Yo, Papá.

Hace tan sólo unos cuantos días nació Luca. Con su venida, he estado experimentando toda una revolución en mi vida que trasciende a los planos psicológico, físico, material y espiritual, y siento entonces el impulso de escribir sobre este viaje que es personal, porque al hacerlo ordeno mis ideas y recuerdos sobre aquello que (no dudo cuando me lo dicen) sé que se pasa muy rápido. Estoy seguro de que muchos papás recurren a mil formas para preservar estos momentos y yo usaré ésta, entre otras.

El nacimiento de mi hijo representa para mi el inicio de una Tercera Etapa en la experiencia de la Paternidad. Siendo la Segunda el Embarazo junto con el Parto, y la Primera, el proceso de tomar la Decisión de Ser Papá. Estos días se me pasan entre pañales y miradas que me dejan extasiado y hay mucho qué contar; y cuando salgo de la casa a encontrarme con mis trabajos, es como si traspasara un portal a otra dimensión. Pero por ahora, voy a escribir sólo sobre la Primera Etapa del viaje: tomar la decisión.

Evidentemente, en cierto sentido, esta no es una decisión que se toma unilateralmente; o al menos no en mi caso. Y, por supuesto, es difícil hablar de una paternidad sin hablar de una maternidad. Pero no pienso hablar por Valentina y su viaje personal. Pienso hablar sólo de la parte que me ha tocado comprender y decidir exclusivamente a mi.

Siendo quizás un tanto frío, pienso que las personas se convierten en papás por 3 razones: porque lo desean, porque alguien (o algo) les dice que deben hacerlo o porque cometen un error de cálculo al querer otra cosa. Conozco suficientes casos de personas que son papás por estas diferentes razones y la paternidad que ejercen ha sido para mi una inspiración durante todo este proceso. Son hombres que están ahí. Porque eso es Ser Papá: es estar ahí.

Por otra parte, admiro también a quienes conscientemente han decidido no ser papá o no ser mamá. Admiro sobretodo a las mujeres, porque estoy seguro de que la mayoría lo han meditado profundamente y asumirse como mujeres no madres en nuestra sociedad pasa, entre otras cosas, por enfrentarse a una imponente estructura social que tiende a restarles valor, al punto de considerarlas incompletas. Sin embargo, toca celebrar que ahora, tanto mujeres como hombres, tenemos más oportunidad de cuestionarlo y tomar una decisión sin apuro. Las generaciones de mis padres y abuelos no pudieron darse ese lujo. Padres sumergidos en círculos de violencia, madres con vidas y cuerpos desgarrados, hijos muertos o maltratados. No quiero sonar melodramático pero a nuestras abuelas se les morían los hijos y aún así les quedaban más de 5. Tampoco digo que esto no ocurra en nuestros tiempos, pero mucho ha cambiado para nuestra generación.

En mi caso particular, considero que Ser Papá ha sido mi deseo consciente desde hace algún tiempo, pero debido a mi formación, este deseo fue en su momento un ideal (quizás un tanto superficial) de familia y, a su vez, una cuestión de la religión. Puedo decir sin temor a equivocarme, que el deseo nació desde antes de mi adolescencia, motivado tanto por el bombardeo de ideas de lo que es Ser Hombre para cierta gente, entre ellos, mi tata, como el ímpetu mío de hacer bien aquello que no creía que se estaba haciendo bien (conmigo). Ser Papá cuando se tuvo un papá presente, siempre pasará por reencontrase con esa figura paterna que marcó la vida para siempre y sé que lo que viene me mostrará mucho más.

A mis 35 años, esa fue mi tarea: poner en perspectiva esa motivación pasada y tratar de estar más en mi tiempo real, asumiendo mi pasado pero respetando mis propias conclusiones. No puedo negar que me siento agradecido por tener 38 años y un buen tiempo para pensar en esto sin presiones, además de buenos amigos y un poquito de terapia que siempre puede traer beneficios si se sabe aprovechar.

Colocando todo aquello en un lugar más visible, tocó hacerme la pregunta de Por qué Ser Papá. Mi única respuesta hasta hoy es: porque deseo vivirlo. No hay otra. Sé que tanto esta decisión como la decisión de no ser papá pueden ser consideradas egoístas; sin duda hay algo de eso. Pero es mi viaje, mi decisión, mi proyecto de vida y espero contribuir positiva y amorosamente a la de Luca y divertirnos tanto como se pueda.

Lo otro relevante pero sin duda menos importante es lo material, la plata y el tiempo que demanda una paternidad. La incertidumbre de la economía, un freno por algún tiempo. Pero con sólo lo vivido hasta ahora, puedo asegurar que un bebé sí viene con un bollo de pan debajo del brazo. En todo caso, sé que tengo mucho que ajustar y dar, pero como ya vamos viendo, la plata se trabaja, el tiempo se prioriza y el estilo de vida se adapta.

Para terminar, al menos esta parte, sé que esto no sería tan fascinantemente interesante si no tuviera a mi lado a alguien que por su parte también desea conscientemente vivir esta experiencia. Alguien con quien he podido construir, botar, debatir, cuestionar, colocar, emprender e inspirarme a dar este paso. Y por esto, estoy infinitamente agradecido con vos, Valentina. Aquí vamos.

Al final, cuando por fin tomé la decisión, había pasado un largo tiempo y algo había cambiado. Me sentía tranquilo y acompañado. Pero sobretodo, firme en mi decisión. No sabía cuándo pasaría. No fue tan inmediato como creí pero tampoco llegué a frustrarme. Creo que Luca se tomó su tiempo también. Creo que ellos también nos escogen a nosotros y tal vez Luca estaba esperando a que yo estuviera listo. Y lo estuve. Y estoy agradecido porque haya sido así. Aquí vamos, hijo.

Sobre la preparación que es el Embarazo, el descubrimiento del Ser que crece en la panza y la intensidad de la entrega que es el Parto, pienso escribir más adelante pero no sé cuándo…

Y de nuevo, gracias a ustedes por los mensajes de felicidades, bendiciones y celebraciones que nos han enviado. Es energía de la buena para emprender cualquier aventura en esta vida.