Es nuestro y no se puede tocar

¿Cuál era aquél objeto que de niño no le prestabas a nadie? ¿Cuál es tu celebración favorita?

El ambiente en México se prepara para esa mítica festividad que nos caracteriza como Nación: El día de muertos.

Es curioso como esta fiesta la hemos apropiado y no la compartimos con nadie. Pero ¿por qué sentimos que es nuestra? ¿Será esa mezcla entre factores como nuestra herencia hispana, mesoamericana e incluso africana? O queremos incluso hacer algo que nos de miedo muy al estilo de aquellas películas estadounidenses que por mucho están alejadas del “terror” (palabra muy subjetiva, hay que aclarar, pues varía de persona en persona).

En mi opinión esta fiesta es nuestra o al menos la sentimos así, debido a la experiencia que tenemos y al entorno. No se trata de de celebrar a los muertos o adorarlos cual dioses con su altar. Es en nuestra primitiva forma de ver a la vida donde festejamos nuestra creencia que incluso después de la muerte seguimos existiendo (tal vez en la memoria de aquellos con los que nos topamos mientras respirábamos).

Esta fiesta nos une como gran familia, hace recordar que nuestras acciones tienen consecuencias y que a lo largo de este viaje sí importa con quiénes nos juntamos.

Esto va más allá de los usos y costumbres o de un “folclor”, pues toca lo más profundo de nuestro ser, aquello que no sabemos pero sentimos.

No es solo una noche de espanto ó de espiritismo, es una noche que detiene el tiempo y nos permite tocar el tiempo, revivir el pasado y a quienes ya no están pero siguen estando.

Esta noche la sentimos nuestra y no se puede tocar.
Entre flores nos reciben y entre ellas nos despiden.
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