Cómo empecé a emprender y trabajar en remoto en 4 etapas

Tiene poco tiempo en que empecé a trabajar de forma remota. En los últimos años he tenido muchas ganas de hacerlo full time, pero confieso que antes no sabía exactamente cómo. Incluso habiendo trabajado home office por un tiempo durante la universidad, hoy entiendo la diferencia. Trabajo remoto no es home office.

Hasta el medio de ese año trabajaba de forma tradicional, con libreta de trabajo firmada, contando el tiempo en reloj de fichaje y cumpliendo una jornada de poco más de 40 horas semanales, conforme a la ley laboral brasileña. Pero desde el mes de julio, todo esto cambió. A finales del mes de junio yo pedí mi dimisión e inicié un nuevo proyecto que, antes que nada, considero ser un proyecto de vida y, por consiguiente, un proyecto profesional.

Ahora, poco más de 2 meses después, me sentí cómodo para compartir mi experiencia y para contar cómo todo esto sucedió. Por lo tanto separé ese proceso de cambio en 4 etapas.

Dejo aquí alerta de texto largo para después no decir que no avisé. Si aún así quedó para leer, entonces vamos adelante!

1. La dimisión

Hay gente que sólo de oír la palabra desipido ya tiembla de la cabeza a los pies. Después de todo, Brasil realmente no está en su mejor momento. Y claro, los medios no nos dejan pensar diferente: es crisis económica, política, social. Sin hablar de los telediarios, que sólo traen la mejor selección de peores noticias del mundo para nutrirse a las mañanas, tardes y noches — pocas excepciones.

Yo, hasta hoy, tuve la felicidad de ser despedido una sola vez — sí, eso es lo que has leído: felicidad. Fue una empresa que me encantó trabajar pero que desafortunadamente, debido a la crisis en 2015, se vio obligada a dispensar algunos colaboradores a fin de recortar gastos. Esto fue sólo el propulsor de un tremendo avance en mi vida en los meses siguientes, así que no tengo como describir de otra manera. (Quien sabe, en breve, escribo más al respecto).

Pero volviendo al punto, fue en junio de 2018 que pedí mi dimisión para dar inicio a un nuevo proyecto. Ya venía pensando hace algún tiempo pues, aunque quisiera insistir y a mí me gustaba mucho lo que estaba haciendo, todavía sentía que estaba me retrasando.

¿Sabe esas películas románticas de personas que llevaron toda una vida para conseguir quedarse con aquella pasión de la juventud? Pues, decidí que no sería una de esas personas en lo que respecta a la vida profesional.

El 22 de junio de 2018 desempeñé mi función por última vez en el lugar en que tuve el honor de trabajar por 1 año y 2 meses. Fue un tiempo de mucho aprendizaje y crecimiento junto a personas que aún hoy tengo mucha estima. Confieso que no fue tan simple como hice parecer ser. Había motivos relacionados con mis sueños, pero había algunas insatisfacciones. No voy a mentir en cuanto a eso. Creo que las relaciones de trabajo son buenas cuando ambas partes se sienten totalmente satisfechas con los términos, entregas, ganancias y oportunidades.

No significa necesariamente que cuando hay una dimisión, el lugar es malo o que quien sale es un mal colaborador. Tiene más que ver con el momento en que cada una de las partes se encuentra. Por eso, es muy importante ser maduro a la hora de la dimisión. Es ahí donde se define si las partes se darán la oportunidad a una nueva relación en el futuro.

Por fin, “terminé mi ciclo” — como se dice ahí cuando se cierran las relaciones de trabajo — y entonces, mucha cosa ha cambiado.

2. El resto

¡Ah, el resto! ¿Cómo es bueno cuando tenemos un tiempo agradable para poner las ideas en orden, no es así? Para no pensar en el trabajo por unos días y leer un buen libro, o tomar ese vino frente a una chimenea caliente en una noche de invierno. Bueno, no tengo chimenea, pero el vino no faltó.

Tan pronto como me convertí — en tesis — un individuo económicamente inactivo en la nación, yo ya tenía un contrato de trabajo persona jurídica para firmar, pero no me sentía 100% confiado de hacerlo sin antes tener algunos días para “relajar las piernas”. Me di cuenta de que el ritmo acelerado que adquirí al trabajar en una de las mayores startups brasileñas en el segmento del comercio digital, no me permitía más ralentizar simplemente y a veces me faltaba un poco de aire cuando pensaba en la palabra resultados. Me daba ganas de abrir la notebook y ver las conversiones.

Yo negocié entonces una semana de descanso antes de dar inicio a mi primer contrato persona jurídica, y digo con toda seguridad del mundo: fue importante, fue necesario, fue la segunda etapa.

Hoy, con toda certeza, recomiendo a quien está en transición de carrera que tenga un tiempo para sí mismo y descanse la cabecera por unos días. Dudo mucho que cualquier empresa seria y que tiene personas como su primer pilar, no permitiría algo tan necesario para empezar el nuevo ciclo.

Sugerencia: tome un vino, vea Netflix y vaya al parque de correr. No necesita viajar y gastar dinero. Curitiba, por ejemplo, es una ciudad llena de lugares increíbles para pasear y tiene una agenda cultural bien rica.

3. La formalización

Descansado por fin y preparado para nuevos aires, empecé el proceso de formalización del nuevo negocio, que en las semanas que siguieron me pareció mucho con una novela.

Sinceramente, es una novela cuando usted no conoce todo el proceso y tiene que volverse solo, aún más cuando usted decide que no va a contratar un profesional contable. Yo podría haber hablado con algunos de mis amigos profesionales contables, pero decidí seguir un camino “más difícil”: investigar, volverse y aprender con quien hizo el proceso por cuenta.

Yo trabajé en el Sebrae por 1 año, en el antiguo Servicio de Atención Fácil. Eso fue en 2012 y en ese momento el proceso me parecía ser algo diferente. Ahora, en lugar del emprendedor, me vi corriendo detrás de todo yendo a los órganos competentes. Se trata de una semana bien involucrada, pero aprendí exactamente cómo hacer todo el proceso en la ciudad de Curitiba. Vea cómo convertirse en un MEI en Brasil con el Sebrae.

Una recomendación que doy a todo profesional brasileño que desea tener el propio negocio y ser freelance es: formalizar. No cuesta caro, usted podrá emitir NF-e, declarar todo con tranquilidad y todavía tiene la oportunidad de crecer, pues va a ser aún más profesional para con las otras empresas si usted tiene un CNPJ y emitir facturas.

4. La rutina

Una vez formalizado, es sólo partir para el abrazo y hacer lo que más queremos: emprender! Parece fácil, ¿no? Bueno sólo parece, pues en realidad es necesario tener una rutina.

Es curioso hablar de rutina pues es natural para algunos asociar a actividades frecuentes y la zona de comodidad, pero no es así. La rutina, en su etimología, puede ser comprendida como una acción costumbre, una ruta ya trazada, un camino que, otrora, puede haber sido abierto con la fuerza. Es decir, antes de convertirse en un camino por el que se camina con facilidad, fue necesario desbravarlo.

Hoy la forma en que trabajo todavía es desafiante, y creo que será para todos los que deciden hacer lo mismo. Mi trabajo es hacer el todo necesario por mi negocio. No hay jefe, sólo los mentores que elijo como inspiración y los clientes con los que aprendo algo nuevo cada día.

Me gusta mucho una frase del escritor C.S. Lewis, que dice:

“Yo pensaba que seguíamos caminos ya hechos, pero parece que no los hay, nuestro ir hace el camino”.

Creo que una de las cosas que más me llama la atención hoy, que empleando y trabajo de forma remota, es ser capaz de construir el camino durante el caminar. Desbravar y saber que cada día será nuevo.

Quien sabe usted me diga que puedo tener todo esto en una empresa. Puedo emprender, desbravar innovar y construir un nuevo camino todos los días. Sí, puedo. Lo he hecho varias veces. Pero recuerda lo que dije en la primera etapa en cuanto al momento de cada uno? Entonces, ese es mi momento.

“El proyecto más creativo que podemos emprender es de nuestra propia vida”. Gutemberg de Macedo.

En el comienzo mencioné que ese es proyecto de vida, pero también profesional. Mi propósito es mucho mayor que simplemente una proyección de carrera, o un cargo ejecutivo en el mundo corporativo. Esto no significa que no acepte algún día volver a una empresa. Siempre que mi propósito y el de la empresa en cuestión estén alineados, siempre habrá una oportunidad. Pero por hora no encontré ese lugar, si no en el que ahora construyo con mucho celo y que no necesita necesariamente una oficina para suceder.

Por último,

Todos tenemos una historia y para que sea escrita necesitamos más que soñar y planificar: actuar. Nuestras decisiones y acciones nos forman. Quien sabe hoy su momento no es lo mismo que el mío, pero espero verdaderamente que esta parte de mi historia te inspire a ser un History Maker de tu vida y de tu profesión.

En el año 2011, cuando fui mensajero en un hotel en Curitiba. Mi función era básicamente cargar maletas, aparcar coches y mantener la recepción en orden.

En esa época yo ya hacía la facultad y todo lo que sabía era que tendría grandes desafíos por delante. Mi momento era: ganar experiencia y juntar dinero para buscar una etapa con tranquilidad.

Hoy, siempre que puedo miro esas fotos antiguas y leo algunas cosas que escribía para recordarme donde vine.

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[Muchas gracias por leer mi artículo. Si encuentra algún error de español, pido que me perdone todavía soy un aprendiz en esa hermosa lengua].

[Articulo originalmente publicado en Linkedin, en portugués].