Ser niños en un mundo 2.0


Vivimos en un mundo digital, de eso no hay duda. Estamos conectados a la computadora o pegados al teléfono durante la mayor parte del día, unos más que otros.

También los artefactos eléctricos en nuestras casas han cambiado en los últimos anos, hasta podríamos incluso llamarlos artefactos electrónicos: las cafeteras no sólo sirven para hacer café sino que hasta calientan la leche, muelen el grano fresco y sirven la medida preseleccionada. Los hornos se pueden programar de tal forma que cocinen solos a determinada hora, los equipos de música pueden ser dirigidos desde nuestros celulares, los televisores se controlan desde la computadora, los aires acondicionados se regulan a través de las tablets…en fin, estamos frente a una revolución tecnológica, que diariamente transforma nuestro entorno.

Este mundo digital también es el hogar de las nuevas generaciones, de los niños que crecen con la tecnología integrada en sus vidas. Existen hoy en día millones de juguetes que imitan los „juguetes electrónicos“ de los padres: laptops, teléfonos celulares, teclados, cámaras; la lista es interminable.

Por medio de estos primeros juguetes que copian los electrónicos del mundo real, el niño aprende a imitar a sus padres. ¿Quien no ha pretendido hablar por teléfono en su niñez?

Quizás mi generación haya jugado con el típico teléfono -improvisado de dos latas y un piolín- pero hace muchos años que los niños ni siquiera adivinarían qué hacer con las dos latas: todo es inalámbrico hoy, de colores, con luces.

Los niños imitan a los padres y eso es bueno, incluso cuando se trata del uso de artefactos electrónicos. La imitación es parte del crecimiento y de la maduración del niño. Cuando los pequeños utilizan su capacidad inventiva para recrear los eventos que captan a lo largo del día, lo que en realidad están haciendo, es integrar y adaptar los conocimientos del medio que los rodea.

Muchas de las tecnologías existentes son muy buenas para trabajar con los niños, porque sirven para familiarizarlos con las competencias que tendrán que desarrollar como jóvenes del siglo XXI.

No obstante, existe una gran preocupación de que los niños pasen demasiado tiempo frente a los artefactos digitales, en detrimento de los medios de entretenimiento no digitales, tales como juguetes que estimulan los juegos de rol, puzzles, disfraces, libros.

Es recomendable que los niños tengan una exposición limitada a los medios audiovisuales. Y esa limitación, no sólo debe tener en cuenta la cantidad de horas a las que se expone al niño a lo electrónico, sino que también es imprescindible que se haga una selección de los contenidos a los que se quiere exponer a los chicos.

El medio audiovisual será bueno en la medida en que logre que el niño sea estimulado a la interacción. Muchos niños quieren imitar lo que ven en algún programa televisivo y eso es natural, e incluso deseable. Porque de esa forma los pequeños desarrollan la capacidad de recrear e inventar historias.

En cuanto a la motricidad, hay quienes sostienen que el trabajo con el ratón de la computadora y diversos juegos con teclado ayudan a los chicos a perfeccionar la coordinación de la mano. Eso es cierto, no obstante, existen ejercicios con juguetes tradicionales (bloques de madera, Legos) que ayudan al desarrollo de la motricidad infantil de la misma forma o, en su defecto, de forma más efectiva.


Como ocurre con muchas cosas en la vida, lo fundamental parecería ser encontrar el equilibrio. Que el niño juegue con artículos electrónicos no es malo. Se convierte en poco conveniente si es el único medio lúdico del niño, es decir, si en vez de jugar con otras personas (padres, hermanos, amigos) lo único que hace el niño es jugar con artefactos electrónicos.

Lo mismo ocurre con los medios de comunicación, no es malo que los niños miren tele o vean películas, siempre y cuando sean aptas para su edad. De hecho está demostrado que incentivan la capacidad creativa del niño y estimulan el juego del rol: el querer disfrazarse y escaparse a un mundo originario.

Pero realmente es poco beneficioso si el niño, luego de ser expuesto al contenido mediático, no tiene la oportunidad de plasmar su imaginación mediante algún diálogo o interacción con otro ser humano. „El chupete electrónico“ calma en un primer instante,pero también sobrecarga de manera inmensurable con estímulos que, si no encuentran una salida, pueden derivar en déficit de atención e hiperactividad.

Vemos que resulta esencial que tanto la exposición mediática, así como los juegos electrónicos ocurran acompañados de la interacción con otra persona.

Somos seres sociales y necesitamos interactuar con pares y con mayores, por igual. El estímulo o beneficio que tengamos del uso de lo electrónico tiene que ser la interacción social y no, como ocurre en muchos casos, la exposición mediática descontrolada. Las películas y los juegos no interactúan, sólo estimulan.

Es por eso muy importante que entendamos que, a la hora de abrir el mundo electrónico a nuestros hijos, los que debemos ejercer el control somos los padres.

Así como educamos a nuestros hijos en muchos ámbitos de sus vidas, es importante guiarlos en este campo también.

El uso responsable de los juguetes electrónicos y la exposición mediática seleccionada va a permitir que nuestros hijos desarrollen las destrezas necesarias para sobrevivir en la jungla multimediática del siglo XXI.