Un viaje, no un destino.

La vida no es el destino es el viaje.

Durante este viaje atravesarás tormentas. Las nubes oscuras de la incertidumbre estarán presentes queriendo cubrir el sol de la esperanza.

Los vientos fuertes del temor querrán arrasar con los deseos de vivir y los sueños que el alma ha construido. Cuando eso suceda, aprende a volar por encima de las tempestades.

Tu confianza en el Dios serán las alas que te lleven a ver la tormenta por encima de la desolación, podrás observar calladamente su curso mientras sigues avanzando, aún cuando el miedo cimbre tu nave y amenace con volcarla.

En el proceso, aprenderás a descansar en Sus brazos, y dormirás como un niño que se sabe amado y cuidado por su padre.

Cuando los truenos ensordecedores de la insatisfacción y de la vida cotidiana quieran ahogar el sonido suave de tus oraciones…aprende a clamar con tu corazón, cierra tus ojos y sigue confiando.

Las sombras reflejadas por la noche de tormenta, no son otra cosa que la presencia de la luz: no temas, Dios está contigo en el viaje, como un Eterno y Fiel compañero.

Llegarás a un un sin número de estaciones, algunas más agradables que las otras, pero cada una parte de la ruta, qué hay que atravesar para llegar al destino final.

Los pasajeros irán y vendrán a tu lado. Algunos te acompañarán durante esta aventura llamada “vida”. Muchos pasaran y ni siquiera te dejarán un recuerdo; otros marcarán tu vida de una manera que les llevaras en el corazón bendiciendo el haberles conocido; mientras que quizá, a otros recordarás con dolor y el sinsabor de haberlos encontrado. Sin embargo, su huella también será importante, porque te ayudaran a crecer, te desafiaran a aprender a amarles aún cuando te han desgarrado el alma a través de la traicion, el rechazo, el vituperio.

La vida es un viaje no es tu destino final. Viaja ligero de equipaje, lleva contigo cosas que valgan la pena: amor, fe, esperanza, sonrisas y compártelos con cada compañero de trayecto que encuentres. Porque seguramente, más adelante encontraras alguien que también compartirá contigo.

El odio, el resentimiento, la envidia, son un equipaje pesado, son cadenas que te impiden avanzar: ¡suéltalas! No valen la pena.

Cuando finalmente llegues a tú destino, a tu morada eterna, si has vivido para servir, y para dar de ti, en esta aventura llamada vida…sabrás que el trayecto al destino habrá valido la pena.