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FOto: Narco culture — WWW.SHAULSCHWARZ.COM

El Narco nunca se fue

Análisis de la edición de Noviembre de Ecos de México: una mirada a la percepción del mundo sobre nuestro país

Por: José Luis Chicoma (@JoseLuisChicoma) y Ana Lucía Dávila (@AnaDavilac89)

Enrique Peña Nieto, como todo nuevo gobernante, tuvo un periodo de gracia durante su primer año en el poder. El prospecto de las reformas, las acciones contundentes (antes pensadas imposibles) como la detención de “La Maestra”, o la alianza con los demás partidos políticos en el Pacto por México, bombearon el optimismo de la sociedad y los medios, mientras que la promesa cada vez tomaba más forma de realidad.

En este periodo, el ideal de convertir a México en potencia económica, borrar la pésima reputación que el narco le generó, y curar males endémicos como el de la corrupción y la ineficiencia de instituciones, hicieron eco en la prensa internacional y cada vez más en la nacional, las cuales reservaron sus dudas y se permitieron dejarse sorprender. Sin embargo, ya es diciembre, la luna de miel del nuevo gobierno está por caducar y resulta ser que lo que tanto temíamos, sigue ahí.

Limpiar el desastre que la guerra contra el narcotráfico de Calderón dejó no iba a ser tarea fácil. Lo sabíamos. Los números y la falta de los mismos lo anunciaban, como lo recoge el L.A Times, pero sobre lo que no había tanta certidumbre, al menos no de manera tan clara como se presenta a finales de este año, eran las dimensiones del dinosaurio que estábamos intentando ocultar debajo de la cama. ¿Se pactó? ¿Se dividió? ¿Se repartió? Tal vez todo y tal vez nada de esto sucedió con el narco en México en los últimos meses.

Por un breve, pero muy dulce momento, nuestra imagen en el exterior fue la de un imponente Tigre Azteca con una sólida economía en desarrollo y el potencial para derrocar a China de su trono; hoy esas cosmovisiones se empiezan a difuminar y empezamos a ver con claridad que la sombra del narco nunca se fue del telón de fondo. Por esto, era inevitable, y no debe sorprender, que este tema resurgiera en los medios internacionales y protagonizara de nueva cuenta las historias más llamativas de nuestro país. Por un lado, el “fenómeno del narco” ya se ha estacionado el tiempo suficiente para dejar de serlo e integrarse a la realidad mexicana. Asimismo, ha adquirido nuevas dimensiones y diversos heterónimos, pasando de ser solo un negocio a ser una institución, una cultura (como refleja el reciente documental de Shaul Schwartz), una forma de vida y un modelo aspiracional.

Este mes, la revista Time menciona que la narcocultura está ganando omnipresencia, reflejando una nueva realidad de violencia. Y, por si fuera poco, los miembros de los cárteles de la droga han salido del secretismo y la discreción para exponerse en medios, redes sociales y sitios de internet. Su propia iconización y enaltecimiento en el ciberespacio demuestran, no sólo un cambio en el paradigma tradicional del narco mexicano, sino un desafío frontal a la autoridad basado en la seguridad que su poder les confiere, como coincide la revista Vice en su artículo “Los cárteles mexicanos aman las redes sociales”.

Así, no sorprende que, con más frecuencia, los villanos de las películas de Hollywood son narcotraficantes mexicanos, que las series televisivas tengan como tema el tráfico de drogas a E.E.U.U, y que la industria musical reciba con orgullo a los narcocorridos. Personajes como el famoso actor argentino Ricardo Darín se han manifestado en contra de tales generalizaciones estereotípicas en la construcción del ícono del narco, rechazando la oferta de Hollywood para protagonizar a uno en la taquillera película “Hombre en llamas”. Abiertamente criticó que al narco se le dibuje un rostro latino y cuestionó: “¿Todos los narcotraficantes son latinoamericanos?”

Darín tiene razón. El narco no es necesariamente un mexicano, o un latino. Y viceversa. Sin embargo, estos particularmente han logrado ese sensacionalismo y morbo que lo vuelven un ícono tan atractivo para los medios y para los pueblos. La consolidación del estereotipo del mexicano en relación al narco ha tenido un alto costo para nuestro poder blando, esa capacidad de atraer y persuadir en el exterior.

La imagen de un país no se construye de la noche a la mañana; el nuevo personaje del “mexicano” no fue resultado de la generación espontánea. Este año, tuvimos la oportunidad de tomar acciones contundentes contra el narco fuera del marco de la guerra declarada de Calderón. Las expectativas eran altas, pero la estrategia de seguridad poco clara y la determinación decepcionante. El Financial Times critica la inactividad del gobierno después de que Human Rights Watch le exigiera cifras claras de sus desaparecidos, sumándose a un conjunto de voces insatisfechas.

En noviembre la imagen de México en el exterior vio terminar su luna de miel, el periodo de gracia y el optimismo contagioso que el prospecto del cambio le concedió.

Y cuando despertó, el narco todavía estaba allí.

Este artículo forma parte del análisis mensual de medios internacionales que hace Ethos titulado Ecos de México.

Consulta el resumen de la edición de noviembre aquí.

José Luis es Director General y Ana Lucía es Asesora de la Dirección General en Ethos Laboratorio de Políticas Públicas.

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Laboratorio de ideas (think tank) que transforma investigaciones en políticas públicas que atienden los retos más relevantes para México. www.ethos.org.mx

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