Vestir ropa de muerto

Paulina Zamora
Mar 27 · 3 min read

Toda la vida he querido ser muchas cosas y al final no soy nada. Entre esas cosas siempre me interesó la moda, aquello que viste al cuerpo, ver las coberturas de las fashion weeks en algún cyber, en el centro de cómputo de una biblioteca o en horas laborales; las colecciones de los diseñadores: primavera-verano, otoño-invierno, cruceros, los pre-fall, las cápsulas. Seleccionar y curar lookbooks, hojear y recortar las editoriales de las revistas, copiar un modelo de prenda para que mi madre lo confeccionara. Inspirarme, oh, esa palabra tan trillada, y hacer estilismos.

Después entiendes que lo que vistes comunica, que vas cargando entre las telas, las texturas y los estampados todas las asociaciones culturales, algunas cuantas ideologías, un sentido estético y por último el estilo y la personalidad a cuestas, declaraciones no verbales entre siluetas, pliegues, botones y sisas.

Mucho antes, cuando era adolescente, en casa no había dinero para ropa nueva y mamá me sugería comprar de segunda mano, lo que me resultaba una grosería porque en mi mente puberta lo único que hacía era acentuar nuestra pobreza. Por fortuna ella era costurera y yo tenía el privilegio de que hiciera mi ropa.

Entre que mamá ha envejecido, y que ahora vivo en otra ciudad, ya no hace mi ropa desde hace una década. Luego en el 2010, ya como adulta independiente, me entró la euforia por la ropa vintage y la compraba a precios ridículos, es decir carísimos, en la ciudad de México. Después cuando trabajaba y ganaba unos pesos como redactora en publicidad, la profesión me alentaba a comprar ropa de marca, de tiendas departamentales, del fast fashion sueco y español para estar a la altura ¿de qué? no sé. No me juzguen, fue un breve tiempo.

Así llego al día de hoy, donde el noventa por ciento de mi clóset es de ropa de segunda mano, vintage o ropa de muerto como dijo N. cuando lo conocí. La sentencia “ropa de muerto” me resultó tan trágica esa vez, que fui a un centro comercial y le regalé un par de prendas nuevas. Fue hasta la primera mañana que él despertó en mi cama que me llevó a ese lugar de infinitas posibilidades: el tianguis.

Ahora no sólo visto ropa de segunda mano, también selecciono prendas, las curo y las vendo en un bazar en línea porque estoy convencida de algunas cosas: primero que tengo hambre y gastos que resolver, que tengo ojo y corazón para encontrar prendas lindas con historia, que es obscena la cantidad de recursos que se emplean en la fabricación de ropa nueva, que el capitalismo acelerado nos arrastra hacia un consumismo desmedido de cosas que no necesitamos, que el costo de pertenecer a los grupos de referencia, de perseguir aspiraciones pequeño burguesas y el sentirse validados es terriblemente insostenible, porque en la voracidad de este siglo y su inmediatez todavía podemos darnos un respiro precisamente con goces lentos como vestir prendas que dan testimonio de décadas menos frenéticas; prendas confeccionadas con el propósito de durar y no de desecharse tan rápido los aparadores anuncian una nueva temporada. Por último, comprar en centros comerciales y lidiar con sus tallas discriminatorias ya es una experiencia de hueva.

Sí, es muy romántica mi postura pero, por otro lado, la prefiero antes que pensar que al usar ropa de segunda mano se está salvando al mundo, lo cual no sólo me parece ingenuo sino pedante y ególatra; se sabe que los esfuerzos individuales no pueden competir contra un sistema económico y político que incita a las empresas a capitalizar los anhelos, los recursos humanos y naturales en pro del libre mercado. Pero bueno, aunque no lo estemos salvando estamos pronunciándonos (un poco de manera estéril) contra la devastación ambiental y la explotación humana que hay detrás de la industria textil.

Por eso digo que prefiero vestir ropa de muerto que de vivo esclavizado.

O vestir ropa de muerta por dentro, güey.

Paulina Zamora

Written by

Todavía no termino de mudarme a este siglo.

Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade