Curiosidad, Cooperación, Conciencia: Antártica cada vez más cerca

Nuestro cerebro ha evolucionado a lo largo de millones de años, adaptando diferentes funciones y capacidades; aquellas indispensables para la vida como la respiración o las más complejas como el lenguaje, la comunicación o la percepción del tiempo. Muchas de estas funciones, que se activan de modo involuntario y dependen de los estímulos que ocurren a nuestro alrededor, nos permiten adecuar la conducta a un entorno siempre variable y cambiante.

La curiosidad representa uno de los resultados mas interesantes de la acción coordinada de diferentes funciones cognitivas. Está a la base de todo proceso de aprendizaje y resulta fundamental como mecanismo evolutivo de diferentes especies. Hay quienes sostienen que activarla o inducirla es la clave para una buena enseñanza. Cada vez que nos enfrentamos a una situación que no está de acuerdo con nuestras experiencias previas, surgen preguntas y emociones que invaden nuestro cerebro. Dependiendo de las condiciones en las que esto se produce, emergen emociones que pueden potenciar o inhibir nuestra actitud de curiosidad: el asombro o el miedo. Al privilegiar el asombro, en un entorno afectuoso, amigable y comprensivo, fomentando mayores niveles de confianza, permitimos al cerebro explorar, investigar y crear impulsados por la curiosidad. Este debe ser el primer objetivo de toda actividad que busca la apropiación del conocimiento: fomentar la curiosidad a través del asombro.

Una vez que el asombro y la curiosidad han tomado el control de la situación, emerge natural y espontáneamente, la necesidad de comunicarnos con otros, de compartir la experiencia para contrastarla, analizarla e interpretarla. Despertar e inducir la cooperación, provocando actividades exploratorias grupales, conversaciones, eventos, espectáculos o todo aquello que requiera la coordinación de acciones con un propósito colectivo, debe ser considerado el segundo pilar en el diseño de actividades educativas o de formación ciudadana. Con ello, la curiosidad no queda reducida a una experiencia individual, carente de valor. Por el contrario, al compartirla y desarrollar una cooperación efectiva, aumentan las posibilidades de trasformar la experiencia cotidiana, en una trascendente y significativa. Los diferentes ejemplos que nos ofrecen las especies que viven en comunidad, muestran consistentemente el valor de la cooperación.

El asombro nos enciende la curiosidad, enfoca nuestros recursos cognitivos a sacar el mayor provecho de la experiencia. Al socializarla, compartirla y emprender tareas de cooperación, aumentan las posibilidades de activar áreas más complejas de nuestro cerebro: aquellas relacionadas con la conciencia. Habitualmente se dice que alguien “toma conciencia de algo” cuando sus elaboraciones y construcciones mentales le permiten asumir un concepto, un objeto o un rostro como algo/alguien conocido. Cuando ello ocurre, aparecen los significados, las representaciones y las conexiones de los aspectos racionales con las emociones. Esto es muy importante para la toma de decisiones. No podemos esperar el respeto por el medio ambiente si los ciudadanos no toman conciencia respecto a su valor, importancia o significado. Nada garantiza que quienes hayan tomado conciencia de esto, adopten una conducta responsable con el medio ambiente. Sin embargo, no hacerlo hace prácticamente imposible que alguien asuma una actitud positiva en esta problemática. Esto se podría extender a muchas otras situaciones, donde se espera una conducta ciudadana responsable. Tomar conciencia no garantiza un resultado, pero es un paso fundamental.

Acercar Antártica a los ciudadanos representa un desafío y una oportunidad. Un desafío, pues demanda entender como organizar la percepción de los ciudadanos para poner en valor el conocimiento antártico. Representa también una maravillosa oportunidad para aprovechar nuestra cercanía y consolidar un liderazgo sustentado en la responsabilidad de nuestra condición de país Antártico.

La curiosidad que despierta uno de los territorios más extremos y menos explorados del planeta, puede representar un hermoso pretexto para juntarnos a conversar, debatir, analizar e intercambiar visiones, para después coordinar y cooperar en el desarrollo de actividades que nos permitan entenderlo, apreciarlo y tomar conciencia sobre su importancia

La curiosidad, la cooperación y la conciencia representan un camino que el futuro Centro Antártico Internacional de Punta Arenas utilizará, en la búsqueda lograr que los ciudadanos, perciban Antártica cada vez más cerca.

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