Opciones

A principios de año, una amiga me dijo: “Yo creo que este año cambio de novio”, le cuestioné por qué no lo hacía ya si no estaba convencida de seguir con él, respondió que no “había” alguien más… (Pensé: Claro! habla de cambiarlo, no de dejarlo…)

Es muy común que, tanto hombres como mujeres, estando en una “relación seria” nos dejemos seducir por la tentación de NO dejar pasar la oportunidad de conocer a otras personas, esto se potencializa cuando nos sentimos con dudas o estamos inconformes con lo que estamos viviendo, o quizá, simplemente estamos aburridos, inmersos en la rutina del día a día.

Cuando estamos en un trabajo y nos sentimos insatisfechos, el consejo por excelencia es: “no renuncies a tu trabajo hasta que tengas algo seguro en otra empresa”, suena sumamente sensato, pues estaríamos arriesgando la estabilidad que nos brinda ese trabajo por algo “inseguro” estaríamos saltando al vacío, prácticamente una apuesta. ¿Qué pasa si esto mismo lo trasladamos a una relación en pareja? Si estamos con alguien y, de alguna manera, nos sentimos insatisfechos, ¿sería un buen consejo: “no dejes a tu novio hasta que te hayas enamorado de alguien más”? En todo caso estamos hablando de “un compromiso”, ¿o no?

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