Entendiendo la Teoría de Carga Cognitiva

El mismo año que se celebró el primer Festival de Eurovisión, allá por 1956, un señor llamado George A. Miller escribió uno de los artículos más citados en psicología. “The Magical Number Seven, Plus or Minus Two” deduce y explica que la capacidad de nuestro cerebro para procesar nueva información es limitada.

“Una persona media sólo puede mantener 7±2 elementos en su memoria de trabajo.” — Ley de Miller

Basándose en el trabajo de Miller, John Sweller desarrolló a finales de los 80 la Teoría de Carga Cognitiva a partir de sus observaciones mientras estudiaba procesos de resolución de problemas. Sweller continuó trabajando en esta teoría y publicando sus avances durante la década de los 90, inspirando a muchos otros investigadores a profundizar en el tema. Aunque a día de hoy el modelo ha evolucionado, incluyendo más conceptos y sofisticando el planteamiento con nuevas investigaciones publicadas, los principios básicos siguen siendo útiles.

Qué dice la teoría

Sabemos que el cerebro humano trabaja con dos tipos de memoria: a largo y corto plazo. La memoria a largo plazo conserva la información altamente estructurada durante un tiempo indefinido. Sin embargo, la memoria a corto plazo, o más correctamente denominada memoria de trabajo recibe información desestructurada desde los sentidos y tiene la labor de procesarla para darle una estructura que permita su comprensión y almacenaje en la memoria a largo plazo, lo cual constituye el proceso de aprendizaje.

Esta memoria de trabajo es limitada, y tradicionalmente se habla de que puede almacenar hasta siete elementos de información, aunque hay estudios que defienden otras cifras, o incluso que dependerá del tipo, la complejidad y nuestra familiaridad con los elementos.

Cuando la memoria a largo plazo establece una estructura para cierto contenido, los procesos asociados a la información que encaje con dicha estructura pueden automatizarse, requiriendo por tanto menos esfuerzo. A medida que el individuo logra asentar una variedad de esquemas mentales, adquiere la capacidad de estructurar rápidamente la información que percibe por los sentidos, de manera que la comprensión y en análisis de esta información se automatiza. En el momento que esto sucede, incluso la información compleja, si está estructurada, contabiliza como un único elemento en la memoria de trabajo, aliviando la limitación de la misma. A este fenómeno nos referimos como “ganar experiencia”.

Sabemos que el proceso de aprendizaje, de asimilación de información o de análisis, puede ser facilitado si la información se dosifica y agrupa con un sentido obvio que facilite la creación de un esquema mental nuevo.

Otro detalle interesante es que la memoria de trabajo es independiente por sentido, de forma que tambien es posible aliviar la carga cognitiva si distribuimos la información en varios medios (por ejemplo, visual y auditiva).

En resumen, para reducir interferencias en el proceso de aprendizaje o análisis, es necesario presentar la información de manera que la atención y el esfuerzo se dedique al objetivo último, no a actividades precursoras.

“La teoría de carga cognitiva se ha diseñado para ser una guía que asista en la presentación de información de manera que favorezca actividades de aprendizaje optimizando el rendimiento intelectual” — John Sweller

Una búsqueda rápida en Google Scholar devuelve infinidad de artículos en los que descubrir más sobre la teoría de carga cognitiva.

Trastornos relacionados con la carga cognitiva

En algunas personas la memoria de trabajo y los procesos relacionados pueden estar afectados por trastornos que dificultan el tratamiento de la información recibida por los sentidos. Por ejemplo, sabemos que en la dislexia, en TDAH y TEL (trastorno específico del lenguage) están alteradas las capacidades fonológicas o visuales, dificultando el procesamiento de la información.

En estos casos el esfuerzo que requiere asimilar nueva información recibida a través de los canales afectados puede ser tan alto que se comprometa la atención que la persona puede dedicar a una tarea. Estos son casos en los que la adhesión a unas buenas prácticas no es cuestión de comodidad, sino de accesibilidad.

Bases biológicas y evolutivas

Un detalle curioso es que el proceso de análisis o aprendizaje tiene algunas excepciones. Se han identificado varios contextos en los que el cerebro humano ha evolucionado para aprender de manera autónoma y desatendida, como por ejemplo el desarrollo psicomotriz, el reconocimiento de rostros o la articulación de sonidos para hablar. A estos casos se les llama conocimiento biológicamente primario.

A los humanos nos resulta mucho más fácil adquirir la motricidad necesaria en la lengua para hablar, que en los dedos para tocar el piano.

El caso opuesto es en la adquisición del resto de habilidades, para las cuales, a pesar de ser relevantes en nuestras competencias sociales, intelectuales y laborales, evolutivamente no se han desarrollado mecanismos que automaticen su aprendizaje. Estos reciben el nombre de conocimientos biológicamente secundarios.

Una hipótesis que se investiga es el utilizar procesos asociados a conocimientos primarios para facilitar la adquisición de secundarios, como por ejemplo el fomentar el aprendizaje de manera colaborativa.

Implicaciones que NO tiene esta teoría

A partir de los trabajos de Miller y Skewer han aparecido interpretaciones incorrectas que pueden llevar a confusión. Las investigaciones en carga cognitiva se centran en conocer el proceso de aprendizaje y análisis, y sus principios pueden aplicarse al diseño de materiales formativos o para estructurar información compleja de manera que se facilite su análisis. Sin embargo, es totalmente irrelevante en situaciones en las que la información permanece a disposición del usuario.

Es absurdo limitar a siete elementos la navegación de una web o una lista en un powerpoint sólo porque “lo dice la Ley de Miller”, cuando en realidad estamos hablado de datos que siempre están a la vista y que, por tanto, no requiere ser memorizado. Para establecer un límite aceptable es necesario investigar las necesidades y los contextos de uso de cada situación. De hecho, explorar un menú cuya agrupación ha sido forzada o artificial con el único objetivo de reducir el número de elementos en cada nivel genera confusión y desorientación por la carga cognitiva que implica la tarea de encontrar sentido en el batiburrillo.

Para ver este y otros mitos relacionados con la carga cognitiva desmontados en detalle, os invito a pasaros por el blog de Andrea Cantú.

Buenas prácticas en el diseño de herramientas digitales

Huyendo de los mitos anteriores, sí es cierto que al entender correctamente la teoría de carga cognitiva estaremos más preparados para diseñar herramientas digitales más productivas. Algunos puntos a recordar son:

  • Estructurar: determinar la estructura más apropiada para presentar la información de acuerdo a su tipología y la familiaridad del usuario con la misma. El objetivo es facilitar la automatización de los procesos de aprendizaje y análisis, logrando esa “adquisición de experiencia”.
  • Coherencia: la estructura de la información debe ser constante a lo largo del tiempo y en todos los materiales, de manera que se maximice la exposición a dicha estructura y se facilite su asimilación.
  • Combinar canales: distribuir la carga cognitiva utilizando más de un canal de comunicación.
  • Dosificar: particionar la información en paquetes reducidos y coherentes.