Entrevista Juan Pablo Castiblanco


Juan es el amigo de un amigo y a pesar de que lo he leído, no lo conozco, él es el editor digital senior de la revista Shock, después de una espera de 20 minutos en la portería del edificio en el que vive y en un silencio inmaculado, llego al apartamento 204, Juan me recibe con el pelo aún mojado, tiene puesta una camiseta de astronauta y camina descalzo, me ofrece algo para tomar y yo le recibo un tinto como para romper el hielo y dispersar la tensión del afán de haberse arreglado a las carreras, él lo toma sin azúcar, al comienzo Juan es un personaje difícil de leer y de repente dá la impresión de soberbia, una impresión que desvirtúa una vez me comienza a hablar de cómo su carrera empezó en Shock como redactor, como haciéndome saber que él es consciente de que no es tan reconocido y me cuenta cómo gracias a un amigo llegó a esta revista. Después de haber trabajado con comunicaciones en la Cámara de Comercio y ARTBO y para completar el círculo de la vida regresando a Shock por llamado de ellos, me cuenta que ahora trabaja como freelance, su cosa favorita de no estar pegado a un horario de 8 a 5 es que “Uno se puede largar de vacaciones cuando quiera”:

¿Cuáles fueron tus vacaciones favoritas?

— ¿De las que ya he hecho? Pues me fui a China en el 2011 un mes.

¿Qué aprendiste allá?

— Que uno no tiene la razón en lo que uno cree.

¿Especialmente en qué?

— Uno siente que uno tiene la razón en cuanto a su visión del mundo, el aseo, la lógica política, la religión, y pues esos manes tienen otro fundamento, la libertad para ellos es otra cosa, el vínculo entre religión y vida es diferente, o sea; la obediencia al sistema.

¿Cómo es el vínculo de ellos con la política?

— Lo que pasa es que esos manes hicieron un solo voto cuando fue la revolución cultural, y pues, digamos que ya votaron por el partido que dicta todo. Entonces lo que yo percibí desde afuera, es una abnegación super fuerte al sistema como tal históricamente, aquí somos más críticos.

¿Pero es porque aquí se nos permite ser así?

— Se nos permite porque aquí nosotros no hemos vivido tal cosa como dictaduras,y como acá todo es tan cambiante, o sea acá pasamos a un gobierno de derecha, a un gobierno de izquierda, a un gobierno de centro, allá el estado es ya del partido y el partido es del estado

Y sí digamos, por ejemplo, hablásemos de un periodista político en Colombia, tú eres un periodista cultural/de entretenimiento, si hablamos en términos de política y en términos de cultura, ¿Cómo es diferente trabajar en ellos respecto a la libertad de prensa acá?

— Pues evidentemente es raro, porque uno en primera instancia podría decir que en el cultural no existe una censura, o en política es más evidente, porque los intereses son más visibles o más arraigados, o más históricos, más a gran escala, el cultural es más sutil, entonces por ejemplo, nosotros; la revista Shock pertenece al grupo Caracol, ahí, de tajo, es muy incoherente hablar mal de las producciones de Caracol, es nuestro grupo, son nuestros hermanos, es como si ellos hablaran mal de nosotros, entonces no hay una censura evidente, pero sí hay una censura tácita o implícita, incluso no sé si se pueda meter en el mismo costal de la censura.

¿Como una especie de autocensura?

— Sí, exactamente, como; autorregulación, pero sí evita que uno hable de ciertos temas, por ejemplo ahorita va a salir la novela de alias JJ, y todo el mundo está hablando de Popeye y de lo mierda que es, pero nosotros tenemos que abstenernos de hablar de eso porque es una producción de Caracol, ahí no hay censura. Por otro lado pasa ahorita que el periodismo cultural se ha vuelto de alianzas estratégicas y para los diferentes proyectos culturales,sea el FICCI, Estéreo Picnic, etc, son conscientes que tienen que tener un aliado mediático pa`poder llegar a la gente, entonces claro, ahí me mezclan las cosas, porque hay una oportunidad de marca, porque Shock como marca se quiere posicionar ¿Cómo hablar mal si algo malo ocurre en los eventos? Esa censura queda implícita, las cosas se vuelven muy difusas, en el periodismo político, alguien como el espectador nunca se alía con el proyecto de ley de tal cosa.

¿Te has visto en algún un dilema muy fuerte, partiendo de lo que me cuentas?

— Todo lo que pasa en Caracol, por ejemplo, si uno quisiera hacer un formato de crítica televisiva, como lo hizo el siguiente programa, en un momento, en los 90s, unos dicen: “Pa`que me meto a hacer un programa de crítica televisiva si no lo voy a poder dar a Caracol”, uno evitar tomar esos caminos, entonces ni siquiera llega al punto de que se tiene que censurar.

¿Algún caso en particular respecto a censura o libertad de prensa que te haya impactado?

— Pues ahorita reciente, me impactó el de las bebidas azucaradas, porque no me tocó a mi independientemente, pero, ese me parece que fue un ejemplo de, La Pulla (El Espectador) y yo vi más casos por ahí cómo esas empresas, llamaron a los departamentos comerciales a decirles “Hey”…

¿Qué les pasa?

— Exacto, ese me impactó, más bien me impacta muchas veces, una censura a pequeña escala, en el periodismo cultural es muy sutil y muy solapadas, nadie quiere aceptar que censura porque esa censura es como: “Uy el dictador, el gobierno nosequé”, donde yo estoy por ejemplo, a una banda no se le publica la reseña de su disco, o se dice que su disco es malo; tragedia, entonces es como “No, pero como van a hacer eso, cómo nos destruyen”. En nuestro caso, nosotros no damos palo, porque creemos que lo que no nos gusta, lo que no nos parece, no le hacemos fuerza, ni le hacemos apuesta, creo que también para dar palo, hay que tener muy buen criterio.

¿O sea que lo ideal sería tener peso y después sí salir a criticar?

— Exactamente, hay que tener peso, entonces ahí empieza a ser un embudo, ¿Cuántos verdaderamente tienen el peso para salir a criticar a alguien? ¿Y con qué fin? .Creo yo que para criticar hay que tener una madurez y por eso es que, yo a Chucky Garcia (periodista cultural) le permito que critique, pero a mi equipo , que son periodistas jóvenes en formación, no se han ganado eso.

¿Opinión respecto a todo lo ocurrido recientemente con Carolina Sanín?

— Suspiro…Hay varias cosas ahí, por un lado me parece el ejemplo claro de la estratificación de los medios, de cómo el caso de una profesora de una universidad, tenga una resonancia por ser la Universidad De Los Andes, y Carolina Sanin tiene cierto recorrido en medios, me parece que sí se agrandó, ¿Qué hubiera pasado si hubiera sido en la distrital, pero fue en los Andes. Lo segundo es que me parece que fue una cosa muy saludable, porque presentó un debate muy amplio, porque sí hubo muchos argumentos de lado y lado, se generó un debate subsiguiente. En deportes pasa, el editor de golcaracol.com salió porque el man era super tajante, Alejandro Pino. Caracol estaba renegociando los derechos de la Selección Colombia, estaba denunciando las vainas de corrupción de la Dimayor y la Federación Colombiana de Fútbol, se dice que la Federación le pidió a Caracol, que continuaban, si lo sacaban a él.

En un acto de romanticismo puro y para terminar la entrevista sin redundar en el mismo tema del que llevamos hablando una hora, le hago a Juan el famosísimo cuestionario Proust que consiste de 33 preguntas, de las cuales evito las más cursis y me invento algunas otras:

Cuál es el principal rasgo de tu carácter? — El sarcasmo.

¿Tu principal defecto — Soberbia.

¿Ocupación favorita? — Ver películas.

¿La película de tu vida? — La última que me tocó emocionalmente, Interestelar.

¿Por qué Interestelar?

— Porque a mí las películas que tienen que ver con el espacio me gustan, ahí hilan mucho la ciencia con la existencia humana, me pareció divino,

De los 153 periodistas, que según la FLIP han muerto a causa de su ejercicio profesional, habría que ver cuántos de ellos se dedicaban al periodismo cultural o de entretenimiento.

Antes de irme, Juan mira hacia al cielo desde la ventana que ocupa la mitad de la pared de su apartamento en Bogotá en el segundo piso a través de sus gafas, de repente no me parece tan raro que sus películas favoritas, sean las de astronautas.