Envenenaron el agua pero no envenenaron la voluntad de nuestra gente

La policía llegó sin papel en mano, yo nunca vi ninguna orden judicial pero aún así le dijeron a la gente: “Vamos a desalojar dentro de dos horas, tienen que salir de aquí y sino vamos a proceder”. El 28 de julio sacaron a toda la gente, pero días atrás yo había notado algo extraño, hubo ciertas ocasiones en las que muchas patrullas de la Fuerza Pública rondaban la finca, no era normal tanta vigilancia en Chánguena si ahí nunca pasa nada, ya yo veía venir el desalojo.

Las 119 familias que ese martes fueron desalojadas vivían en Cuadrante Tres, un terreno pequeño de dos hectáreas que colinda con la Fincha Chánguena, donde antes funcionaba la bananera que llevaba el mismo nombre y que también está junto a la bananera Térraba, lugar donde yo trabajé como peón por algún tiempo; en total es un área de 367 hectáreas donde campesinos habían encontrado una forma de ganarse la vida en Palmar Sur de Osa.

Yo no fui desalojado, tuve la suerte y bendición de conseguir mi parcelita en finca Térraba, la que está cerca que a diferencia de Chánguena ya está en un proceso de compra por parte del Estado. Pero he vivido todo el conflicto y sé que todo es una gran injusticia, lo pongo así, desde que la cooperativa le arrendó esos terrenos al señor Echeverría Heigold en 1991 para que pusiera en operación las bananeras Térraba y Chánguena nada pintaba bien.

Yo ya tengo 40 años, no nací ayer como para no saber que esto no iba a terminar bien, la Cooperativa de Autogestión de Productores Agropecuarios y Servicios Múltiples del Sur (COOPALCA del Sur) le arrienda terrenos y hasta le cede las escrituras a un empresario privado para que busque financiamiento en un banco del Estado. En resumen: la cooperativa pone las tierras, el Estado pone la plata y el empresario no pone nada.

No me pueden decir que había buenas intenciones del señor. Si yo, Daniel Villalobos Ferreto, un simple trabajador que tiene una pequeñita empresa privada llega a una cooperativa y a un banco con esa idea es casi seguro que se burlan de mí.

La policía estaba en Cuadrante Tres presionando para que se abandonaran los terrenos, muchas familias salieron solas, había mucho temor y preocupación, lo notaba en la cara de cada campesino que veía salir de su ranchillo con las pocas cosas que tenía, el Gobierno se dejó decir que en el desalojo había gente hasta del PANI y eso es mentira, en ese momento estábamos nosotros y la policía. La gente salió de ahí directo al puente sobre el río Térraba.

Yo vi en redes sociales que a esta gente le llaman precaristas, ninguno de esos chiquitos o de esas señoras que caminaban rumbo al puente es precarista, aquí el único precarista es Óscar Echeverría Heigold que entró a esas tierras con un contrato ilegitimo, y es ilegitimo porque se le venció desde el 2011. Un señor que cuando nos tuvo como empleados en estas bananeras se burló de nosotros.

Desde el 2001 empezaron los problemas con él, hubo un tiempo en el que nos pagaba sólo un 75% del salario, entonces quedábamos 113 trabajadores, luego empeoró la situación y nos daba sólo un 50%, también se le metió la idea de pagarnos con bonos de comida que yo iba a canjear al supermercado del Palmar Sur.

Llegó el punto en el que no recibía ni salario, ni bono; esto llevó a que en mayo del 2001 le hiciéramos una huelga que se prolongó por dos meses, pasando esos dos meses nos despidieron sin responsabilidad laboral. A mí me quedó debiendo como tres quincenas, más vacaciones y todo eso.

Cuando uno se ven sin salario, en un pueblo donde no hay manera de conseguir trabajo, en la Zona Sur-Sur no hay empleo para nadie, la situación es crítica; uno ve esa realidad y entonces sabe que hay que buscar una manera de cobrar esa deuda. Entonces se decide tomar las tierras para poder decir que estamos paz.

Ya mucho tiempo después el señor me tuvo que pagar pero no de buena voluntad, algunos le metimos un proceso para poder cobrarle, al final fui por mi cheque a los Tribunales de Osa porque yo al señor no lo veo en la zona desde el 2001. Se convirtió en un asunto de dignidad.

Como dije antes, yo me metí en finca Térraba y ya llevo 15 años viviendo ahí. Pero el conflicto lo tienen los que viven en el Cuadrante Tres, la mayoría de gente que queda en ese lugar son antiguos empleados del señor Echeverría que ya tienen casi 20 años de haber llegado al lugar, está el caso de Pedro Ortíz, Pedro ha estado en ese lugar prácticamente desde que se abrieron las bananeras hace dos décadas.

Hay dos kilómetros entre las casas y el puente, las dos horas que la policía dio de tiempo se habían pasado, nosotros nos dividimos en un grupo de gente, un grupo se quedó en la finca buscando sacar lo que se podía rescatar de las casas y en otro grupo que se fue al puente. Yo me fui para el Térraba junto con 81 personas, las familias se instalaron sobre el asfalto como si fuera un paseo a la playa, había tiendas de campaña a lo largo de un carril, sillas plásticas, cortinas, cobijas y uno que otro juguete de los pocos que ya de por si le quedaban a los chiquillos. Pronto llegó la policía de tránsito y empezó la presión para desalojar el puente.

Con tanto por pelear con el señor, en el 2001 fundamos otra cooperativa a la que le pusimos COOTRAOSA, de esa yo soy el Vicepresidente del Concejo de Administración y nació precisamente para apoyar a todos estos campesinos tras el abandono del patrón. Y el colmo es que el mentado patrón no sólo nos debe plata a nosotros, me reuní una vez con Juan Carlos Corrales que es el Subgerente del Banco Nacional y nos dijo que Heigold le debe al banco más de cuatro mil millones de colones y que no le han cobrado porque no han podido notificarlo. Esto parece una película de esas malas, no han podido notificarlo en un banco donde sabemos que el señor hace trámites.

Mantiene esa deuda con el Nacional, que viene de un préstamo con el extinto Banco Anglo, que se cobra a través de un fideicomiso, por otra parte debe por concepto de cuotas obrero-patronales a la Caja Costarricense del Seguro Social el pequeño monto de 404 millones de colones. Yo sólo tengo una duda, si yo no pago un mes del préstamo del banco: ¿Usted no cree que rápido me quitan la casa y me tiran a la calle?

Con todo y el descaro de tener ese chorro de deudas con el Estado, el patrón moroso va donde el Ministro de Seguridad del gobierno de Miguel Ángel Rodríguez, que era Rogelio Ramos, y le solicita el desalojo de estas tierras. El Ministro -y todos los que siguieron- le dieron largas al asunto hasta que en el 2014 Echeverría decide demandar al Estado. La Procuraduría concilia con el empresario y le concede el derecho al desalojo, no era que había una orden ni nada, la orden yo sigo esperando verla.

En el puente comenzó un juego sicológico, hubo presión de la policía y de tránsito para que se abandonara, pero esta gente es fuerte y no se iba a ir fácil, lo que hicimos fue siempre dejar un carril abierto, la gente siempre mantuvo sus tiendas en la mitad del puente, en la otra mitad había paso normal. En pocos minutos alguna gente publicó en redes sociales lo que estaba pasando, pasamos de ser 81 personas en el puente a 500 cuando ya se acercaba la noche. La solidaridad del pueblo fue inmediata.

Los primeros días los mismo vecinos nos llevaron comida, llegaban con emparedados y termos con café, cuando ya se vio que el asunto iba para largo fue necesario armar una cocina en el puente, hasta se tuvo que crear una comisión de cocina que fue la encargada de preparar los arroz y los frijoles durante los diecisiete días que se estuvo en el Térraba.

Uno no encuentra la justificación legal para lo que pasó, el contrato que don Óscar tenía con la cooperativa estaba vencido desde el 2011, COOPALCA del Sur es la dueña legítima de las tierras, eso es algo importante porque nosotros nunca hemos dejado de reconocer que esas tierras son de COOPALCA del Sur, es más nosotros ofrecimos a través de un intermediario comprarlas, son tierras de la cooperativa no de Heigold; por lo tanto él no tenía ni tiene poder alguno sobre esas tierras.

Aun así le conceden el derecho al desalojo, desde antes del 2014 sabía que ese desalojo se iba a dar, teníamos a gente conocida que nos mantenía informados, funcionarios honestos que sí pensaban en todas esas familias que iban a quedar en la calle, hubo gente que criticó a las familias por tener a los niños en el puente, lo que no saben es que esas familias no tenían a donde llevar a sus niños más que al puente.

Luego vi que la Viceministra de Salud, María Esther Anchía, dijo en declaraciones que estaba muy preocupada por salud de la gente que estaba en el puente, pero yo con todo respeto digo que cómo es posible que no la veo igual de preocupada para ver cómo se le cobra la deuda de 400 millones a Óscar Echeverría, debería estar coordinando con abogados del Ministerio de Salud para recuperar esa plata.

La noche del 6 de agosto, nueve días después del desalojo, se cerró por primera vez el paso total por el puente, el Gobierno no llegó a la cita para negociar y las familias estaban indignadas. Al día siguiente el Ministro de la Presidencia, Sergio Alfaro, llegó con la propuesta de dar bonos de alquiler de 3 meses y prolongables hasta 6 para unas 60 familias. ¿Y el resto? Claramente estábamos lejos de un acuerdo.

El 14 de agosto, con mediación del rector de la Universidad Nacional, Alberto Salom, recibimos la segunda propuesta del Gobierno que ofrecía el traslado a una finca que está ubicada como detrás de Palmar Sur, con decirle que son seis hectáreas donde no se podía cultivar. Y donde además ya viven otras familias, iban a generar un doble conflicto.

Nunca entendieron en que radicaba esta lucha, no era un asunto de vivienda, si es por vivienda ahí se acomodan las familias entre las parcelas de la finca Térraba. Los campesinos querían la tierra, viven de lo que siembran, entraron a Chánguena para trabajar la tierra, son campesinos que necesitan salir adelante y lo que saben hacer es sembrar maíz, plátano, granos básicos. La tierra es de quien la trabaja, esa siempre fue la consigna.

La respuesta a la segunda propuesta obviamente fue no. De inmediato hubo bloqueo de las dos vías en el puente, pero esta vez las familias ya sabían que era hora de volver a Chánguena, no pasó mucho tiempo para que aquel puente que había hospedado a más de cien familias quedara limpio, se desarmaron las tiendas y la cocina improvisada, se recogieron las cobijas y las almohadas, y comenzó el viaje de vuelta de dos kilómetros hacia la finca. A las once de la noche estaban otra vez en casa. O en lo que quedó de ellas.

Hubo que reconstruir todo eso, no nos pueden volver a desalojar porque como lo dijo el mismo Ministro de Seguridad, Gustavo Mata: “Eso es una propiedad privada y no se puede entrar a menos que exista una orden, y en este momento no la tenemos”. Pero hay que buscar una solución definitiva, el camino es una propuesta de un proyecto con el INDER, ya sea en la finca Chánguena o en otra similar.

Los campesinos ya aprobaron una hoja de ruta, se pretende sembrar 80 hectáreas de plátano premium, otras 80 de plátano industrial y darle dos hectáreas a cada familia para que desarrolle ahí su plan de vida, que siembren sus granos básicos o su pasto, lo que decidan. Queda retomar el diálogo con el Gobierno, hay que decir que fueron ellos los que se levantaron de la mesa y se fueron con la excusa de que bloqueamos la vía.

Desde que se salió de Chánguena se tenía esa idea de que había que regresar, ahora algunos vacilan con que extrañan el puente, que ya estaban acostumbrados a esa gran familia durmiendo junta en el asfalto. Pero volver a la finca tampoco fue fácil, mientras la gente desalojada estaba en el puente, los lacayos de Echeverría entraron a la finca y botaron las casas, quemaron los cultivos y contaminaron el agua: ¿Quién en su sano juicio envenena el agua?, ahora tienen que cavar de nuevo los pozos y rezar para que no se haya contaminado todo. Yo si digo con seguridad que pudieron envenenar el agua pero no envenenaron la voluntad de nuestra gente.

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