Fin

“La vida es eterna en cinco minutos”(Víctor Jara)

De adolescente estuve un tiempo dándole vueltas a un problema que nos planteó un profesor en clase. Aquel profesor nos habló del sentido de la vida y recordó las teorías filosóficas sobre la felicidad como fin último del hombre, citó a Aristóteles, a Epicuro y a unos cuantos pensadores más. En fin, nos dijo que teníamos que resolver un dilema para el próximo día. Teníamos que decidir si nuestra finalidad en la vida era ser felices o ser libres.

Ya sé que es tarde para ayudar a una adolescente de catorce años acosada por un pederasta. Ella se llamaba Amanda Todd. Tampoco es posible echar una mano ahora a Tim Ribberink, un joven holandés de 20 años que fue suplantado y ridiculizado en público por un intruso que quiso hacerle mucho daño y que logró su objetivo. En ambos casos hubo dos víctimas y varios abusones. Amanda y Tim eligieron abandonar este valle de lágrimas quitándose la vida. Los dos dejaron un mensaje de despedida que era un lamento. En esos dos adioses concentraron toda la amarga soledad de que es capaz alguien que está desesperado y la tristeza infinita del suicida que ya ha tomado una decisión irrevocable.

Todos deberíamos crecer sabiendo algunas verdades universales como que un individuo vale lo mismo que los demás individuos, aunque los demás sean mayoría. O esa verdad del columnista americano Thomas E. Bodett sobre la escuela y la vida en la que afirma que mientras que la escuela te enseña una lección para examinarte más adelante, la vida te examina primero para enseñarte la lección después.

En el momento en que Amanda y Tim decidieron acabar con su vida buscaban una liberación que otros no necesitamos porque no sufrimos el abuso que ellos conocieron. Es el viejo dilema de mi profesor sobre la libertad o la felicidad. El pan de cada día para ellos era la infelicidad.

Algo no funciona cuando un ser humano se quita de en medio por culpa de otro ser humano. Las víctimas de acoso moral o “bullying” son perseguidas y maltratadas por quienes encuentran placer en el dolor ajeno. Los acosadores o matones no tienen un dilema moral complejo. Su dilema, si es que tienen uno, se limita a este: placer o displacer. Y es que hay una sensibilidad en este mundo que a los abusones se les escapa. En la ecuación de la convivencia la incógnita está mal despejada. Esa incógnita son las vidas de Tim y Amanda.

En la célebre serie de televisión “Juego de tronos” Tyrion Lannister rechaza una huida honrosa del clan que le humilla constantemente en defensa de la idea de que ese desprecio inmerecido de los suyos le reafirma en lo que es y le hace aferrarse a su disidencia.

Volviendo al dilema inicial de este artículo, hoy pienso que la libertad no es una elección sino un punto de partida. El sentido de la vida consistiría en entender la razón por la cual cada uno de nosotros es imprescindible.

Eugenio Fouz.-

(artículo publicado en OPINIÓN de @laverdad_es 14.11.12)