Serás feliz y no conmigo.

Él me quiere porque le parezco infinitamente extraña, inexplicable y de alguna manera que no puedo entender, extremadamente interesante.

Yo lo miro mirarme con fascinación y me consterno porque él no sabe que no puedo quererlo. No de la misma manera, en todo caso. Y me sabe a inoportuno el momento en que otro le quitó la chance de tener el primer y único lugar.

Y si me sonrío de lo mucho que lo intenta no es por malicia sino porque a veces creo que me volveré sensata en el momento exacto en que ya se haya vencido o aburrido; o que tal vez nunca y sigamos en este ir y venir del carajo, donde yo voy y vengo con él porque si hay algo que puede hacer es convencerme de seguirlo para ver qué locuras se inventará hoy.

Si supiera que no soy ni un ápice de lo que se imagina…

Yo creo que él más que nadie se merece el mundo, porque la incondicionalidad es algo que siempre se corresponde. Y que seguro algún día alguien lo hará tan feliz que se sentirá entre las estrellas, porque lo cierto es que sólo aquellos que van por la vida sin miedo a sentir logran encontrar su “…y comieron perdices” mientras los cobardes no hacemos otra cosa que llenarnos de cicatrices.

Al final sabrás entender, querido mío, que siempre supe ver todo lo que valías.

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