1x04 - Ven a mi casa esta navidad

Los últimos días de diciembre solían ser los más tranquilos, entraban poco menos de 50 llamadas al día, sobraba el tiempo libre y por lo tanto las ideas de cómo gastar el tiempo, Yordan era el especialista en inventar juegos y retos de oficina, para pasar el tiempo.

— Un paquete de galleta soda en menos de un minuto, Eduardo, si lo logra le doy veinte rojos.
 — ¿En serio, mae?

Yordan sacó un billete con la cara de la revolucionaria escritora y los puso sobre el escritorio de Eduardo, y preparó su teléfono para grabar.

— ¿Puedo tomar agua?
— Bueno.
 — Carlitos prepare el cronómetro.
 — Listo — dijo Carlos con el celular en mano.

Todos estaban seguros que no lo lograría, todos menos Eduardo.

— Uno, dos, ¡YA!

Eduardo cogió en paquete de sodas lo echó en el vaso de agua contó hasta diez y se comió la masa de galletas en menos de veinte segundos, faltando cinco segundos el reto había sido cumplido. Eduardo sonrió viendo la cara de incredulidad de sus compañeros, levantó los brazos por lo alto. Terminó de tragar la desagradable masa.

— Veinte rojitos.
 — Mae, no vale.
 — ¿Cómo que no?

Sofía interrumpió.

— Claro que sí ganó, que él sea más inteligente que usted, Yordan, no es problema de él.

A Eduardo le encantó que Sofía lo defendiera, doble victoria. Ahora todo estaba listo para invitarla a salir esta noche. Con suerte serían tres victorias.

Yordan inmediatamente borró el video que estaba seguro iba a ser un éxito en Youtube.

La escasez de llamadas les permitió, como todos los años, ir a almorzar juntos a la cafetería y de paso hacer el intercambio de regalos. Todo eran risas y diversión, todos casi ya olvidaban que estaban trabajando un 25 de diciembre, ya cada uno había repartido y abierto su regalo, y de repente José hizo su aparición.

— Un año más, muchachos, un año más que me excluyen de sus planes.

Sofía no lo podía creer, de verdad, lo había olvidado de nuevo. Le encantaría hacerlo al propio, excluirlo, y hacer el intercambio en sus narices, pero no, año con año, lo olvidaba y en estas fechas con su corazón blando, le lograba mover al menos un poco sensibilidad hacia su desagradable jefe.

— Perdón, don José.

José se fue girando sobre su propio eje, rápidamente, y tirando su cabeza para atrás. Drama digno de una escena de telenovela mexicana. Patético.

— ¿Le compramos algo?- preguntó Juliana.

Todos bajaron su cabeza, y murmuraron nada.

— Odiosos.

— Ya se le pasará, usted sabe cómo es ese mae — dijo Mariela, rebajando la situación incómoda a cero, continuaron hablando normalmente.

Regresaron todos a sus lugares a la hora exacta. El aburrimiento era extremo, pero, al menos, ya sólo faltaban tres horas para salir. Eduardo nervioso esperaba el momento correcto para invitar a Sofía, sólo estaba esperando que Mariela terminara de hablar con ella. Las dos hablaban y reían en el cubículo de Sofía.

— ¿Y que va a hacer hoy?- le preguntó Sofía a Mariela, esperando un “nada” por respuesta.
— Nada, tomarme un vinito en la casa y abrir los regalos que me auto-regalé.
 — Mae usted si es rara con eso de los regalos.
 — No empiece, ¿por qué pregunta?, ¿quiere acompañarme?
 — Diay, sí, podría ser, no tengo nada que hacer.
 — Jale y compramos más vino, al rato y estrenamos alguno de mis regalos.- le guiñó un ojo.
 — Imposible decir que no, mala influencia.
 — Nos vamos de acá.
 — Bueno.

Mariela salió del cubículo de Sofía, Eduardo la vio, esperó un tiempo prudencial, se armó de valor y se dirigió hacia ella.

— Sofi… a. — casi.
— Casi. — Sonrió.
 — Me cuesta, lo sé. — agachar la cabeza, mala señal.
 — Tranqui. — condescendencia, malisima.
 — Sofía, se acuerda que ayer me dijo que si salíamos, ¿donde vamos?

La cabeza de Sofía se hizo un nudo, claramente se le había olvidado pero además no quería hacerlo y como extra, ya tenía planes. Inventó algo rápido.

— Mae, Eduardo, que mierda, se me olvidó, no voy a poder tengo que ir a hacer unas vueltas hoy.

Eduardo sintió que todo se quebraba dentro de él, sabía que era mentira, sólo lo estaba rechazando.

— Tranquila, no hay bronca, voy a decirle a una amiga.

Se arrepintió inmediatamente de esa última frase, pero ya que. Se retiró sin decir más.

Sofía se sintió un poco mal, pero inmediatamente le llegó un mensaje de Mariela.

Mari: “Cuidado me deja plantada, zorra!!”

Inevitablemente sonrió.

Sofi: ¡Jamás!

A Juliana le seguía atormentando la idea de que José estuviera enojado, durante la tarde lo había pensado con cuidado, y ya lo había decidido, lo iba invitar a cenar, con suerte a más. Se desabrochó el tercer botón de su blusa y fue a su oficina.

— Don José, ¿qué hará hoy?
 — Seguro la paso en la casa con Gloria — su esposa — y Josito — su hijo.
 — Quería ver si quería ir a cenar, ya que no recibió regalo.
 — ¿Quienes vamos?
 — Sólo usted y yo- bajó la cabeza.

José sabía lo que eso significaba, no pudo decir que no, su decencia era tan baja como su nivel de madurez. Y a sabiendas que en su casa lo esperaban su esposa y su hijo, aceptó. Llamó a su esposa, le dijo que llegaría más tarde. Un sentimiento de culpa lo atrapó, pero al parecer era más fuerte el ser no evolucionado, el que se deja llevar por el instinto. “Es la última vez que lo hago” se mintió. “Soy una basura” se corrigió.

— La recojo en la parada de atrás para que no nos vean.
 — Bueno.

Yordan lo pasaría con su familia, había invitado a Carlos y a Eduardo. Carlos no puedo porque, igual lo pasaría con su familia y Eduardo tenía otros planes, según le dijo.

Ese día todos salieron felices menos Eduardo. Ahora veía como Mariela y Sofía salían de la mano, le molestaba y no dejaba de pensar con qué otro par de idiotas se iban a topar.

No, nunca pensó que la fiesta la podían hacer ellas dos solas.

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