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Donde está un buen manual de la vida cuando lo necesitas

Dicen que se aprende más de los errores que de los aciertos y que el mejor maestro que existe es la experiencia. Si esto fuera cierto, si con cada error que uno comete se es más sabio estoy convencido que en estos momentos debería tener tres premios Nobel y una medalla Fields.

Los errores tienen estas cosas, no solo pasas por humillación pública por pensar que cuando te invitan a una fiesta y piden ropa de sport e informal no significa que vayas con bañador, sino que además te educan y te forman. Nunca vayas de nadador en una fiesta al aire libre en pleno invierno, sobretodo si es en un pueblo del Pirineo.

Claro que esto son errores habituales, a quién no le ha pasado confundir las código de vestuario. Lo grave es cuando tenemos que intentar entender sistemas complejos como las personas o las relaciones, aquí es cuando deja de tener gracia esto de aprender con los errores porque más allá de las infinitas variantes de ser un pulpo en un garaje, uno se cansa de escuchar frase de Te quiero como amigo, Me gustas pero no de esa forma, o la más espectacular, menos políticamente correcta, pero mucho más honesta, Quita bicho.

Reconozcamos que no apetece que te miren raro, que los párpados se abran tanto que tengas dudas de que los ojos se van a saltar de las órbitas y que te pongan la mano en el antebrazo anticipando las dos guantás bien das que te van a dar al orgullo.

Tu te miras y piensas que eres del montón, eres normalito, un buen ejemplo de la campana de Gauss, pero por alguna razón no acabas de pillarle el truco y por eso necesitas que alguien te diga que está pasando más allá de aprender a base de equivocarse.

En esos momentos en los que crees que ya no hay más variantes posibles, cuando crees que has metido la pata de todas las formas posibles, en las que aunque sea por estadística tendrías que acertar pero las matemáticas también te ignoran, es cuando necesitas un buen manual.

Un libro, de los de antes, con muchas páginas, letra pequeña y que empiece con la clásica introducción que dice: Bienvenido al maravilloso mundo de la vida. Un libro con su índice, sus temas, sus cosas, vamos, para saber que terreno estás pisando y por supuesto, para culpar al autor cuando sigues sus consejos y aún así, sigues equivocándote.

Hemos de recuperar el poder didáctico de estos indómitos instrumentos, compuestos de capítulos, ejercicios, bibliografía y con funcionalidades que superan a las mas modernas plataformas de streaming. No necesitan conexión a internet, puedes avanzar y retroceder sin problemas, puedes tomar notas, puedes usarlos sin electricidad, y que narices, no necesitas instalarlo.

Si todas estas características son importantes, la más destacada es que puedes usarlo sin tener que leer un manual, preguntar a algún friky o sin parecer idiota delante de la juventud.

Si, amigos, el libro es fantástico y te dará pistas y ayudas que te ahorrarán hacer el ridículo una vez más, y si esto no funciona -y creedme, cuando uno tiene un don para equivocarse no hay libro que lo impida- el libro te puede mostrar mundos que jamás soñaras, sensaciones que jamás tendrás y experiencias que jamás vivirás. No está nada mal para ser un trasto analógico con más años que Google.

Película[1]


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