Hablando con soledad

El tiempo se consume de pistas elaboradas en mi cráneo, como una vela que se incinera, termino en un típico signo de pregunta. Sintiendo cómo el iris de mis ojos juega con mis sentimientos, se proyecta en mí, palpita de angustia por la sangre que recorre mi cuerpo, cada vez más rápido, hasta llegar en un tic en mis manos al fingir ser alguien y a la vez nadie. Muriendo de parálisis, viendo el vacío, y todo por causa de ella.

Recordé que ella era nadie, porque no había nada para recordarla, nunca existió un recuerdo de su imagen, ni siquiera una foto. Al menos que la mire y después nunca más. Ella estaba sentada viendo un partido de tenis puestos sus ojos al vacío; ella al vacío del partido de tenis; y yo al vacío de ella, volando con los pies en la tierra. Todos estábamos observando a la nada de una forma diferente.

En el día de ayer en la Federación de Miraflores, entre las canchas la vi, con la misma cara de perdida de no saber qué hacer o con quién hablar, trasmitiendo un aire de misterio por lo pálido y desconocido que se proyectaba en los rasgos de su rostro. Caminé toda la tarde pensando en su imagen que creó en mí una curiosidad enorme, solo una ilusión de saber cómo es. Caminé en toda la Víctor Emilio Estrada de largo, me quedé pensando en lo mismo una y otra vez, en su espectro, en el vacío de sus ojos, y con la misma cara de sueños que tenía ella. No quería estar con solo la idea de pensarlo, sentía las ganas de dispararme la cabeza como un decapitado para explotar mi mente, y así, salpicar su camisa deportiva, para que de blanco se pintará a rojo, para que al menos viera mis pensamientos, o la gota fría y rojiza de mis emociones. Solo quería volarme los sesos como Medardo Silva, para llamarle la atención de mi sangre y supiera de mi existencia.

Es un silencio oportuno para las acciones en la que ninguno de los dos hace algo para romper el hielo. El vacío siempre estorba para una iniciativa, y más cuando hay miedo, incertidumbre, inseguridad, y sobre todo, el deseo que frena todo lo que uno quiere hacer. Ya que cerré los ojos para poder fluir en la situación, esa costumbre de decir las palabras insensatas y trabadas por el sudor de la palpitación, es un delatar de pupilas que deja un cierto aire de expresión por mi alma. Empecé a pronunciar las primeras palabras para iniciar una conversación, declarándome a ciegas para un corazón que siente, con la piel de gallina por el miedo al infortunio.

Bueno… Qué ironía que, al terminar las frases sentimentales, que de un abrir y cerrar de ojos, la dejé pasar. Terminé hablándole al vacío, en un simple monólogo sin significado, declarándome a ciegas para un corazón que no siente, con la piel de gallina retenida entre las venas, esperando que vuelva para hablarme, al menos que sea la soledad llamándome para consolarme.

Sábado, 13 de abril del 2013

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.