Con la Virgen y el Espíritu Santo

Eran las diez de la mañana en Tegucigalpa y me encontraba sentado en mi escritorio, chateando por Facebook con dos amigas, Yeny y Kanata, católica la primera y evangélica la segunda. Compartiendo la experiencia que tuve en el 2009 con el Padre Luigi Simeoni.

Cuando no sé por qué razón, me levanté de la silla para ver a mi madre, despedirse de mí para hacer unas diligencias. Estábamos todos preocupados por la salud de mi padre ya que no podían sus doctores, averiguar la razón de la fiebre inexplicable que le afectaba.

Vi a mi madre en el descanso de las gradas -yo estaba arriba- hacer un ademán, levantando una carpeta hasta arriba de su cabeza y luego hacia abajo hasta, golpearla en su muslo derecho. Un ademán que no tendría nada que ver con las palabras que salieron de su boca.

“Con la Virgen y el Espíritu Santo” fueron sus palabras y me hizo reflexionar. No tenía nada que ver el ademán, que parecía, por su movimiento, como que había perdido u olvidado algo antes de bajar las gradas. Me puse a pensar y sólo pude concluir que era un mensaje. Rezar el Rosario y pedir por la salud de mi quebrantado padre.

Busqué en la guía del servicio de cable, la estación oficial del catolicismo para Latinoamérica -EWTN- y buscar los horarios para empezar a rezar el rosario.

Me puse en contacto con todas las personas allegadas y ex-compañeras que sabía me podrían ayudar a rezar por mi papá.

Pasó una semana y comenzó la salud de mi padre a mejorar, y después de sentir en mi alma, un estado de gozo que no se puede explicar, mas que a la experiencia de rezar todas las noches religiosamente los misterios del rosario, había encontrado el poder de dicha oración.

Han pasado varios meses y me siento agradecido.

No era ni sería la primera vez que habría tenido experiencias como esta. No lo pienso mucho y considero, que haber dedicado el tiempo de cuaresma, a la oración-meditación personal del rosario, habría sido parte del mejoramiento de la salud de mi padre.

Habrán otros tiempos de cuaresma, otros tiempos de reflexión y oración, otros tiempos de misterio, fe y testimonio.

No me hago más preguntas, que la razón pueda explicarme. Todo ha sido un acto de fe.

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