Ella y Él (el señor de las luces y la señorita de las letras)

Y la piel de ella volvió a sonreír, bastó que el bendito descontrol y las manos de él se apoderaran de cada centímetro y de cada poro de su temblorosa e iluminada dermis, traspasando la barrera corpórea para filtrarse gota a gota por sus huesos, sus emociones y ya navegando hacia el puerto de sus sentimientos.

Él la lleva camino al cielo a través de una niebla rojiza por un arroyo de besos afortunados y canciones compiladas hasta llegar a una vaporosa nube de éxtasis matizada con dejos de miradas profundas, cuerpos fundidos, respiraciones agitadas en sincronía y un par de corazones latiendo al unísono.

Lo que ella y él callan con los labios lo dicen sin hablar con la mirada una y otra vez. El lenguaje de sus pupilas dilatadas se escucha saliendo de las pestañas como alas de mariposa, y sin articular sonido alguno se dicen cosas como “te quiero, te extraño cuando no estás, soy de ti, jamás me había sentido así, quédate, ¿qué hacemos con esto?, ¿cuándo volverás?

Ella y él, una historia de amor que se cuenta a través de una caprichosa caligrafía hinchada de sedosa tinta sepia, desde la inconsciencia del perdido origen divino, se ha plasmado en el algodonoso papel del destino. El principio y el final no importan porque entre ella y él, las imagenes de este amor, aunque pasen milenios, así como un tatuaje, jamás se diluirán de su piel ni de su ya enamorado corazón, pues desde antes de haber sido concebidas ya tenían el característico sabor agridulce de la eternidad.

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