Los problemas del lector elitista

Lo confieso. Soy un lector elitista.

Me he dado cuenta durante este año. Cuando me reúno con otros escritores o con gente normal y corriente y comparto mis lecturas, me miran raro. Las conversaciones suelen ir así:

— Me acabo de leer el segundo de Rothfuss.

— Ah, pues yo estoy releyendo Pastoral Americana de Philip Roth que…

— ¿De quién?

Y así, con casi todo lo que leo.

La gente me señala, me apuntan con el dedo

Nunca había pensado que podría haber lectores elitistas. Entonces, un día, durante una conversación con una escritora, salió a relucir un escritor que me encanta, Boris Vian. La respuesta de esta escritora fue automática:

— ¡Buag! ¿Boris Vian? El tipo más pedante y pretencioso del mundo…

Y yo pensé: “Vaya, pues a mí me gusta”. No creo que Boris Vian sea pretencioso, pretencioso es Franzen — si me estás leyendo, sabes que esta frase va por ti — … ¿Pero Vian? Un tipo que escribió algo tan divertido como Escupiré sobre vuestras tumbas… No me cuadraba, pero el comentario me encendió la bombilla.

Entonces empecé a tirar del hilo. Casi todos los que me siguen en Twitter y a los que sigo, leen literatura de género: fantástica, ciencia ficción, terror, thriller, novela negra… Y mis lectura, por suerte o por desgracia, están mucho más cerca de los especiales de JotDown.

El año pasado releí a Baroja, me enamoré de Camilo José Cela — leerme La Familia de Pascual Duarte en una tarde, de una sentada, fue una experiencia religiosa — . Descubrí que encanta Jim O’Brien y que Leaving Las Vegas es el libro que me gustaría escribir. Me divertí con El Gran Gatsby y me maravillé con El Extranjero de Camus.

Lo clásico es elegante

Tampoco es que me pase el día leyendo El Expolio de Poynton — que lo he leído, por cierto — . Pero sí que es cierto que tengo cierta inclinación por los clásicos.

Hace un par de días estuve en una estantería frente a El Visitante de Stephen King — y si me conoces sabes que adoro a King — y lo dejé dónde estaba porque había un ejemplar de La Perla de Steinbeck.

La literatura clásica, sobre todo la americana, tiene algo que conecta conmigo a un nivel muy profundo. En poco tiempo he leído El Ruido y la Furia de Faulkner, El Gran Gatsby de Fitzgerald, El Guardián entre el centeno de Salinger — que he leído ya unas cuatro veces — , El Almuerzo desnudo de Burroughs, Los Subterráneos de Kerouac, Trópico de Capricornio de Miller y terminaré el año con Las Uvas de la Ira de Steinbeck.

Me gustan este tipo de lecturas. Me encanta el estilo de Steinbeck. Me divierto descodificando las prosas de Kerouac y Miller. Creo que es indispensable para cualquier escritor o lector, pasar por esos libros. De ellos podemos aprender mucho, por ejemplo, a depurar nuestro estilo; podemos aprender a limpiar nuestra prosa, a peinarla y vestirla con un traje negro y una camisa blanca.

Somos gente extraña

Hace poco, en una cena con otros escritores, me senté junto a una escritora que leía los mismo libros que yo. Que no tenía miedo a esos nombres insondables de la literatura clásica o de canon. De hecho, me encontré con dos escritoras que leían este tipo de literatura.

Os podéis imaginar lo bien que me lo pasé en esa cena.

Lo que más me sorprendió es que ambas se sentían como yo: extrañas. Una de ellas me dijo, literalmente: “es que no encuentro a nadie con quién poder hablar de estos libros. La gente no lee a los clásicos”.

¿Por qué lo clásico es malo?

Para mí, el problema se podría reducir al absurdo: “la gente no tiene nivel lector”. Y no estaría mintiendo. Sin embargo, me parece una explicación injusta y facilona. Porque la gente sí tiene nivel lector.

Lo que pasa es que hemos perdido mucha capacidad de concentración, nos hemos vuelto vagos leyendo y queremos historias ligeras, sin muchos giros y fáciles de digerir. No nos gustan los platos complicados, queremos un filete con patatas o, mejor aún, un kebab que podamos comernos de camino a casa después de la borrachera festivalera de turno.

En parte, creo que hay un problema de base. Las lecturas “oficiales”, las que te hacían tragar en el colegio, te curtían y no para bien. Un niño de 12 años no tendría que leer La Casa de Bernarda Alba, porque la va a odiar y es una lástima. Esa es la edad para libros divertidos como El Hobbit o cualquier saga de ciencia ficción o fantasía española — que las hay y muy buenas — .

Sin embargo, creamos un rechazo a la literatura clásica en los años de formación. Ese rechazo crece a medida que lo hacemos nosotros. Nos acomodamos, nos alejamos de la literatura, se nos hace incómoda, casi como una cama de faquir. Sin embargo, la mayoría de las lectura de género son ligeras, agradables y cómodas, no nos hacen pensar y cuando lo hacen, tampoco nos exigen un gran esfuerzo.

No os engañéis, no juzgo. No digo que algo sea mejor o peor. Simplemente, por su contexto comercial son así. El género, en ningún caso afecta a la calidad o profundidad de una obra. En ejemplo claro es Añoranzas y Pesares, que es tan extenso y profundo como Guerra y Paz, siendo como es una obra de fantasía.

La lectura se disfruta, leer te evade. Lee lo que te guste

La lectura nunca debería ser una imposición. Si leer te hace miserable, no deberías hacerlo. La lectura y la escritura son formas de evasión. Escribir — y supongo que leer lo que escribían — mantuvo cuerdos a Cervantes y a Dostoievski durante su paso por la cárcel.

Si te gusta leer fantasía juvenil, hazlo. Si prefieres la ciencia ficción o la especulativa, hazlo. Si te gusta la romántica lee romántica.

Lo que no me gusta es la gente que denigra las obras clásicas. No me gusta sentirme elitista por leer autores clásicos. No me gusta nada la sensación de estar haciendo algo malo, de estar leyendo a los clásicos cuando debería leer a los autopublicados y los independientes…

No me gusta. Yo no obligo a nadie a leer a Thoreau, ni creo que un lector sea menos lector por no haber leído El Jugador de Dostoievski, ¿por qué me tengo que sentir mal yo por haber leído lo que he leído? ¿Y si resulta que no soy yo el elitista?

Una de las cosas que más disfruté en antropología fueron las lecturas de filosofía. Tuve que leer Cosmopolitismo de Kwame Anthony Appiah y descubrí que hay mucho más mundo ahí fuera del que pensamos y que las expresiones culturales pueden ser mal entendidas o incomprendidas.

Me gusta mucho la filosofía, así que seguí profundizando en ese tipo de lecturas después de abandonar la carrera. Leí Las Confesiones de San Agustín y las Meditaciones de Marco Aurelio, leí Si Esto Es Un Hombre de Primo Levi y creo que ha sido el libro que más profundamente me ha llegado de cuantos he leído.

Soy lo que soy. Soy lo que leo.

Todos los libros que he leído me han hecho ser como soy. Me gusta el punk porque con 12 años leí que a Cobain le gustaba Burroughs. Busqué un libro de Burroughs en la biblioteca y, aunque en aquella época no lo entendí, su lectura me llevó a descubrir grupos como The Clash o Los Ramones.

Descubrí a Poe, Lovecraft y King y sentí que lo mío era el terror. También soy lo que soy, porque a los 14 años alguien me dejó un libro de Tolkien, que me llevó a Salvatore, a la Dragonlance, a Las Crónicas de Belgarath y a mi saga de fantasía favorita, Añoranzas y Pesares, de Tad Williams.

Más tarde conocí a un aventurero que se llamaba Zalacaín y con él, se despertó un profundo amor por Pío Baroja. De Zalacaín pasé a compartir las inquietudes de Shanti Andía y más tarde viví en el Madrid pobre y obrero de La Busca, Mala Hierba y Aurora Roja. Estos libros me enseñaron lo que es el sufrimiento obrero, me mostraron la importancia del apoyo social y de la lucha social— y no las gilipolleces de los políticos de hoy en día, que son unos burgueses con piel de obrero — .

Con el tiempo llegaron los rusos con su prosa intensa y sus aires de literatura heroica y me cautivaron. Me enamoré del existencialismo francés con Sartre y he leído hasta la náusea a Camus.

Nunca en mi vida he despreciado ningún libro — excepto los de Dan Brown, Crepúsculo y 50 sombras de Grey, porque aún me queda criterio — . Pensé, en su momento, que Harry Potter no era para mí y descubrí con inmensa alegría lo equivocado que estaba, a día de hoy tengo tantas cosas de Slytherin que estoy convencido de que algún día me harán miembro honorífico de la casa más cool de Hogwards.

El lector y la furia

Como dicen por ahí: “Lee bien y no mires con quién”.

No me gusta que la gente que desprecia los clásicos. Los clásicos no son elitistas, los clásicos son la base sobre la que se cimenta toda la literatura moderna. Cuando has leído a Goethe, te encuentras con muchos Faustos y muchos jóvenes Werther en las novelas modernas. Y lo mismo pasa cuando has leído Rebecca de De Maurier o Los Crímenes de la Calle Morgue.

La literatura clásica es una fuente de la que beben los escritores. Para ser escritor tienes que leer. Y no solo tienes que leer a tus amigos y a los referentes de tu género, deberías leer de todo. ¿Crees que no aprenderás nada de Hamlet? ¡Oh, amigo, qué equivocado estás! ¿Crees que un escritor de terror no puede aprender nada de Cumbres Borrascosas de Emily Brönte? ¡Si yo te contará!

¡Por Dios! Incluso he leído Hambre, Pan, un libro que escribió un nazi — sí, Knut Hamsun era nazi, búscalo en Google — y que le valió un Nobel. Lo leí, porque es el inventor de la corriente de conciencia y el monólogo interior, algo que me interesa mucho como escritor y tuve el suficiente criterio, para saber separar eso de sus filias políticas.

Otro año de lecturas

Lee. Porque es lo mejor que puedes hacer por ti.

Este año he vuelto a leer autopublicados e indis, después de mucho tiempo. Y me he encontrado con grandes autores y grandes lecturas.

Dejé de leer autopublicados tras varios años trabajando como reseñista, aburrido de libros mal corregidos — o sin corregir — y de historias planas y aburridas o directamente, sin pies ni cabeza. He vuelto a leer autores independientes y me he encontrado con una MUY grata sorpresa de nuevo.

Y me encanta decirlo. Me encanta llenarme la boca con un: ¡qué equivocado estaba!

Lee de todo, lee mucho, lee cuando vas al baño, cuando esperas al metro… Lee o no lo hagas, tú mismo… ¿Quién soy soy para decirte lo que tienes que hacer?

Yo, por mi parte seguiré leyendo. Y seguiré siendo un lector elitista. Este año lo voy a cerrar con Las Uvas de la Ira. Espero que este sea el año en el que recupere a Conrad, tengo muchas ganas de leer Los Duelistas, quiero recuperar también Las Cuatro Plumas de Alfred Mason que lo dejé hace un tiempo. Pero también quiero encontrar nuevos escritores, quiero leer a mis amigos los y las que escriben y quiero enamorarme de nuevos géneros como el bizarro o el neo-cyberpunk.

2019 también será el año que me enfrente a dos dragones enormes y rampantes: Ulysses y Finnegan’s Wake de James Joyce, ¿lograré vencerlos?

Este año lo único que quiero es leer mucho, ¿me acompañas?