Nuevo Periodismo y Crónica Latinoamericana

La narración es conocida como la esperanza y apuesta del periodismo escrito marcada por la irrupción y avance de los nuevos medios o dispositivos destinados a la recepción, producción y circulación de la información.

En 1997, el argentino Tomás Eloy Martínez llamó a empuñar para sostener el arte de contar buenas historias en medios que no lograban encontrar el rumbo en los cambios culturales y tecnológicos. Quince años después esta esperanza sigue siendo la apuesta de muchos cronistas que sostienen el género en sus revistas como Rolling Stone, Gatopardo, Etiqueta Negra, Soho y el Malpensante, junto a otras en Latinoamérica.

Martínez defiende que “El periodismo nació para contar historias, y parte de ese impulso inicial que era su razón de ser y su fundamento se ha perdido ahora. Dar una noticia y contar una historia no son sentencias tan ajenas como podría parecer a primera vista. Por lo contrario, en la mayoría de los casos son dos movimientos de una misma sinfonía (…) Un hombre no puede dividirse entre el poeta que busca la expresión justa de nueve a doce de la noche y el reportero indolente que deja caer las palabras sobre las mesas de redacción como si fueran granos de maíz.”

Por más de que se cree que fue con escritores como Truman Capote (el autor de “A sangre fría”) donde el nuevo periodismo o “non-fiction” tuvo sus orígenes, la venezolana Susana Rotker aclara que: “Las crónicas modernistas son los antecedentes directores de lo que en los años 50 y 60 de este siglo habría de llamarse ‘nuevo periodismo’ y ‘literatura de no ficción’.

El surgimiento de este tipo de crónicas es de alrededor de 1880, en un contexto en el que, dice Rotker, la prensa europea tendía a editorializar más y que la norteamericana privilegiaba la noticia”. En ese marco, los cronistas apuestan por textos que defienden “el yo del sujeto literario y el derecho a la subjetividad”, textos que sin dejar de aspirar a hablar sobre “lo real” lo hacen utilizando las técnicas de la literatura.

La emergencia del Nuevo Periodismo.

Una de las figuras clave del llamado nuevo periodismo en Estados Unidos fue Tom Wolfe, quien se encargó de retratar desde su propia mirada cómo fue el surgimiento de este movimiento, allá por los ’60, en un clima cultural dominado por la novela donde el periodismo era una forma menor de expresión literaria.

Periodistas-escritores comenzaron a explorar las formas clásicas de contar las historias y se encontraron no sólo con una nueva forma de hacer periodismo sino también de conseguir una forma de expresión que pusiera en jaque ese clima cultural dominado por la novela.

Primero, narra Wolfe, estos periodistas debieron soportar los cuestionamientos acerca de las historias que escribían, bajo la sospecha de que eran invenciones. Pero luego, el mundo de los escritores los identificó como amenaza. Y al final de la década había una nueva jerarquía: “Hacia 1969 no existía nadie en el mundo literario que se permitiese desechar llanamente el Nuevo Periodismo como un género literario inferior”.

Periodismo y literatura. No-ficción vs ficción.

Si el periodismo toma las herramientas de la literatura, ¿sigue siendo periodismo? El dilema se planteó en los orígenes y también sobrevive, reapareciendo de tanto en tanto.

“Un periodista no es un novelista –escribe Tomás Eloy Martínez-, aunque debería tener el mismo talento y la misma gracia para contar de los novelistas mejores. Un buen reportaje tampoco es una rama de la literatura, aunque debería tener la misma intensidad de lenguaje y la misma capacidad de seducción de los grandes textos literarios”. Por lo tanto, el nuevo periodismo –o de no ficción, o periodismo narrativo- no deja de ser periodismo: de tratar sobre lo ocurrido.

Todo esto, bajo presión. Esta importancia de lo particular y de lo subjetivo, sin marginar el rigor profesional, tiene una característica adicional cuando se piensa de la crónica periodística: debe realizarse bajo la urgencia del trabajo acotado de los medios de comunicación, con plazos exiguos de cierre.

Por eso el escritor y cronista mexicano Juan Villoro define a la crónica como “literatura bajo presión”. Por estas urgencias y esta fe en las herramientas de la literatura para narrar de mejor forma los hechos, tomando:

-de la novela, la capacidad de narrar desde el mundo de los personajes

-del reportaje, los datos inmodificables

-del cuento, el sentido dramático en espacio corto y la sugerencia de que la realidad ocurre para contar un relato deliberado, con un final que lo justifica

-de la entrevista, los diálogos

-y del teatro moderno, cómo montarlos.

Intuiciones, más que definiciones.

La argentina Leila Guerriero, que aporta algunas definiciones intuitivas –más que conceptos teóricos- acerca de lo que es el periodismo narrativo, dice que “el periodismo narrativo es muchas cosas pero es, ante todo, una mirada -ver, en lo que todos miran, algo que no todos ven– y una certeza: la certeza de creer que no da igual contar la historia de cualquier manera”.

“Podríamos hacer un rizo -agrega- y decir que, por definición, se llama periodismo narrativo a aquel que toma algunos recursos de la ficción -estructuras, climas, tonos, descripciones, diálogos, escenas- para contar una historia real y que, con esos elementos, monta una arquitectura tan atractiva como la de una buena novela o un buen cuento. Podríamos seguir diciendo que a los mejores textos de periodismo narrativo no les sobra un adjetivo, no les falta una coma, no les falla la metáfora, pero que todos los buenos textos de periodismo narrativo son mucho más que un adjetivo, que una coma bien puesta, que una buena metáfora”.

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