De gripe a leucemia, el desafío a mis 30

Voy a escribir sobre esta enfermedad que me toca vivir y transitar porque no tengo miedo ni de la enfermedad en sí ni de contarlo abiertamente. Creo, de hecho, que alguna persona se sentirá identificada, y ojalá inspirada de alguna manera, con lo que iré relatando.

Recién llegado a la clínica.

Las dos primeras cosas que se me cruzaron por la cabeza cuando supe se podrían resumir de la siguiente manera:

Fue shockeante enterarme del diagnóstico? Si.

El único caso de leucemia cercano a la familia que recordaba era el de un amigo de mi hermano, en el cual él le había donado médula a su hermano mayor para salvarlo. Traspolé la situación y la verdad que costó procesarlo en mi cabeza.

Decidí tomarlo como un desafío e ir para adelante? Si.

Desde hace un par de años tomo este tipo de situaciones como posibles aprendizajes y puntos de inflexión en mi vida. El fallecimiento de mi viejo, el de familiares cercanos, las relaciones, las cosas que nos pone la vida adelante a diario. Los enfrento de la mejor manera posible porque abatatarse y dramatizar al respecto la verdad no sirve de nada. Situaciones que sirven para mejorar el temple y forjar personalidad. Un plus es tener actitud positiva y en lo posible reírse e ironizar estas situaciones. No siempre se puede, no todo el mundo puede, pero si alguien me enseñó a vivirlo así fue mi viejo con sus infinitos problemas de salud y la forma como él se reía de ellos yendo para adelante.

La “gripe”

Todo arrancó como una simple gripe, como un mes antes de saber de la leucemia. Algún que otro dolor de cabeza, por ahí un poco de mocos. Casi todos los inviernos, en algún momento tomo frío y estoy casi por enfermarme pero tomando los recaudos básicos nunca caigo enfermo. Esta vez sí empezó a avanzar la gripe y empecé a tener flema. También empecé a tener febricula: 37,5°, 37,8°. Esperé unos días pero como no mejoraba, madre me convenció y decidí ir un lunes, lunes 1° de agosto, a ver un médico amigo de la familia en una clínica cerca de casa. Me estaba doliendo seguido la cabeza y alguna que otra vez que me agaché a alzar los cachorros de nuestros perros salchichas me mareé un poco. Comenté ambas cosas al médico, el cual me dió un remedio para la flema y paracetamol para el dolor de cabeza. No me quiso dar antibióticos innecesariamente. El remedio para la flema era 1 comprimido por día, los cuales suelen ser fuertes, pero yo no notaba mejoría con el correr de los días. Todo este tiempo estuve trabajando desde casa, durmiendo más de 8hs, lo cual me resultaba raro que no aportara nada en mi recuperación tampoco. Lo que más me molestaba era el dolor de cabeza a diario. La cabeza cada vez me dolía más horas y más fuerte, tanto, que empecé a alternar entre paracetamol e ibuprofeno. Algunos días hasta desayuné 1gr de paracetamol a las 8am y a las horas ya tenía dolor otra vez. Decidí que ese viernes iba a ver al médico nuevamente para que me diera antibióticos y también porque no quería seguir abusando de tomar paracetamol. Fui, me revisó nuevamente, me dijo que terminara el remedio para la flema y que si seguía haciendo febricula que me tomara el antibiótico que me recetó en ese momento. Me terminé el medicamento y creí sentirme mejor por 3–4 días, por lo que no hice uso del antibiótico y guardé la receta. Volví a ir 2 días a trabajar al co-working, anduve de after-office tranqui con amigos y cerré esa semana, jueves y viernes, con actividades más acordes a mi rutina normal.

El cuerpo y sus “alarmas”

Creo que por lo general uno tiende a esperar un poco antes de ir al médico. Salvo que seas hipocondríaco, a nadie le gusta ir al médico y en tales circunstancias uno ignora las señales o “alarmas” que da el cuerpo. En mi caso fue la febricula, algo más o menos fácil de reconocer para cualquier persona adulta. Lo que nunca identifiqué por mi cuenta pero que los médicos si fueron los ganglios inflamados, tanto en garganta como en la nuca. Los de la nuca parecían 2 quistes cebaceos como los que ha tenido mi abuelo y madre. De haber sabido mejor la cantidad de ganglios que tiene el cuerpo (garganta, nuca, axila, ingle, etc) tal vez hubiera identificado esta otra advertencia del cuerpo de que algo no estaba bien.

La semana crítica

Sábado y domingo me empecé a sentir súper mal de vuelta. El domingo salí de casa para ir a una reunión en el Cerro de las Rosas y aproveché para comprar el antibiótico. Esa misma noche tomé el primer comprimido, el cual era 1 por día también. El lunes era feriado y mi plan era trabajar para sumarme un día extra a mis vacaciones, pero dado el dolor de cabeza que tenía desistí. Poco convencido por mis avances y por insistencia de madre, el martes iba a ver otro médico. Desde temprano buscamos y conseguimos turno para antes del mediodía. Fui, el Dr. S. me revisó con bastante apuro, pidió análisis de orina y sangre y placas de tórax y rostro. El médico no me cayó bien, fue una cuestión de piel, pero salimos de ahí, sacamos turno para el siguiente jueves 18.08.16 y fui a hacerme las placas. Hechas las placas, solo quedaba hacer ayuno esa noche para los análisis el miércoles temprano. Como no me cayó bien el médico también saqué turno con otro médico clínico el cual venía súper recomendado por gente amiga para el jueves, pero por la tarde.

El miércoles partí a hacerme los análisis. Saliendo del consultorio pasé por una panadería, justo en la esquina. Elegí 2 facturas bien cargadas y un agua saborizada de pomelo para que me levantaran el azúcar mientras iba al banco a unas 10 cuadras de ahí. Comí una factura mientras caminaba. A las 3 cuadras me empecé a agitar un poco, así que aminore la marcha. Me afirmé contra una pared para tomar un poco de agua y me terminé desmayando en plena vereda. Se ve que primero me fui hacia adelante, pegando con una pared y de ahí al piso por el moretón en la frente y un pequeño corte en el tabique. Cuando abrí los ojos alguien me estaba poniendo una almohada y Seguridad Ciudadana de Villa Allende llamaba al servicio de emergencias. Me hicieron las preguntas de rutina, vino la ambulancia, repetí todas las respuestas correctamente y ahí llamé a madre para que me busque. Volví a casa y lo único que pude hacer fue acostarme hasta el mediodía. No podía pensar entre el golpe y el ya presente desde temprano dolor de cabeza. No atinaba nada y toda la situación me tenía asustado. Trabajé como pude a la tarde y me acosté temprano.

La esquina donde me desmayé.

Al día siguiente cancelé el turno con el Dr. S. porque no me sentía bien y porque me seguía cayendo mal. Por la tarde fui con madre a verlo al Dr. M.A., quien desde el primer momento nos cayó bien. Le expliqué toda la situación de las últimas semanas a lo cual escuchó atentamente, me revisó y procedió a ver las placas y los análisis. Después de ver los análisis minuciosamente, dijo lo que no esperábamos escuchar:

“Eugenio, sé que no te va a gustar lo que te voy a decir pero vos tenes que internarte ya. No podes andar deambulando por la calle con este valor tan bajo de glóbulos rojos. No sé cómo has llegado hasta acá.”

El valor normal de glóbulos rojos en una persona es 14 (no se bien como es la escala/valor). Mi valor según los análisis del día anterior: 4. O sea, realmente deambulaba por la calle al límite. La falta de glóbulos rojos explicó y me hizo atar cabos de un montón de cosas que yo había sentido como consecuencia de la anemia, o en otras palabras, la falta de oxigenación en mi cuerpo: los mareos, agitarme solo caminando o jugando al fútbol, el dolor de cabeza tremendo que tenía, etc. De golpe el círculo se cerró. El doctor me pidió la internación, y recomendó ir al Instituto Modelo de Cardiología ya que él trabaja ahí también y podía verme al día siguiente. Era una buena opción ya que mi papá había estado 2–3 veces internado ahí por sus problemas de salud. Otras opciones eran La Reina Fabiola o el Sanatorio Allende, ya que tengo primos que trabajan ahí.

Partimos a casa, agarré una remera limpia, cargador de celular, guía Lonely Planet de Río de Janeiro (todavía tenía esperanzas de irme de vacaciones), dinero y partimos con madre al Cardiológico.

Internación

Llegados al Cardiológico, pasamos por la guardia con la orden de internación. Me revisó el médico, vió los análisis, y me dejó recostado en la camilla mientras averiguaba por un lugar libre para internarme. En el interin llegó mi hermano con su novia, mi hermana, mi tia María Elisa y Virginia, una amiga de madre que es médica.

El de la guardia sacó su peor versión a la hora de dar el posible diagnóstico: “esto puede ser desde X hasta leucemia” y ahí fue cuando me bajó el shock que conté al principio. Estuve un buen rato masticando la posible peor noticia. Pero que iba a hacer? Hay que seguir adelante, la vida es así, nos pone desafíos y ya empecé en ese mismo momento a mentalizarme en solo ir para adelante. Después de un rato, apareció el médico de guardia nuevamente y dijo que no había camas libres para que me quede ahí esa noche. A esta altura ya eran aproximadamente las 10pm. Lo primero que surgió fue llamarlo a mi primo para que averiguara si podíamos ir al Allende. En el ida y vuelta de llamadas, ya no recuerdo cómo fue, cambiamos de destino y vinimos a La Reina Fabiola, ya que la esposa de mi primo tenía una médica hematologa muy cercana a ella que atendía allí. Más llamadas. Mensajes a amigos cercanos avisando que me tenía que internar y llamadas a jefe para avisar de la situación mientras ibamos en el auto. Para cuando llegamos, la hematologa de guardia me estaba esperando con una camilla libre en la guardia y el plan era quedarse ya acá internado.

Extracción de sangre, suero para estabilizarme y la mar en coche. El nivel de cansancio a esa altura, alrededor de las 12:30am, ya no tenía nombre. De la guardia pasé a la habitación 306 y pasamos la noche ahí con madre que se quedó a acompañarme. Me levanté al baño cada 1h aproximadamente ya que la cantidad de suero que me estaban pasando era enorme, algo así como 236ml/h. Intente dormir lo más que pude ya que ese viernes iba a ser un infierno de análisis y andar a las corridas.

Fuera lo que fuera que me estaba pasando, el desafío estaba en marcha. La única opción era ir para adelante. A darle.

“Este carrito solo se empuja para adelante”, empezó a ser la frase que usé frecuentemente en días subsiguientes.

Hoy 20.09.2016 fue el día #33, el último día de la «fase 1a» según la doctora. Fue la última sesión de drogas del tratamiento de quimioterapia. Ha sido largo el trayecto pero estoy bien 💪, más historias y vivencias del camino transitado están por venir.

Gracias a todos los que se hicieron presentes y me mandan buenas energías, los siento presentes conmigo. 😃


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