Imaginario Antártico

El desafío de organizar, intencionadamente, la percepción ciudadana sobre cualquier asunto, conlleva un peso ético importante; hacerlo desde la región de Magallanes y sobre la temática Antártica, representa un desafío que debemos asumir con responsabilidad.

Antártica es un continente de extremos; el más frío, el más alto, el más ventoso. Su administración depende de los acuerdos que 29 naciones adopten en torno a temáticas como la generación de conocimiento científico sobre el territorio, la cooperación internacional o su protección medioambiental. Mirado en un contexto histórico, es un territorio rico en epopeyas y aventuras que han servido de inspiración para diferentes manifestaciones culturales, como la música, el cine o la literatura. Tiene, por todo ello, un relato rico en valores, que si bien no son exclusivos de este continente, es tal vez acá donde mejor se manifiestan. La solidaridad, la tolerancia y el amor por la naturaleza, son algunos de esos valores que convocan todos los años a que hombres y mujeres del mundo, los practiquen en acciones concretas, recorriendo y descubriendo esas gélidas tierras. Lo intercultural, el rescate de lo humano y la responsabilidad que implica hacer consciente el potencial impacto que nuestra presencia tiene en ese territorio prístino, dominan el emocionar de quienes emprenden estos desafíos.

Hablar de imaginario supone la construcción mental de puentes narrativos entre imágenes, sensaciones, símbolos, experiencias, etc. que le den relato y significado a la realidad. Antártica, en todas sus dimensiones (por ejemplo, natural, política, simbólica, mágica, estética o filosófica) representa para la mayor parte de los habitantes de este planeta un constructo, un abstracto, un dibujo, un lugar en el mapa o incluso una secuencia de fechas y nombres que intentan aferrarse a la memoria colectiva. Es sin duda un relato muy complejo de aprehender, sobretodo por la falta de una experiencia directa; la del olfato, la de la piel en contacto con un aire a -20C o la del ojo que en determinadas épocas del año nunca ve la oscuridad. Imaginar, concebir y representar simbólicamente Antártica, sin vivirla directamente, sin sufrirla o sin añorarla, representa un desafío intelectual y profesional importante.

Como Prometeo, la gran mayoría de la humanidad está condenada a observar sombras de una realidad antártica. Ello obliga, a quienes buscan aportar a la construcción de un imaginario antártico ciudadano, a ser más cuidadosos con el cómo y qué comunicamos sobre el Continente Blanco. No basta con buenas imágenes o con historias de heroísmo. Es simple crear realidades falsas sobre lo desconocido. En cambio, se requiere de un esfuerzo riguroso y serio, que permita acercar y traer Antártica a los ciudadanos, provocando experiencias significativas, llenas de contenido, especialmente lúdicas y provocadoras. Se trata, en últimos términos, de crear un espacio (físico o virtual) para un encuentro ciudadano, para conversar, debatir y disfrutar. Un ejercicio que permita integrar lo cognitivo (el conocer) y lo emocional (el sentir), la ciencia y el arte, valorando la diversidad y buscando finalmente transformar la imagen geográfica de un territorio desconocido, en un pilar de desarrollo cultural y económico. A esta misión estamos abocados en el Instituto Antártico Chileno y desde su concepción como sueño para Magallanes, el Centro Antártico Internacional deberá satisfacer estos requerimientos y cumplir fielmente la tarea por la que fue concebido.

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