Mi primera experiencia en un hotel

Lo aprendido (y aprehendido) en la facultad no siempre son suficientes a la hora de enfrentar una situación laboral. Muchas veces hace falta intuición y por sobre todo creatividad para sortear dificultades en momentos de crisis.

Evelyn Arias
Aug 22, 2017 · 3 min read

Mi experiencia en el hotel comenzó así: tenía que hacer una práctica no remunerada para una cátedra de la facultad y no encontraba ningún establecimiento turístico para hacerla. Luego de mucho preguntar llegué al hotel. El proceso fue sencillo, me presenté, les expliqué en qué consistía mi práctica, ellos me dijeron sus pretensiones y empecé.

Lo más difícil no era empezar, si no el después, cómo seguir. Según las experiencias que me contaban mis compañeros, todos habían hecho la práctica en puestos de atención al público y recepción, a ninguno le habían dado tanta libertad de sugerir y modificar el funcionamiento de la empresa. Estaba ante una oportunidad única.

En primer lugar, tenía que conocer la situación, a qué me enfrentaba. El viejo y conocido análisis FODA me sirvió para tal propósito. Hice una presentación en Prezi y decidí enfrentar a los Socios al final de mi práctica. Repartí carpetas impresas en color, cuidando minuciosamente cada detalle y sugerí un plan de acción. Les gustó y decidieron darme el mando del hotel. Si bien el sueldo no era gran cosa, ponderé el desafío, el aprendizaje y la oportunidad. Con 25 años era la encargada de un hotel pequeño. Me entusiasmaba, y más porque no tenía muchas experiencias en el sector.

Como ya había realizado el FODA en la etapa de la práctica, ahora debía poner en acción lo que yo misma había propuesto y por supuesto, analizar los resultados. ¿Y si me había equivocado? O peor, ¿y si estaba vendiendo humo? ¿estaba a la altura de las circunstancias?

Comercialmente hablando, el hotel prácticamente estaba abandonado. Con una inversión inicial creyeron y se confiaron en que iba a funcionar solo, que los turistas y clientes iban a llover y que el gran teatro ubicado enfrente y recién inaugurado iba a tener una programación exhaustiva gracias a la cual el hotel tendría 100% de ocupación todas las semanas. No fue así.

Al turismo hay que trabajarlo, hay que salir y buscar clientes, hacer convenios con toda asociación, institución y organismo que te imagines. Hablar con muuucha gente. Hay que estar en constante movimiento y más en tiempos de crisis no solo económica sino también en el sector, donde la coyuntura nacional no ayuda y la incertidumbre y especulación definen muchas de nuestras decisiones diarias. Ningún emprendimiento turístico funciona por si solo y menos de un día para el otro.

Hacer un informe económico mensual, crear un inventario, conocer el porcentaje de ocupación, establecer un registro de proveedores y el costo de los mismos, organizar y capacitar a los recursos humanos, hacer pequeñas mejoras en la infraestructura, “e-commercializarlo”, crear presencia en redes sociales, presentarme ante instituciones y organismos estatales, dar a conocer en el Ministerio de Turismo vernáculo la existencia del hotel, fueron algunas de las decisiones que tomé.

Fueron meses de mucho trabajo, de empezar de cero en un montón de cosas, de conocer a fondo el negocio y tratar de prever situaciones. Aprendí y todavía aprendo muchísimo, no solo del negocio, si no también de mis jefes que fueron muy generosos y de las personas que trabajan conmigo.

Diez meses después el hotel está estabilizado, no genera grandes margenes de utilidad pero los números ya no se escriben con rojo y en negativo.

Queda mucho trabajo por delante.

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