¿Es el olvido?

Era tan parecido a un salto hacia el vacío;
caminar por la ciudad era caer
constantemente en el espacio que dejó
una memoria borrada con lágrimas y orgullo:
llantos y argumentos que oradaron
unos días que habían sido tomados por eternos, 
según dicen las notas refugiadas en el fondo
de un cajón del escritorio.

Mirar hacia otro lado era pararse en la frontera
del la vida y de la muerte, era esperar 
la aparición del navío de Caronte, era, quizas,
y cada vez, quizás, un ya morirse.

Pero no más:
Sin mi consentimiento, sin siquiera desearlo, 
ya no pasa.

El día ya no tiene recovecos peligrosos,
el sol de la esperanza dejó de estar detrás 
del monstruo, que ya no es sombra omnipresente
sino solo un monstruo más en el lugar 
en donde los monstruos moran y conviven.

¿Será que no caer, este ya no poder desbarrancarse, 
es el olvido?

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