Mi primera aventura mochilera en Punta de Tuja — Choroní.

Comienzo a abrir los ojos y aún el cielo parece estar de un tono azul profundo, muy oscuro. Logro distinguir algunas sombras a mi alrededor gracias a un haz de luz que se cuela en la carpa. Todo el lugar está en absoluta paz y el único sonido que percibo es el de las olas del mar que chocan contra la arena, apenas a escasos 4 metros de mí. El olor a tierra mojada, a ‘mar’ inunda el lugar. «Quizá estoy soñando» -pienso- y sonrío.

Deseé tantas veces este momento que aún no lo asimilo. Me encontré con un grupo de mochileros en el terminal de Maracay, a quienes contacté 1 día antes para sumarme a la aventura de conocer uno de los paraísos naturales de Venezuela: Punta de Tuja, una enseñada preciosa y exuberante que se encuentra en la costa del estado Aragua. Sólo se puede acceder por vía marítima desde Puerto Colombia, Choroní.

Así fue nuestra travesía:

Día 1: Nos encontramos en el Terminal ExtraUrbano de Maracay. Mientras esperábamos que llegara todo el grupo aprovechamos para hacer las respectivas presentaciones. Los organizadores, @MarejadaTeam son un grupo de jóvenes enamorados de Venezuela y con muchas ganas de convertir sus paisajes en destinos ecoturísticos, ¡recomendados!

Parte del grupo en el Terminal de Maracay

Una vez llegó nuestra guagua (autobuses viejísimos, también conocidos como “recoge locos”, son los encargados de hacer la ruta Maracay — Choroní desde tiempos inmemoriables), abordamos e hicimos milagros para poder acomodar nuestro equipaje dentro. ¡Oficialmente comenzó la aventura!

El viaje fue de aproximadamente hora y media. El acceso es a través de una montaña, así que las curvas no se hicieron esperar. La carretera hacia Choroní tiene fama de ser una de las más peligrosas de Venezuela, no sólo por lo cerrado de sus curvas, sino porque en algunas partes la calzada sólo tiene espacio para 1 vehículo.

Al fondo los famosos “recoge locos” del Terminal de Maracay
…Tira la palanca y endereza, que la guaga va en reversa…(8)

Llegamos al Terminal de Choroní e inmediatamente nos subimos en una “guagua” que hace la ruta terminal — Puerto Colombia. Un trayecto muy corto -apróximadamente 5 minutos-.

Una vez en Puerto Colombia abordamos la lancha que nos llevaría directo a Punta de Tuja. En el camino, ya se había hecho de noche, el oleaje estaba un poco fuerte y comenzó a llover.

Dato: en Punta de Tuja no hay señal telefónica de ninguna operadora celular. En una de las casitas alquilan un teléfono fijo y cobran el minuto de llamada. Del resto, estuvimos totalmente desconectados. (¡Y vaya que me hacía falta!)

Llegamos a la playa como pollitos remojados, corriendo a armar nuestras carpas. Éramos los primeros ese fin de semana, así que pudimos escoger el lugar más cómodo y menos encharcado. Una vez terminada la misión de armar nuestro campamento ya no llovía y era momento perfecto para el primer baño. El agua estaba en la temperatura perfecta, tibia, con oleaje suave y un ambiente idóneo para conversar largo rato, riéndonos de las anécdotas de «Los viajes de Greg». Luego el cansancio nos venció, era hora de acumular energía para el día siguiente.

Hay muchos perritos en la playa. Tienen los dientes muy blancos de tanto comer pescado y son un amor. Eran nuestros vigilantes en el campamento.

Día 2:

Nos despertamos tempranito; a las 5:30am ya estábamos desperezándonos y alistando todo. Los organizadores estaban encargados de preparar el desayuno, que ese día fue pasteles fritos de queso y de pescado (estaban deliciosos). Recargamos energía y nos fuimos a descubrir los encantos de las Pozas de Tuja.

El camino hacia las Pozas es un sendero que se asemeja a un laberinto vegetal. Dura unos 20 minutos y está un poco abandonado. Daniel, Jorge y Gregory tuvieron que hacer milagros para abrir paso entre los árboles en algunos puntos.

Pozas de Punta de Tuja

Todo valió la pena, el lugar es un verdadero paraíso de agua dulce con una pequeña cascada que hace las veces de tobogán. Pasamos unas dos horas disfrutando entre carcajadas y fotos, hasta que llegó el momento de partir nuevamente a la playa.

Yimi, Daniel y yo desde las alturas. Fotografía: @venexoticphotography

Ese mismo día en la tarde #MarejadaTeam nos tenía preparada una ruta de senderismo hacia una de las montañas que rodea la ensenada, desde donde se puede apreciar todo el esplendor de ese colorido paraíso tropical. Fue uno de los paseos que más disfruté. Vencí mi miedo a las alturas y con paso lento pero firme llegué a la cima. Fue un momento maravilloso poder disfrutar las distintas tonalidades azuladas del mar y cómo las olas le dan ese textura rugosa característica. Desde la cima se respira paz. Fue un momento reflexivo. Me sentía libre y todopoderosa, hasta mi cabello aprovechó para hacerse notar en todo su esplendor.

La ensenada de Tuja vista desde la cima.

El resto del día lo disfrutamos conociendo la playa, del lado derecho de la enseñada hay arrecifes de corales especiales para hacer snorkeling, un poco más lejos está una roca enorme desde donde vencí otro miedo y me lancé sin salvavidas en aguas profundas. No sé nadar, pero sí flotar, así que me valí de esa fortaleza para avanzar unos metros “estilo perrito” y llegar hasta una embarcación abandonada. Pasamos rato en sus alrededores tomando fotos, haciendo snorkeling y simplemente disfrutando. Nuevamente me sentí absolutamente libre. Empoderada. Todopoderosa.

El segundo día terminó en el campamento, reunidos contando anécdotas y riendo a carcajadas. También fue un momento maravilloso que nos ayudó a conectar como grupo y darnos cuenta de que, siendo tan diversos, teníamos mucho en común y además nos une la misma pasión: vivir, conocer, disfrutar, ser felices.

Día 3:

Llegó el día de volver, pero primero había que disfrutar las últimas horas. Tempranito nos fuimos a tomar fotos de los alrededores y a echarnos el último chapuzón. Luego desayunamos un pescadito frito que estaba d-i-v-i-n-o (gracias a @marejadateam) y llegó el momento de regresar a la realidad.

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