Iconoclasta

Tendemos a destruir imágenes, objetos, personas, ciudades, todo lo que represente eso que es desconocido o que trasgrede nuestros más puros pensamientos. La fuerza que tienen estas representaciones para subvertir es tal que su sola presencia daña nuestras creencias. Y actuamos de esta manera, destruyendo, para convertirlas en desechos, restos disfuncionales, que calman la angustia y el temor de que esas representaciones despierten ideas contradictorias a las establecidas.

A pesar de ello, siempre queda una huella, cenizas, escombros que delatan estas actitudes a lo largo de la historia. Pedazos que de acuerdo a los tiempos y a quien los cuente adquieren significados desvirtuados y remendados, para hacer del temeroso más ruin o más glorioso. Por lo general, los recuerdos se llenan de olvidos, sucesos que omitimos al hacer el recuento de los daños.

No hay buenos ni malos en la historia, sólo modos de actuar diferente. Así podemos pretender saber por qué destruimos y por qué nos obsesionamos por conservar viejos objetos. Ruinas. Antigüedades. Fragmentos de discursos que se alzaron para representar ideologías y que hoy son patrimonio. Bienes que nos dicen quiénes somos porque los hemos purificado a lo largo del tiempo con nuevos significados.

Todos hemos destruido algo para contribuir con la historia y ser parte de ella, o simplemente la que creamos en nuestras voluminosas mentes. No tiene que ser un algo o un alguien que nos violente; nos deshacemos de gustos y amistades que ya no nos interesan, porque hemos cambiado la forma de pensar o porque esos ya no coincidían con nuestra manera de actuar.

Crecemos. Hemos crecido y necesitamos espacio para concebir nuestra propia historia. ¿Dónde encontrarlo, si parece que hemos invadido, cubierto y descubierto, el mundo? En las ideas. Nuestra cabeza alberga un sinfín de sospechas que juzgan al otro, a los demás y a nosotros mismos. Pero no se pueden mantener ahí, tienen que salir en palabras, estás convertirse en acciones para encontrar un hueco físico y decirle a los demás lo que somos.

Actitud. Actuamos de forma diferente, pero lo hacemos. Este comportamiento se va asimilando por otros que piensan como nosotros. Es común que lo hagamos, aprendemos de unos y de otros. Así nacen los estereotipos, para atajar nuestra respuesta. Pero en el inter, mientras crecemos, olvidamos qué fue lo que construyó ese estereotipo. No lo recordamos, porque algo se destruyó entre ellos y nosotros.

Las imágenes tienen el poder que les otorgamos y cuando adquieren vida el temor se apodera de nosotros y de ellos. Ante esto, unos las anulan y las destruyen, otros las veneran y las conservan. Sin embargo, ellas estarán siempre ahí, porque no sabemos comunicarnos de otra forma. Todo y todos adquirimos significados que representan algo a los otros. Todo está y todos estamos predispuestos a ser destruidos. Destruir para corregir, para regenerar, para resignificar.

El fin último es vivir lo más que nos pueda dejar la historia.

https://youtu.be/oGk38tIX0jE


Originally published at rubbernecked.wordpress.com on May 8, 2015.