Hijo: primero voy YO.

Por qué decidí ser una mamá egocéntrica.

Admito sin reparos que acompañar a mi hijo adolescente (criarlo, como llaman al oficio) frecuentemente me resulta incómodo.

¡Y lo celebro!

Si no fuera por esa incomodidad que me obliga a poner la lupa sobre mí — y no sobre él—sería yo una de esas madres abnegadas que todo lo que hacen es escrutar a sus hijos al punto de asfixia.

Si no fuera por esa incomodidad, y por mi pasión por vivir la maternidad desde la expansión de consciencia— yo solo vería cómo se comporta él, lo que debería hacer él, lo que podría hacer mejor él, lo que tiene que cambiar él, lo que le conviene a él

La palabra abnegación es un derivado del latín «ne-g-are», y significa «la negación hecha verbo». Aunque podríamos elaborar, en pro del espacio podríamos concluir que una persona abnegada… se niega a sí misma.
¿Qué mejor manera de no tener que verse un padre a sí mismo, que ocupándose a toda hora de sus hijos?

Con mi hijo aprendí que cada vez que le decía…

  • No es bueno para ti comer tanto cereal”, me recordaba a mí misma el efecto negativo de los carbohidratos en mi cuerpo.
  • Pasas demasiado tiempo pegado a la computadora”, era mi recordatorio de cuánto tiempo paso YO frente a la computadora.
  • Necesitas hacer ejercicio”, era mi llamado a ejercitarme.
  • Escucha más a tu intuición”, era mi forma de preguntarme cuánto estaba yo escuchando la mía.

¡Qué persecución obsesiva podemos montarle los padres a los hijos, con la excusa de “por su bien”!

Y es que el cazador está tan enfocado en la presa, que no está consciente de sí mismo, ni siquiera de cómo luce su rostro cuando apunta el arma… a menos que alguien le tome una fotografía y pueda verse. Pues nuestros hijos, son esa fotografía.

Nuestros hijos son espejo, no necesariamente porque sean “iguales” a nosotros, sino porque nos muestran algo que desde nuestra perspectiva en ese momento, no estamos viendo.

NOTA: Con los hijos esta dinámica puede resultar arrolladora por lo cercana, lo íntima y lo vulnerable que nos deja, sin embargo el principio aplica en todas nuestras relaciones.

Advierto que lo que compartiré aquí requiere ver más allá de lo evidente, salir de la masturbación mental y pasar radicalmente a la experiencia directa.


No soy experta en psicología conductista, pero cuando leo que un destacado psicólogo (J.R. Cantor) definió el conductismo como: «una renuncia a las doctrinas del alma, la mente y la conciencia», entiendo que eso no es lo mío (aunque admito que en ocasiones extremas utilizo sus principios básicos… con mis gatos).

Lo mío es, precisamente, el alma, la mente y la consciencia. La vibración, las frecuencias, la energía y la intuición. Lo mío es la mente con sus misterios y creencias. Lo mío es alinear lo físico a lo no-físico. Manifestar en la fisicalidad las verdades espirituales.

Y esos principios los aplico muy especialmente en mi rol de madre.

Verás, con su entrada a la adolescencia mi hijo ha develado para mí nuevas oportunidades de expansión. Nuevos retos. Me ha invitado (obligado, podría decir) a mirarme más de cerca porque su agudeza también ha evolucionado, y no puedo (ni quiero) manipular los eventos cómodamente a mi conveniencia, como lo hacía antes cuando él era un niño (y yo era inconsciente de mucho que he hecho consciente—y sigo haciendo—en mi viaje de despertar).

Nuestros hijos son espejo, no porque sean “iguales” a nosotros, sino porque nos muestran algo que desde nuestra perspectiva en ese momento, no estamos viendo. Y al hacerlo, nos ofrecen la oportunidad de despertar de las ilusiones humanas de poder y control, sobre otros, el futuro y las circunstancias.

El término egocéntrico también proviene del latín, y es la unión de «ego» que significa yo, y «centrum», que significa el medio de todo o el centro.

Me gusta aplicarlo a nuestra dimensión como padres, para hacer evidente que primero, antes de reaccionar, interpretar y concluir sobre nuestros hijos, necesitamos:

  • HacerNOS el centro de la observación y poner la lupa sobre nosotros.
  • Detectar y conectar a la energía desde la que operamos ante nuestros hijos
  • Explorar lo que ellos disparan en nosotros, y procesar lo que se haga relevante.
  • Catalizar nuestra propia evolución en la práctica.
Los hijos no necesitan ser “formados” ni “arreglados”. Ellos ya vienen “hechos” y son perfectos como son.

Lo que hay ciertamente es mucho por ver y atender en nosotros, para poder acompañarles de la forma más consciente, respetuosa, amorosa y empoderadora posible.

Es innegable el irrespeto con el que en general tratamos a nuestros hijos, convirtiéndolos en una propiedad más; asumiendo que sabemos más de ellos que ellos mismos, e ignorando que aún cuando son niños son Seres Espirituales tan sabios, poderosos e infinitos como nosotros.


En mi cuenta de Twitter @serpadresconscientes (que ya no alimento porque me harté del drama materno que pulula allí, pero que aún ofrece mucho contenido vigente) y en la etiqueta en Instagram #serpadresconscientes que comparto desde mi cuenta @elpoderdeser siempre digo que…

“Somos padres desde los individuos que somos”

De allí que si una mamá o papá, fuera de su rol como padre es un individuo controlador (o temeroso, estresado, etc), pues ejercerá su rol desde esa característica.

No hay cambio ni expansión sin una una descarnada mirada interna.

Tanto si tu relación con tus hijos es excelente, como si es un desastre, ten por seguro que ambos se han escogido mutuamente—a niveles elevados de Consciencia—por razones que escapan a la comprensión humana.

Honra ese acuerdo entre almas, adueñándote de tu parte. Si no sabes cuál es, haz el trabajo espiritual de descubrirlo. Si no sabes cómo, ocúpate de averiguarlo.

Observa tu comportamiento antes de observar el de ellos. Alíneate tú, antes de pedirles a ellos que sean coherentes. Detente antes de exigir, criticar, juzgar, demandar o adoctrinar… y pon la lupa sobre tus pensamientos, emociones y acciones.

Explora tus sentimientos, creencias y emociones, antes de actuar como si supieras qué sienten, desean y necesitan ellos realmente.

Sé humilde y escúchales en lugar de sermonearles, creyendo que siempre tú eres quien tiene las respuestas y la sabiduría.

… y verás la magia de la alineación vibracional operar ante tus ojos.


No es un tema de si vivir esta manera de ser padres es fácil o difícil.

Es un tema de ser honestos con nosotros mismos, y actuar coherentemente, un ahora a la vez, lo más auténticamente que podamos, desde el amor y conectados al entusiasmo.

Eso será suficiente ;-)


P.D. Hoy es D6/30 del Reto de 30 días de escribir y publicar contenido distinto en inglés y español.

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