Él duerme y yo lo miro.

Yo lo miro y él duerme.

Y no lo miro pero lo veo dónde sea que se posen mis ojos.

Él me mira y me acaricia mientras yo me hago la dormida,

y aún con los ojos cerrados, para que no me vea mirarlo, lo veo.

Jugando a hacernos ojitos y a cegarnos se nos va el día.

Ése que no dura lo suficiente porque la luna lo apura.

Y a ti que te fascina que te escriba

con los labios sobre la espalda.

Leyéndome tan de cerca

como poema escrito en braille.

Así se nos pasa la noche, ésa que no dura lo suficiente

porque el sol la apura.

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