El absurdo del aborto

El tema del aborto ha sido acompañado de incontables controversias y discusiones desde hace décadas. La lucha entre posturas, argumentos, creencias, víctimas, testimonios, etcétera, ha implicado desde debates en donde salen a relucir argumentos falaces y dogmas rígidos, hasta movimientos sociales que rayan en el vandalismo. Sin embargo, una cosa me queda clara: no se trata del aborto, ni de los argumentos, sino del ser humano y sus propias contradicciones.

Tal vez no sea difícil determinar y mantener una postura al respecto, sea a favor o en contra; pero sí es complejo -por lo menos para mí- considerar todos los factores que se ven involucrados en el tema, tanto como pasar un amargo trago por la garganta. Y es que, antes de pensar en las cuestiones sobre si un aborto es homicidio o no, me surge el cuestionamiento: ¿por qué tendría que ser necesario abortar?

Si bien existen casos en donde se trata de un tema de salud o complicaciones en el embarazo, gran parte de las situaciones en discusión se derivan de situaciones de violencia y abuso. Ésto es lo absurdo. No porque la interrupción del embarazo sea “buena” o no, sino porque lo que de verdad se pone en tela de juicio es la esperada -mas escasa- integridad del ser humano como un ser vivo “civilizado” que se supone que cuenta con intelecto y ha inventado la ética. Al final del día, se está discutiendo sobre cosas que son fruto de un -gran- cúmulo de seres humanos, hombres y mujeres, que son egoístas, violentos, y que se encuentran sumidos en un círculo vicioso de sufrimiento. Las víctimas de violencia se convierten en victimarios, y los chivos expiatorios terminan siendo personas, hombres y mujeres, que se vuelven el espectáculo de otros.

Queramos o no, esta es la realidad que hemos construido y es a partir de las situaciones y condiciones actuales que tenemos que pensar en soluciones particulares para problemas particulares, pues tampoco es sabio pensar en generalidades. Lo cierto es que, todos y cada uno de nosotros somos seres vivos que queremos estar bien y no sufrir, y pienso que es a partir de este hecho que debemos pensar qué es lo adecuado o no para cada situación, aún si eso incluye abortar.