El arte de soñar sin amarres

Ester Reucan
Sep 6, 2018 · 3 min read

Bárbara Zurita tiene 28 años y desde hace 10 que se dedica al arte circense, su especialidad es la cuerda lisa. Nació en Estación Central, aunque actualmente reside en Valparaíso, lugar en el que también se encuentra su compañía de circo contemporáneo llamada Pewma, que significa sueño en mapudungún.

Bárbara Zurita

La visión que Bárbara tenía del circo no siempre fue buena. Cuando era pequeña su experiencia más cercana la había dejado con un sabor amargo en la boca, y es que aún recuerda a los animales enjaulados que estaban en el lugar. “No me gustó” afirma. Es por eso que a los 16 años, la llegada de un taller de malabares a su colegio fue poco a poco desafiando su punto de vista, dando paso a una curiosidad ardiente. “Empecé por casualidad”, relata. Después de eso, su deseo por aprender no hizo más que crecer.

Un seminario de acrobacia, danza y equilibrio la llevó a Argentina en el año 2009. Fue allí donde presenció su primer espectáculo de circo contemporáneo, y cuando al fin pudo entender las distintas disciplinas como un todo. “Me dio una cosa en la guatita, como de quiero estar ahí”, recuerda. Ese fue un momento crucial en su vida, cuando decidió que ya no solo le bastaba con ser una espectadora más.

— ¿Por qué no lo estudias profesionalmente? — le dijo su madre al volver a Chile. Y así lo hizo.

Bárbara en la cuerda lisa.

A los 20 hizo su formación profesional en la escuela de El Circo del Mundo, pero ya desde antes se dedicaba presentar todo lo que aprendía. En el 2015, junto a su hermana y dos amigas, abrió su propia compañía llamada Pewma. Han realizado dos espectáculos de sala: Contra Sueño y Otoño; y una obra de calle que los llevó a una gira entre Francia y Bélgica: La Famille Poischiches, para la cual fue, junto a sus compañeros, a Finlandia a tomar clases intensivas de cuerdas saltarinas, la disciplina principal del montaje. “Es algo que no se hace en Chile”.

Bárbara al costado de la carpa de El Circo del Mundo

“Nunca he trabajado en otra cosa que no sea circo”, reconoce Bárbara con incredulidad, pero con una sonrisa en su rostro. Su compañía —Pewma— es parte de una nueva rama de este tipo de espectáculo artístico, al que se le denomina circo contemporáneo o nouveau cirque: ya no se usan animales para las presentaciones, el oficio no es necesariamente por herencia y por sobre todo, tiene una orientación más artística y reflexiva, dado que desarrolla una historia a la vez que combina el teatro y la danza con las disciplinas tradicionales. “Ya no es solo el show”, explica

De vez en cuando, da clases de cuerda lisa, aunque en la actualidad solo se encuentra enseñando a alumnos de entre cuarto a sexto básico en un colegio de Santiago, “me gusta más trabajar con niños (…) me inspiran mucho”, admite.

Y es que el circo igual tiene su propio papeleo »está cada vez más burocrático« dice, y con mayor razón si es autogestionado. Es por eso que “volver a ver a los niños, el griterío, la dispersión, la creatividad es algo que refresca y me da vitalidad”, afirma Bárbara.

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