¿Por qué dejaron de escribir acerca del vino?

Cuando comenzamos a compartir algunas historias alrededor del vino a partir de 2007 parecía haber una efervescencia por el tema: no sólo se comentaban los vinos, a veces con frases bastante vehementes que hacían pensar en el sólido conocimiento de los autores, sino que incluso estas mismas personas dictaban charlas en materias que incluían historia, cultura, servicio, armonía e incluso mercadeo del vino.

Hoy esto, junto con el país, ha cambiado, y nos animamos a compartir 3 posibles razones.

Ahora la audiencia no pide información sobre el vino

Con la caída del poder adquisitivo del venezolano, los precios de los vinos los han convertido en un producto fuera del alcance de muchos bolsillos por lo que cabría pensar que dada esta circunstancia hay menos personas interesadas en este tipo de información. Pero de restaurantes igualmente costosos se sigue escribiendo así como de productos gourmet lejos del alcance de la mayoría de los bolsillos. Además, ¿no hay siempre en la gastronomía un exquisito factor aspiracional que es tan atractivo como la posibilidad cierta de entregarse a determinada experiencia?

Ya no hay noticias sobre el vino

Recientemente leímos en la columna de vinos de una revista dominical la siguiente afirmación: “hace meses que no llega ninguna etiqueta nueva al país.” La realidad es que basta hacer un recorrido por las licorerías más importantes de la ciudad para revisar que durante los últimos años, varias bodegas se han ido incorporando al mercado local, desde opciones estándar hasta etiquetas muy exclusivas, de Argentina y Chile a Europa. La llegada de una nueva etiqueta solía ser el motivo de varias de las reseñas que ya no se leen, sin embargo, siguen desembarcando nuevas opciones y ahora son poquísimos quienes las comentan.

Ya no hay eventos ni botellas de cortesía

Esta es la razón más triste pero que es inevitable comentar: aparentemente si no hay el estímulo de catas, encuentros, festivales y botellas de cortesía entonces, simplemente el vino se invisibiliza, casi como si no existiera. El tener acceso privilegiado al vino parece que era el requisito indispensable para ser comentado. Los espacios que ocupaba el vino los ocupan ahora destilados locales y cerveza artesanal o algún cocktail o licor porque los afanes que llevaban a los miles de caracteres escritos sobre el vino se diluyeron sin el impulso externo que no fue sustituido por la iniciativa individual del placer de escribir de un tema apasionante.

A veces hacemos una búsqueda en Google y aparecen las reseñas fantasmas de las grandes catas del Salón Internacional de Gastronomía, el Festival Gourmet Internacional, Sólo Los Mejores, El Vino toma Caracas entre otros eventos que incluían los brindis organizados por importadores y embajadas, como testimonio casi arqueológico del interés que suscitaba el vino en algunos comunicadores.

Leer esos textos es tener visiones del contraste de las fiestas de Jay Gatsby en la novela de Fitzgerald y la soledad y oscuridad en la que cayó la mansión después de su muerte.

Y supongo que habrá quien lea mi inquietud y pensará como Nick Carroway: “Debió haber sido un último huésped que seguramente andaba en los confines de la tierra y no sabía que la fiesta habla terminado.”

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