A mi pequeña Aralé:

Hola hija, no sabes la emoción que me invade al llamarte así, mi hija.

Nuestras vidas están a punto de cambiar con tu llegada y no puedo más que sentirme feliz de saber que vienes en camino.

Aún no te abrazo, no he sentido tus manos, no he visto tus ojos, pero ya te amo más que a mi propia vida, ¿cómo es eso posible?

Cuento los días para conocerte, para poder sonreír junto contigo, y aunque estoy nerviosa por tu nacimiento, el amor me hace que esos nervios se transformen en emoción.

Pido a Dios y a la Virgen por tu Salud y porque llegues con bien a nuestro hogar.

Te amamos tu papá y yo.

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