La necesaria futilidad de la melancolía
Siempre es complicado esbozar lo intangible en algo palpable. La materialización de lo abstracto deviene como un ejercicio de decantación alquímica de la realidad. Este escrito queda como una evidencia metalingüistica de la consciencia propagándose en la no-materialidad.
Advierto que el lector no debe realizar ningún esfuerzo adyacente que implique coherencia en lo que radica en las presentes líneas. Acaso sugiero una comprensión estética de un ejercicio creativo que bien puede ser interpretado como poesía; como una fiesta fonética que emerge de la experiencia vivida de una entidad orgánica y etérea posicionada en una coordenada geopolítica específica. Es un impulso energético que busca la metamorfósis sintáctica para transmutar la melancolía en un producto de consumo sin destinatario. Una algarabía del lenguaje que busca la redención.
Porque lo más loable que hace un ser humano es permitirse experimentar todas las facetas de su interfaz bioenergética. No obstante, los estados del ser no deseable se configuran como trascendentes, porque exprimen los jugos de la psique para revelar nuevas formas de coexistir con el prójimo, el todo y la nada. ¿La enfermedad psicosocial contemporánea será producto de una cada vez más reducida capacidad de expresión?
Es por eso que debe prevalecer un culto a la melancolía, porque de ella surge una forma de belleza que asciende a lo sublime y nos purifica. Abrazarnos con el ejercicio intelectual del entendimiento emocional es una forma de resanar las grietas que nos fisuran. No debe de tener sentido, sólo debe ser. Un impulso puro e incauto que se le permita emerger; sin ningún tipo de sesgo pragmático que busque encuadrarlo en un marco teórico. Encuentra tu forma y adhierete a ella. Buen viaje de vuelta a casa…
