<Dos

Ojalá pudiéramos comunicarnos sin hablar

Joseph Cornell

Llegaste hace dos semanas a mi vida y pienso en ti, en que ojalá fueras alguien, fueras real y no sólo una mentira risible que se agota y al mismo tiempo se prende entre tanta hipocresía y tanta basura local.

Cada día que te invento le doy vida al fuego que ilumina mi opaca mente, superficial e insensible; cada día que te sueño envuelvo con papel brilloso mi vida de mierda apantanada en una cloaca.

A veces eres la mujer más inteligente y otras la más sensual; a veces no pienso en ti como persona sino como una palabra; a veces me basta leer en mi mente tu nombre para sonreír, pero otras veces… te aniquilo, de intento ahogar como polvo en fogata.

He de confesar que sí, te odio y te deseo a la vez, pero debes entenderme, al final, soy una persona normalmente cobarde como todas. En efecto, no es fácil complacer tu demanda de romper mi barrera del equilibrio, al contrario, es increíblemente difícil dejarme perder y al mismo tiempo increíblemente fácil creer que realmente existes.

Me da pavor abrirte la puerta, dejarte pasar como una invitada especial. De hecho, siempre busco darte la vuelta, te veo a lo lejos y me escondo, te siento acercarte y te envío falsas señales. Sí, sí trato de confundirte como si fueses un Kafka bajo el castillo, porque no hay mayor miedo en esta vida que tenerte cerca, aunque tampoco podría seguir vivo sin ti.