble con la historia y con la industria. Porque, aun cuando el cine la obliga a condensarse a dos horas y un poco más, brillantemente logran hacernos parte de una obra que si bien tiene un comienzo un tanto exigente introduciendo los nombres y personajes que tejerán la trama, a un ritmo personal, paulatino e intenso a ratos, consigue resolverse sencilla y conmovedoramente. Y el hecho de abordar esta historia como una cinta cinematográfica y no otro formato es importante también porque, nos guste o no, el cine tiene un peso distinto, nos llega de otra manera y sobre todo porque el cine es parte del ADN de la generación que está lejos del acceso actual, lejos del tipo de verdades que Spotlight quiere contar.

Por eso digo que Spotlight hace un guiño a los fundamentos del cine. Porque cuenta bien una gran historia que merece ser contada bajo las virtudes del arte cinematográfico. Y no es sólo que lo piense yo. La cantidad de premios recibidos a mejor guión hablan por sí solos. En Spotlight lo que prima es la historia. En Spotlight no existe otro gran protagonista más que la historia y el que manda es el guión. Acá también hay que darle crédito al reparto de lujo con el que cuenta esta cinta, que ponen sus talentos al servicio de la historia construyendo una narración colectiva y colaborativa. Indudablemente un gran triunfo.

Spotlight aparece como un elefante en la sala, un tipo raro, pidiendo la opinión entre superhéroes y naves espaciales para decir algo que en el actual mercado cinematográfico no se dice mucho: Una verdad. Una verdad que duele, que es cruda y que da rabia.

Spotlight quizás no sea la mejor película de los últimos tiempos, mucho menos la más exitosa en taquilla, pero muy seguramente y con justa razón, Spotlight sea la mejor historia, la historia destacada. Aquella que necesitamos que nos cuenten y que da para pensar: por qué no hay más películas como esta.