¿Viajar abre la mente?

Por Erick Huicochea

Una de las aspiraciones más anheladas en la sociedad actual es la de viajar. Vivir experiencias fuera de la rutina, registrarlas en Instagram y compartir con el mundo una muestra del gozo que produce conocer sitios nuevos, es una práctica arraigada en toda una generación. Sólo basta dar un vistazo a la cantidad de influencers que en hoy en día capitalizan el lifestyle de trotamundos y generan anualmente una industria millonaria. Los seguidores, además, se cuentan por legiones. Pero más allá de la idealización que existe en torno al acto de viajar, vale la pena recordar porque es importante hacerlo con frecuencia en la vida.

Adquieres perspectiva.

Viajar representa una inmersión total a nuevas realidades. Exponernos a nuevas atmósferas, atestiguar el estilo de vida de una sociedad distinta a la nuestra e interactuar con culturas ajenas, enriquece mucho la forma en la que concebimos el mundo. Muchas veces sucede que hay personas con menos recursos que nosotros. Eso nos permite valorar lo que tenemos. Aquí la enseñanza más importante que he adquirido es la gratitud. Viajar me permitió darme cuenta que tengo lo necesario para tener una vida digna y agradecer todos los días por ello. Parece irónico pero en un mundo hiper mediatizado aún hay muchísima gente que carece de servicios básicos como agua potable, acceso a cuidado médico o alimento. Por otra parte, también encontrarás en el camino personas y lugares opulentos que te permitirán dimensionar los alcances del ser humano, y ¿por qué no?, despertar ambiciones que no sabías que tenías y plantearte nuevas metas. ¿Si alguien ya lo logró en alguna parte del mundo porque tu no?

Descubres qué lugar ocupas en el mundo.

Cuando viajas, adquieres el rol de embajador de tu cultura. Ya sea que visites otros países o interactúes con extranjeros, te conviertes en una muestra viviente de la cosmovisión de todo un pueblo. Cuando me dí cuenta del interés y asombro que provoca la cultura mexicana en personas de otras partes del mundo, despertó en mí un fuerte sentimiento de arraigo y orgullo por pertenecer a mi país. Y es que no siempre es fácil asumirse como un mexicano orgulloso, cuando la violencia, corrupción e inseguridad son uno de los incómodos estandartes que nos representa en el imaginario global. Pero vivimos en un lugar de contrastes; por fortuna la belleza y complejidad de esta tierra es superior a sus defectos. México es uno de los países más visitados por turistas de todas latitudes del planeta; esto es un fiel reflejo del fuerte magnetismo que posee esta tierra. Cuando viajes por el mundo, no olvides que hay miles de personas deseosas de visitar el país que llamas casa. Presúmelo y habla bien de él.

Aprendes sobre la importancia del otro.

Pensar que nuestro estilo de vida es el correcto y descalificar todo lo que no se adecue a ello, es un error gravísimo que puede costar caro. Viajar nos enseña sobre la importancia de las personas, a respetar y aprender las virtudes de estilos de vida diferentes al nuestro. Estar en constante movimiento nos permite entender las diferentes formas en las que el ser humano se ha adaptado a su entorno y aprender de ello. Nuevos sabores, colores, texturas, es lo que te espera en el andar. Viajar te ofrece nuevas perspectivas sobre la vida que desconocías y que puedes implementar en tu propio entorno. Las respuestas que siempre has buscado pueden encontrarse en tus próximas vacaciones o destino.

Te enseña amar un núcleo.

Paradójicamente, muchas veces sucede que cuando viajas constantemente, despierta un misterioso anhelo por pertenecer a un lugar. A menos que decidas ser un nómada de por vida, tener la posibilidad de conocer nuevos lugares suele encaminarte a elegir un sitio que se adapte a tus aspiraciones y necesidades. Tener un lugar al cual llegar después de cada viaje y poder llamar hogar, es para mi un síntoma de la plenitud. Amar viajar, pero también amar siempre volver.

Es divertido.

Me reservé la mejor parte al final. Viajar es divertido. Viajar nos permite mantenernos en el estado de asombro continuo que nos caracterizaba cuando éramos niños. Esa forma de ver el mundo donde todo es nuevo, sorprendente y despierta en nosotros una curiosidad infinita que nos mantiene vigentes y en estado óptimo. ¿Necesitas más pretextos?