The talking dead

EXILIO INTERIOR

O my love, my wife! “(William Shakespeare)

Esta mañana me levanté como si fuera Felipe (el personaje de las viñetas de Quino) tempranito y soñando despierto. Miré el reloj digital de la mesilla junto a mi cama y leí 6:00 am. Encendí la lámpara un segundo para pasar la hoja del almanaque del día anterior, domingo (Sunday) y comprobé que hoy era el día 3 de febrero, lunes (Monday) y día de San Blas. Desperté con un beso (kiss)- bueno, para qué mentir, en realidad fueron dos o tres besos- a mi Julieta y bajé a la planta inferior de la fortaleza para preparar café calentito; no voy a hacer el chiste (joke) del relaxing café con leche. Así que puse la coffee pot al fuego y esperé silbando a mi dama. Desayunamos y en quince minutos ya estábamos listos para la aventura. Salimos a la calle armados. Hace un frío tremendo ahí fuera (It is too cold out there).

Como estábamos aislados no había gasolina en el jeep (there was no petrol, man) y tuvimos que emprender la aventura del lunes caminando. Cruzamos la valla metálica que nos separa de los forajidos (outlaws). En nuestras mochilas llevábamos lo imprescindible: espejos para posibles retoques de última hora, pañuelos de papel (hankies), monedas para el carrito de la compra, cuchillos, relojes y pulseras para trueques futuros con the talking dead, y por supuesto, nuestras armas cargadas a tope de batería: smartphones sencillos de gama baja.

Divisamos posibles enemigos en el horizonte lejano (enemies) aproximándose hacia nosotros a las doce menos cuarto (quarter to twelve)- vamos, en lenguaje de combate significa que se acercan dos adolescentes amenazantes en perfecto ángulo recto por nuestra izquierda. Son solo 2 y caminan atontados dirigidos por el encanto de sendas pantallas luminosas (smartphone syndrome). Afortunadamente estamos lejos de ellos, y siguiendo nuestra filosofía pacífica evitamos todo enfrentamiento con tribus urbanas. Seguimos con la misión.

A escasos metros, detrás de los árboles (trees) se encuentra una fuente seca. Mi teniente me advierte con un guiño que el ayuntamiento ha transformado ese espacio sin agua en una pista azulada de minibasket para los chavales (kids) adictos a los teléfonos, conocidos también como “telefonini” o “the talking dead”.

Otra semana más de supervivencia y como decía aquel presidente del Atlético ”no money, no dinner”, así que tuvimos que echarnos al suelo y con rápidos movimientos en zig-zag aproximarnos sin ser vistos a la entidad bancaria de la rama verde. Cojo mi cartera (wallet) e introduzco el PIN — “huckleberry finn”- en el cajero a la vez que toqueteo la pantalla sin resultado alguno. Mi ayudante se ríe recordándome que no todo en esta vida es táctil. A mí también me da la risa. Acto seguido, sin descuidar la seguridad, pulso los botones adecuados y retiramos algo de cash. De camino al supermercado (supermarket) vemos al presidente Obama en una pantalla gigante y a su lado un hombre bajito que gesticula en una lengua extranjera (foreign language).

Eugenio Fouz.-